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‘Tlatlaya ha sido muy costoso’

Exige que juicio contra soldados inicie y que se diga Si son culpables o inocentes
28/06/2015
22:20
Carlos Benavides
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En el amplio despacho de uno de los hombres más poderosos del país hay tres generales, José María Morelos y Vicente Guerrero, cuyos retratos al óleo cuelgan de una de las paredes, y el actual secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, quien vestido con un impecable uniforme azul, que en su hombros tiene bordadas en dorado cuatro estrellas y el Escudo Nacional, deja correr con fluidez sus opiniones acerca de los riesgos que enfrenta actualmente la seguridad nacional y responde con claridad  y sin regateo  cada una de la preguntas de EL UNIVERSAL. No hay temas vetados.

Ante los asuntos incómodos, como Tlatlaya, las violaciones a los derechos humanos, la desaparición del fuero militar o el “alto costo” que las Fuerzas Armadas han tenido que pagar con parte de su prestigio por hacer las labores  de seguridad que los cuerpos policiales han sido incapaces de cumplir, el general Cienfuegos responde de manera directa y sin buscar esconderse detrás de eufemismos, dice lo que piensa, y por los cambios en el tono de su voz y en sus expresiones corporales a leguas se pueden identificar los temas que le molestan o que le indignan.

Salvador Cienfuegos Zepeda nació en la ciudad de México y acaba de cumplir 67 años de edad el pasado día 14, 51 de los cuales ha pertenecido al Ejército Mexicano. Ingresó al Colegio Militar a los 16. 

En su despacho, dentro de una vitrina descansa una condecoración que el año pasado le entregó el presidente Enrique Peña Nieto por 50 años se servicio, y tras haber pasado por todos los grados hoy tiene el reto de dirigir unas Fuerzas Armadas que todos los días tienen que poner en las calles entre 35 mil y 45 mil soldados que deben pelear una guerra para la que no fueron entrenados, una lucha contra la delincuencia en la que permanecerán al menos durante todo este sexenio pues dice que él no ve “esfuerzos decididos en la gran mayoría de los estados” del país para fortalecer a sus policías. “A nosotros nos urge que esto se dé para que sean ellos los que asuman la tarea que legalmente les corresponda”.

El secretario identifica al menos media docena de riesgos de seguridad nacional que  hoy enfrenta el país: los desastres naturales, la delincuencia organizada, los ciberataques, el terrorismo, el tráfico de personas y uno muy especial: la corrupción.

“Sí, es un riesgo a la seguridad nacional la corrupción y se puede convertir en una amenaza si no  se pone la atención debida para que esta sea contenida, y sí, queremos la sociedad tener un gobierno legal,  legítimo y que combata a la corrupción,  pero esto debe ser atendido en parte por la sociedad y en parte por los gobiernos”.

Asegura que el caso de Tlatlaya, en el que ocho soldados son acusados de haber asesinado a 22 civiles, presuntamente criminales,  durante un enfrentamiento ha sido “muy costoso” para el  Ejército.

 El general Cienfuegos pide no realizar juicios anticipados y muestra su inconformidad por el hecho de que algunos medios han dado ya su veredicto y han declarado culpables a los militares sin que siquiera haya iniciado el juicio en el Poder Judicial.

“Yo creo que tenemos que esperar todos el veredicto del juez, nada más. Y si los soldados se equivocaron pues serán castigados. Pero si no se equivocaron habrá que reconocer su inocencia. Esa es mi forma de pensar.

“Y  sí me gustaría saber si algún juez, en caso de que sean inocentes, así lo declara en su momento”, dice.

Acerca del tema de los derechos humanos, el general hace una reflexión sobre lo que considera una incongruencia inexplicable. 

“Somos, según el decir de muchos, una de las instituciones que más violan los derechos humanos, pero en todas las encuestas somos la institución más confiable. Una incongruencia en la que alguien debería decirnos dónde está el problema. No podemos ser violadores de derechos humanos y al mismo tiempo los más confiables”.

Los riesgos a la seguridad Nacional

General, ¿cuál diría que es en este momento la principal amenaza a la seguridad nacional que enfrenta  nuestro país?

— Yo creo que los países ahora enfrentan amenazas que antes no se veían y que fueran tan recurrentes como las que vemos en estos tiempos. No hablaría yo de una amenaza a la seguridad nacional de México, sino de riesgos a la seguridad nacional; no vemos, no prevemos una amenaza. Sí tenemos  conflictos que tenemos que estar supervisando, siguiendo y analizando cómo evolucionan, pero los riesgos que vemos hoy son los desastres naturales, la delincuencia organizada, lo que hoy se conoce como ciberseguridad o ciberataques, terrorismo, el tráfico de personas, de flujos migratorios; me parece que ahí es donde podríamos estar ubicando los riesgos. 

En días pasados usted llamó a romper con la desunión, la intolerancia, la impunidad y la corrupción, ¿cree que la corrupción sea una amenaza, un riesgo a la seguridad nacional?

— Sí, desde luego es un riesgo. Sobre todo al desarrollo económico. Si no se atiende este problema de la corrupción, y a la impunidad que siempre va de la mano, el desarrollo económico se ve afectado. Creo que sí tenemos algunos problemas de corrupción que están siendo atendidos. Hoy tenemos nuevas leyes, legislaciones sobre el tema, y  me parece que toda la sociedad y nuestras autoridades están empeñadas en cambiar esta percepción de la corrupción. Sí es un riesgo a la seguridad nacional la corrupción y se puede convertir en una amenaza si no  se pone la atención debida para que ésta sea contenida, y sí quiere la sociedad tener un gobierno legal,  legítimo y que combata a la corrupción,  pero esto debe ser atendido en parte por la sociedad y en parte por los gobiernos. 

¿Cuáles son los costos que las Fuerzas Armadas han tenido que pagar por realizar labores de seguridad pública que deberían estar haciendo otros, como  por ejemplo los estados, las policías y otros cuerpos que no tienen nada que ver con las Fuerzas Armadas?

— Si hablamos de costos, seguramente se está refiriendo a costos que tienen que ver con el  prestigio, con la forma de operar, con el desgaste que tienen las Fuerzas Armadas; bien, pues yo creo que los costos han sido altos, pero han valido la pena; no es nuestra vocación, no nos sentimos a gusto haciendo funciones de policía. Está ordenado por el comandante supremo, que es el Presidente de la República, pero estamos conscientes que de no hacerlo nosotros en este momento no hay quién lo pueda atender.  Necesitamos cuerpos policiacos más capacitados, mejor preparados, mejor armados, y que se les atienda en la parte de seguridad social. Me parece que es un tema que se ha dejado a un lado y que se requiere atender a los policías no nada más en la parte de su capacitación, sino de su seguridad social. Contando con buena seguridad social los cuerpos policiacos serán mejores y podrán atender sus responsabilidades.  A nosotros nos urge que esto se dé para que sean ellos los que asuman la tarea que legalmente les corresponda.

Llama la atención que dice que ha valido la pena pagar estos costos altos, ¿por qué han valido la pena, en especial cuando se habla de temas como el prestigio, que es algo muy preciado para los militares? 

—Primero, porque es una orden y nosotros estamos educados para obedecer. Y segundo, porque de no haber intervenido no podríamos asegurar cuál sería la situación del país. Si algo se ha avanzado en seguridad y en la contención del crimen organizado y de los líderes de estas organizaciones criminales ha sido básicamente por la intervención de las Fuerzas Armadas. Y sí,  hay un desgaste mediático, hay un desgaste de personal, de material,  pero tratándose de nuestro país no es un costo que tengamos que poner en duda, habrá que seguir haciéndolo hasta el momento en que sea requerido.

¿Por cuánto tiempo calcula usted que tendrá el Ejército que seguir haciendo estas labores?

—Yo creo que es muy difícil.  Yo le diría que no veo esfuerzos decididos en algunos estados, en la gran mayoría no veo esfuerzos decididos porque estas policías avancen; deben ser problemas quizá de presupuesto, pero el compromiso está y quisiéramos que esto avanzara más rápido. No puedo darle algún tiempo, seguramente en esta administración seguiremos ahí pero sí quiero dejar en claro que  nosotros en cuanto se nos ordene nos vamos a hacer las actividades para las cuales nos preparamos, por lo cual llegamos a nuestras escuelas, que es para la guerra, para la defensa del país. 

¿Entonces es un tipo de guerra que no deberían de estar peleando o ni siquiera hablarían de que se trata de una guerra? 

—Yo no hablaría de guerra, es un conflicto que está afectando la seguridad interior del país y que las Fuerzas Armadas utilizan sus procedimientos para atenderlo, y eso nos ha hecho que tengamos algunos problemas en la atención de estas circunstancias. Sin embargo, creo que hemos ido aprendiendo cada vez más, los resultados están a la vista; nuestros problemas que tienen que ver con este roce permanente con la sociedad y han ido disminuyendo cada vez más, las quejas que teníamos de derechos humanos cada vez son menos, las recomendaciones también, el personal está más capacitado para atender estos problemas.

Los soldados reciben órdenes y las cumplen, pero, ¿usted percibe que exista enojo o molestia porque están haciendo este tipo de labores policiales?

— No, yo creo que la gente está consciente de que si no lo hacemos nosotros no hay quien lo haga en el país, por el momento. De eso la gente está convencida y hay una gran disposición, la verdad es que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto ha puesto una atención a las Fuerzas Armadas que no habíamos tenido antes. Creo que está muy al pendiente de cómo estamos, qué es lo que necesitamos, cómo podemos mejorar nuestra actividad, cómo podemos hacer mejor las cosas en beneficio de la sociedad y en eso yo debo reconocerle al Presidente de la República que ha tenido un empeño desde que inició su administración. 

Los apátridas y ataques al Ejército

 Usted el mes pasado solicitó, en uno de sus discursos, unidad contra los apátridas. ¿Quiénes son esos apátridas?

— Pues los que no tienen patria.

¿Específicamente a cuáles se refería en ese momento?

— A esos cuyo único interés, su objetivo, es lucrar con el terror, envenenando a los jóvenes, a los niños, haciendo padecer a la sociedad, poniendo en riesgo el patrimonio de ciudadanos honestos que se han dedicado a trabajar toda su vida; poniendo en el tema de la inseguridad a las madres de familia que llevan a sus hijos a la escuela. Esos no tienen patria, y por eso los llamé apátridas. No podemos pensar que son mexicanos de bien quienes se dedican a vivir del crimen, del terror de la sociedad. A esos me refiero. Esos son los apátridas.

¿En ese mismo costal metería a la clase política que se amafia con el crimen?

— Pues si hay personajes de estos que están involucrados con el crimen, pues también son apátridas, también están dañando a la sociedad nacional. Yo pienso que entrarían en la misma bolsa aquellos que estén vendidos a las organizaciones criminales.

Ha hablado de la existencia de algún tipo de ofensivas para intentar desprestigiar al Ejército y las Fuerzas Armadas del país, ¿de dónde vienen esos ataques?

— No, pues me encantaría saber de dónde vienen, pero el efecto está ahí lo vemos en algunos medios, algunas organizaciones que consideran que el Ejército no está haciendo su tarea adecuadamente, o que ha afectado a la ciudadanía. Mi percepción es que efectivamente hay quienes están interesados en desprestigiar a las Fuerzas Armadas y lo hacen a través de los medios, a través de declaraciones, muchas de ellas sin sustento, y  esa no debe de ser nuestra preocupación, nosotros debemos de seguir trabajando, haciendo las cosas bien, de la mejor manera, cumpliendo y haciendo cumplir la ley.

Pero no cabe duda que usted en el país es uno de los hombres que pueden poseer mayor información sobre cierto tipo de amenazas o desafíos de seguridad, ¿no tiene ninguna idea del rostro que  está detrás de esas fuerzas?

— No. Además, si los tuviera no sería mi papel estarlo haciendo. Hay autoridades responsables de esos asuntos y nosotros hemos hecho las denuncias correspondientes, hemos hecho los señalamientos que se tengan que hacer en cada uno de los casos, y pues esperamos que las autoridades correspondientes hagan lo que les toca.

¿Cree que por parte del Congreso haría falta alguna reforma o algún tipo de legislación que los ayudara a tener mayores garantías ahora que ustedes están haciendo el trabajo policial que no les corresponde?

— Sí, claro.  Yo no aseveraría que no nos corresponde hacerlo porque la propia Constitución lo prevé: el artículo 89, fracción sexta, habla del derecho y la obligación que tiene el Presidente de la República para garantizar la seguridad interior empleando las Fuerzas Armadas. Lo que creo que es que hay un vacío importante, pues del artículo de la Constitución hacia abajo no encontramos ninguna ley reglamentaria,  no hay nada que diga cómo deben de actuar las Fuerzas Armadas, hasta dónde, en qué lugar, en qué tiempo; creo que hace falta llenar este vacío y me parece que tendría que pensarse en una ley de seguridad interior y una ley de defensa nacional, que son los dos conceptos que maneja el artículo 89, fracción sexta; creo que con eso estaríamos en condiciones de poder participar de mejor manera en apoyo de las autoridades civiles, que son las encargadas de atender los problemas que tienen que ver con la delincuencia.

Se han hecho algunos intentos en el Congreso, pero al parecer no ha prosperado

— Pues sí, porque lamentablemente en la administración pasada se trató de ampliar lo que hay de ley de seguridad nacional, pero al final de cuentas, como muchas veces suceden las cosas, hubo algunos intereses partidistas y esto quedó en la nada. La verdad es que nosotros no tenemos ninguna intención de reiniciar eso, me parece que lo conveniente sería hacer, insisto, una ley de seguridad interior y una ley de defensa nacional. 

¿No le parece injusto? ¿No le parece que ese tipo de cosas no deberían de estar sometidas a fuerzas políticas, es decir, que por cuestiones de política partidista no exista una ley  en esta materia?

— Pues yo creo que ha sido algo que no se ha atendido; los motivos no los tendría yo agarrados en la mano, pero me parece que a lo mejor no se quiere que las Fuerzas Armadas vayan más allá de lo que ya hacen. Sin embargo, yo soy de la opinión que si vamos a utilizar las Fuerzas Armadas las utilicemos para poner orden, no para ver si pondremos orden. Hoy nosotros estamos participando en apoyo de otras autoridades haciendo funciones de policía, y lo hacemos con la mejor de las intenciones, con toda la disposición que exista, pero no es el papel real que deba de cumplir un ejército respecto de la seguridad interior. Somos un ejército muy pequeño, proporcionalmente hablando, somos uno de los más pequeños en todo el mundo considerando la extensión territorial de nuestro país, considerando la población existente, el tipo de topografía, las vecindades que tenemos, los miles de kilómetros de costas que tenemos; creo que las Fuerzas Armadas son muy pequeñas, con un presupuesto de defensa sumamente limitado. El presupuesto de defensa de nuestro ejército no llega al 0.5 (del PIB), cuando el promedio está a 1.5 a 2.5  en el resto de América Latina. Entonces, si la idea es que sigamos participando habría que pensar en la posibilidad de hacer crecer a las Fuerzas Armadas para que tengamos mayor disponibilidad de medios y atender los problemas en todo el país; hoy estamos de un lado para otro y nuestros soldados también tienen familia y necesidades que  solucionar.

¿Están bien pagados los soldados mexicanos? 

— Yo no diría que estamos bien pagados; a lo mejor los generales, los jefes,  tenemos sueldos que son adecuados, no aspiramos a ganar más pero el personal de tropa, que es el grueso, sí requiere que se mejoren quizá un poco sus prestaciones económicas. En cuanto a seguridad social, me parece que tenemos una excelente seguridad social que hemos construido a través de muchos años y que nos está dando una respuesta adecuada para los soldados y para sus familias, así como para los militares que ya están en situación de retiro. 

El caso Tlatlaya y los Derechos Humanos

General, ¿qué tan costoso ha sido para el Ejército el tema de Tlatlaya?

— Pues muy costoso porque también, ya lo decíamos, me parece que ha sido manejado de manera superficial, sin conocimiento de las cosas. Creo que ha faltado información y, sobre todo, la sociedad a veces no está enterada de todas las limitaciones que tenemos. Por ejemplo, a mí me piden que explique lo que pasó en Tlatlaya; pues yo lo podría explicar, el asunto es que, desde hace un año, el 13 de junio del año pasado, el Congreso acotó el fuero militar y ahora nosotros estamos impedidos para investigar los hechos en que resulten afectados civiles. Por lo pronto, no tengo una información respecto a la investigación. Tenemos nuestros propios procedimientos, delitos del orden militar los atendemos con nuestro sistema de justicia. En eso vamos caminando.  Respecto a Tlatlaya, yo lo que puedo decir: lo único que está comprobado es que hubo una agresión de estas personas que fallecieron ahí, lamentablemente, en contra de los soldados. Que la diferencia de fuerzas eran 22 personas armadas, con armas que son de uso exclusivo del Ejército, y de parte del personal militar era un oficial y siete de tropa, entonces se habla ahí de que hubo un sometimiento. Yo no puedo entender cómo hubo un sometimiento si eran ocho soldados, no sabían cuánta gente había en el interior del cobertizo donde sucedieron los hechos. Sabemos que todos los cuerpos resultaron positivos, es información abierta; no es que a mí me conste, que resultaron positivos al uso de armas, las armas fueron disparadas, encontraron algún consumo de drogas en algunos de estos cuerpos, todos tenían alcohol y, bueno, pues entiendo que estuvieron de fiesta hasta las 2, 3 de la mañana; los hechos se dan alrededor de las 5:30 de la mañana; bueno pues yo quisiera que pusiéramos las cosas en orden y viéramos cómo sucedió.

Nosotros tenemos al personal militar sujeto a proceso, en el fuero militar por incumplimiento oficial. Debió haber sido con un número mayor de efectivos, más vehículos, con un conocimiento del patrullaje que iba a hacer, que es una orden que tienen todos los servicios, salir en las horas de oscuridad, ya al final del día o al amanecer, con la idea de evitar esos daños colaterales, donde ha habido inocentes que han padecido consecuencias de estos enfrentamientos que se dan con los criminales. Creo que ha faltado un poquito de información pero, finalmente, creo que lamentablemente muchas personas y grupos que a lo mejor no ven bien a las Fuerzas Armadas ya sentenciaron a los soldados.  Yo todavía no veo el juicio, todavía no ha empezado, todo lo tiene un juez, desconozco las razones por las cuales no hemos podido iniciar el juicio.  Yo pediría a través de EL UNIVERSAL que se inicie el juicio.

Nosotros quisiéramos saber realmente qué pasó y, si nuestra gente tiene responsabilidad, que se le castigue de acuerdo con la ley. Pero si no son culpables, la propia ley lo dice: si no son culpables, son inocentes, y sí me gustaría saber si algún juez, en caso de que sean inocentes, así lo declara en su momento. Si no es así, nosotros seguiremos luchando; por la parte militar ellos cumplirán la pena que les corresponda y seguirán incorporados. La parte civil que es la que sale de mi esfera, y dadas las acotaciones que se hicieron al fuero militar el año pasado, pues tendremos que esperar.  Lo que puede suceder es que resulten culpables y, bueno serán castigados de acuerdo con la ley, y el propio juez determinará lo que corresponda. Y, como le digo, si son inocentes se incorporarán y seguirán con sus actividades.

 ¿El Ejército no es Tlatlaya? ¿Está de acuerdo con eso?

— Claro. A ver, Tlatlaya… no tengo el número, pero fue el enfrentamiento número 800 en lo que llevamos de la administración. Ochocientas veces  hemos sido agredidos. Y lo manejamos como los otros 799, por decir un número. Este se manejó de igual manera, aunque  lamentablemente hubo por ahí declaraciones posteriores a los hechos; nosotros informamos que había habido un enfrentamiento, qué resultados habían habido, y seguimos con nuestras actividades. Al paso de dos o tres meses salen declaraciones que fueron retomadas por acá, salen de Estados Unidos y, bueno, pues aquí se empieza a hacer todo un desarrollo mediático que finalmente nos ha creado un desgaste importante. Yo creo que tenemos que esperar todos el veredicto del juez, nada más. Y si los soldados se equivocaron, pues serán castigados. Pero si no se equivocaron, habrá que reconocer su inocencia. Esa es mi forma de pensar.

El hecho de que tenga más de un año sigue generando un desgaste al final del día para el Ejército mientras esto no se aclare. ¿Usted no ha tratado de reunirse con el Poder Judicial, con la propia Procuraduría para tratar de acelerar la investigación?

— Bien, lo que hemos hecho a través de la defensora que tienen nuestros soldados  es que se insista en que el juicio se inicie. No tiene más de un año, el año se cumplirá, de los hechos, el próximo día 30, pero de que inicia esta noticia y de que se le da toda esta importancia son como dos o tres meses después. Yo sí creo que es más que suficiente el tiempo para que ya se pueda concretar, se pueda concluir. En el sistema de justicia militar estos problemas los solucionamos muy rápido. Nuestra justicia sí es pronta y expedita. Acá desconozco los detalles de por qué no hemos podido ir a juicio.

¿Fue un error haber eliminado el fuero militar?

— Bueno, yo pienso que sí porque están poniendo al Ejército en situaciones muy sensibles, vulnerables, delicadas, en  las que nuestro personal ahora piensa si lo procesan por desobediencia, por no obedecer al secretario, o lo procesan por violar derechos humanos. Creo que al soldado le conviene que lo procesen por desobediencia, pero al país no le va a convenir. ¿A quién le conviene un Ejército que no obedezca? ¿A quién le conviene un Ejército que no tenga disciplina? ¿A quién le conviene un Ejército que no esté entregado a su país, a su sociedad? Somos, según el decir de muchos, una de las instituciones que más violan los derechos humanos, pero en todas las encuestas somos la institución más confiable. Una incongruencia en la que alguien debería decirnos dónde está el problema. No podemos ser violadores de derechos humanos y al mismo tiempo los más confiables.

General, ¿es complicado desde su posición como jefe de las Fuerzas Armadas defender a algún soldado que viola los derechos humanos cuando está combatiendo a la delincuencia?

— Claro pero, a ver: los soldados saben cuando están cometiendo una violación y cuando la violación se da por la intención de hacerlo no merecen defensa de nadie; que se vayan a la cárcel, si son culpables de esa violación, cuando hay la intención. Pero hay violaciones a los derechos humanos en que no existe la intención, ahí sí tenemos que revisar y ver cómo ayudamos a quien resulta afectado y también a nuestro personal. En la noche, a las 2, 3 de la mañana, son agredidos, los soldados responden. No pueden dejar que solamente les disparen, tienen que defender su vida. Y en esos casos puede suceder que alguien pase por ahí, que no tenga que ver con el asunto, y resulte lesionado, o en el peor de los casos muerto, y le estamos violando sus derechos humanos. Ahí habrá que trabajar, atender el problema, a las víctimas, sus familias, y también atender al soldado. 

¿Y no tendría también que ver el número de operaciones policiales que realiza el Ejército?

— Sí. Sería muy interesante que se hicieran las cuentas porque nosotros hablamos de más de mil 500 acciones diarias. En la geografía nacional tenemos, sólo para atender el problema de la delincuencia, entre 35  mil y 45 mil soldados, todos los días en las calles, rozándose con la sociedad, donde está la gente buena, pero donde también hay gente no tan buena. Entonces entre el número de acciones que desarrollamos con respecto al número de quejas no hay una comparación. Y aún más, si pudiéramos analizar el número de quejas que tenemos —yo hablaría de esta administración, no hablaría de las otras—, me gustaría que de esas se vieran cuántas son ciertas, cuántas se comprueban. Hoy llevamos en toda la administración cuatro recomendaciones, una es la de Tlatlaya. De las otras tres, dos ya están totalmente concluidas. Nosotros estamos trabajando, el número de quejas bajó del 2012 al 2013, 40%; del 2012 al 2014, 60%. No sé cómo salgamos en el 2015, pero hemos bajado de manera muy importante las quejas que hay en contra del personal militar.

En esta administración, debemos andar en mil 700 quejas y quizá comprobadas será el 2 o 3%; es decir, tenemos el .22% de quejas que llegan a recomendaciones y la de Tlatlaya la aceptamos porque tampoco nos vamos a poner en una situación de crearle conflictos ni a la Comisión Nacional ni al Gobierno de la República. La aceptamos porque así lo hemos venido haciendo. 

 

 

 

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