“Jo-se-fina!”, se diluye el grito en la negra noche mexiquense

La candidata del PAN asegura que su partido es más fuerte que antes
Josefina Vázquez Mota sale entre porras de la sede del PAN en el Estado de México, luego de asegurar que se enfrentó a una elección de Estado (CRISTOPHER BLANQUET.EL UNIVERSAL)
05/06/2017
02:47
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Un minuto de aplausos encapsula a esta mujer de peso ligero que camina suave en sandalias, rodeada de una veintena de líderes de Acción Nacional, y justo cuando va a entrar al salón Presidentes, donde esperan los periodistas, a coro la anuncian: “¡Jo-se-fi-na! ¡Jo-se-fi-na!”.

Justo entonces empareja su paso el presidente Ricardo Anaya, el político de la sonrisa 7 por 24, que esta noche, la de la estrepitosa derrota de su partido en el Estado de México, ostenta una megasonrisa.

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Están en disputa tres gubernaturas, en el Estado de México, Nayarit y Coahuila; estos dos últimos estados también renovarán su Congreso local y Ayuntamientos. Además, en Veracruz están en juego 212 presidencias municipales
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Son las 21:03 horas y Anaya ha dado el madruguete tres horas antes, al proclamar ganador al PAN en tres de cuatro estados. “Hemos salido fuertes y victoriosos”, ha dicho, seguro de que “en 2018, vamos a ganar la Presidencia de la Repúbica”.

Ahora, aquí, es el escenario de la derrota. En enero había certeza de triunfo, con Vázquez Mota arriba en las encuestas. En su discurso dirá que enfrentó una elección de Estado. Hay luces que iluminan en la fachada de la sede local del partido, un lema de campaña: “#UnPANGanador”. Eso proclama la organización política que queda en cuarto lugar.

Dentro no hay militantes. No hay dolientes, más que el equipo de campaña. Los periodistas que registran el momento dan vida y movimiento a lo que sin ellos sería una lápida. “¡Jo-se-fi-na!, ¡Jo-se-fi-na!”.

El descenso de Vázquez Mota fue progresivo, y cuando se abrió la veda electoral, el equipo sabía que la gubernatura no sería suya. ¿Pero por cuánto? Y si lo que apuntan encuestas de salida y el conteo rápido a las 20:30 horas se mantiene, la elección “es un desastre”, comentan. Duele.

¿Qué falló? ¿La candidata? ¿La campaña? ¿El mensaje? ¿Faltó unidad? ¿Otra vez la dejaron sola? Y también hay que contar la mano negra que compró votos, ese Santa Clós mexiquense dadivoso que, dicen aquí, ensució la elección.

Han llegado serios, herméticos. Decenas de celulares de periodistas están listos para transmisiones de video “en vivo”. Y con todos en su sitio, el partido fija posición. Víctor Hugo Sondón, el líder estatal, habla de la grandeza de Vázquez Mota mostrada en campaña, y hace un preanuncio: “Hay mucha Josefina por delante”.

Ella sonríe. Luce fresca, descansada. No hay rastros de quien es sacudido por una mala noticia. Tampoco hay ademanes, de los usuales en los políticos durante la campaña. Eso ya es ayer. Lo último, esa salida en un triciclo con un canasto de pan, y su reparto en una colonia popular.

Había que hacer algo, entonces. Y cambió estrategia de campaña, salió más temprano de casa, pero la tendencia estaba marcada y ya no le iba a favorecer. Temprano, al salir a votar, el equipo soltó un dato que pudiera interesar a los electores católicos, “fue a misa”. Ni eso ayudó.

Ricardo Anaya la llama “grande, extraordinaria, enorme”, y dice que está “profundamente orgulloso”, de Vázquez Mota. Ella sonríe. Luce menuda, delgada en su saco blanco de la mañana y su pantalón azul. Junto a ella, solidaria, Laura Rojas, de rostro inexpresivo, de mirada inteligente, seria. Fue “elección de Estado”, dictamina el líder nacional del PAN.

Habla de las mañas en la contienda. Cien visitas de funcionarios del gobierno federal, jornadas de dádivas con dinero público, y el uso de las instituciones para “manchar a la familia” de la candidata con información falsa. Pero, “la aclaración llegó tardísima”, después de todo “quedó salvaguardado el honor”, de los Vázquez Mota. “¡Jo-se-fi-na!, ¡Jo-se-fi-na!”.

El texto que va a leer esta panista que por segunda vez registra la adversidad en las urnas, está amplificado en una pantalla. Pero se apoya en los renglones de las horas ante el atril y lamenta que la elección estuvo sucia, que excedió los peores presagios. Desde las instituciones, “calumniaron a mi familia”, y el daño en las tendencias electorales fue irreparable.

Critica al árbitro, plantea la reforma del sistema político, y anuncia: “Yo no me voy a ningún lado; me comprometo a seguir”. Y parece que en el cuartel de campaña no hubo fallas, pues sostiene que está orgullosa de su campaña y de su partido.

Sólo que las tendencias no la favorecen, y sin embargo, cierra con palabras de victoria: “Todo ha valido la pena; el PAN está más fuerte, renovado, unido”.

Esta mujer delgada, de suave andar, golpeada dos veces por la derrota en las grandes ligas, desprovista de la expresión del triunfo, como en son de victoria dice que “me quedo al lado de las familias que viven de rodillas y merecen un destino diferente”.

Ya lo decía Sondón: “Esperemos en fecha próxima... hay mucha Josefina por delante”.

En el vestíbulo del edificio, 15 minutos después del inicio de esta presentación, se escuchó tronante y fugaz un “chiquitibum” de despedida, una loa de campaña, la última de este 2017 que salió desastroso. “¡Josefina, Josefina, ra-ra-rá!”.

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