“Hay un hastío y un voto antisistémico importante”

Las contiendas electorales hay que saber ganarlas y perderlas, afirma; se utiliza la impugnación para ver cómo desgasto a un gobierno
Alfonso Navarrete Prida, Secretario del Trabajo y Previsión Social (LUCÍA GODÍNEZ. EL UNIVERSAL)
11/06/2017
02:11
​Astrid Rivera y Julián Sánchez
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En una elección hay que saber ganar y perder, porque se pervierte el sistema democrático “cuando se utiliza la impugnación para ver cómo desgasto a un gobierno o cómo justifico mi postura de oposición ante algo que no me salió bien porque perdí”, destaca el secretario del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Navarrete Prida, quien en su momento fue un priísta mexiquense nombrado como posible candidato para la gubernatura del Estado de México, reconoce que una de las lecciones que dejó el proceso electoral pasado, fue que “hay un hastío y un voto antisistémico muy importante”.

“No votan por quien quieren como mejor opción política, sino para ver cómo le hago daño al que menos quiero, sin pensar en qué puede pasar con mi acción”.

Navarrete Prida justifica el escaso margen del triunfo del PRI en esa entidad al afirmar que “es parte de los [nuevos] tiempos políticos de México, tener elecciones muy cerradas”, sobre todo cuando son dos partidos los que despuntan al final.

“Este va a ser el signo de los tiempos de este México: gobiernos divididos con elecciones cerradas y lo que tenemos que erradicar es utilizar la impugnación como una herramienta política para justificar o no la eficacia en lo que se hizo”, expone.

Al preguntarle si tiene aspiraciones para ser candidato a la Presidencia de la República en 2018, responde: “No. Estoy concentrado en mi trabajo; sin embargo, destaca que los ciudadanos dejaron un mensaje muy contundente, que es el de esperar.

¿Qué lección dejó el proceso del domingo pasado, considerando que fue un margen muy cerrado, y en algún momento se pensó que el PRI iba a perder?

—Es parte de los tiempos políticos: tener elecciones cerradas, sobre todo cuando no son tres partidos, sino sólo dos los que al final despuntan.

Lo que tenemos que erradicar es utilizar la impugnación de la elección como una herramienta política para justificar o no tu eficacia en lo que hiciste. La segunda lección es que hay un hastío, hay un voto contra el sistema muy importante, de gente que no va a votar. Vota no por quien quiere como mejor opción política, sino que está votando para ver cómo le hago daño al que menos quiero, sin pensar qué puede pasar con mi voto al hacer esto, y eso creo que también se vivió en esta jornada. La voluntad popular se debe respetar.

¿La posición de Andrés Manuel López Obrador tiene sentido?

—Cada partido sabe cómo actúa frente a sus propios actos y frente a los que le suceden en su contexto. No creo que utilizar la impugnación para ver cómo desgasto a un gobierno, o cómo justifico mi posición de oposición ante algo que no me salió bien porque perdí.

Sólo he visto que se han impugnado votaciones cuando se pierden, si va ganando, se considera que fue una jornada ejemplar, en el momento que se pierde, entonces es una descalificación de la jornada. Eso pervierte el sistema democrático, hay que saber ganar, hay que saber perder. Hay que impugnar lo que se tenga que impugnar cuando hay elementos, no hay que engañar a la gente, diciéndole cosas que confunden, donde resultó que, en una elección, todos triunfaron, todos son ganadores. Esto es un tema de votos y gana el que más sufragios tiene.

Ante esta perversión ¿Cómo se defenderá el PRI?

—Con la legalidad y con información, diciéndole a la gente, tú que acudiste a votar, que estuviste ahí, pues esta fue el acta, mira, no tiene ninguna anomalía, mira todas las actas son iguales, todas las actas fueron firmadas por todos los representantes de los partidos, ciudadanos representantes del órgano electoral, esto es lo que marca, si sumas esto, te da este resultado, y bajo esa circunstancia, pues, esa fue la definición de la mayoría de la gente y ahora hay que fortalecer y trabajar, y hacer un gobierno de unidad para que las cosas salgan bien.

¿Usted se ve en 2018 como aspirante a la Presidencia?

—No, honestamente, y no estoy diciendo la frase común de “yo estoy concentrado en mi trabajo”. La verdad de las cosas es que falta mucho para 18, si en el corto plazo no sabíamos cómo iba a salir una elección a un domingo, uno pregunta cómo va a salir en 2018. Es un mensaje muy contundente el que mandó la ciudadanía, para mí como mexiquense queda claro y está entendido. Hay que entender ese mensaje de que no se le puede quedar mal a esa estructura. Esto fue lo que ocurrió el domingo, que la gente expresó su capacidad de enojo, su capacidad de hartazgo, su emoción no racional.

Los partidos políticos tendríamos que dar un ejemplo de civilidad aceptando resultados y si hay algo que impugnar, pues con argumentos, pero no mentir, y que la militancia de los partidos, particularmente del mío, y la gente, mandó mensajes que hay que entender con claridad.

¿Será difícil la elección para el 18?

—Todas las elecciones en México van a ser muy cerradas, muy competidas eso no es malo, yo creo que eso es muy bueno, lo malo es que los partidos, sus dirigentes y los políticos seamos los que no podamos reconocer qué pasa y apoyar en el sistema democrático al que gane y eso sí le hace mucho daño.

Entrando a lo laboral. ¿Dónde están las carencias en el país?

—La carencia más grande que tenemos es que seguimos teniendo una tasa muy alta de informalidad laboral, estamos en 56%, y aunque bajó cuatro puntos desde el inicio del sexenio, sigue siendo muy alta.

Por otro lado, tenemos empleo precario en muchas zonas de México, sigue habiendo trabajo infantil, no obstante que se ha disminuido la tasa, pero los grupos vulnerables son los primeros que sufren en esta circunstancia. Paralelamente, los jóvenes siguen teniendo dificultades para encontrar un empleo y la educación que era un medio nivelador de la sociedad en el mediano plazo, se frena, se frustra y las mujeres siguen teniendo un rezago importante, al igual que los discapacitados y adultos mayores.

¿La propuesta del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, de establecer el salario mínimo a 92 pesos, es viable, populista o inalcanzable?

—Es una propuesta y una aspiración legítima, basada en encontrar en esos 92 pesos cubrir uno de los niveles, como se mide la línea de bienestar. Es muy coincidente, hasta en las fechas en que salió con el planteamiento que ha hecho uno de los sectores de la iniciativa privada, especialmente Coparmex, y que debemos trabajar para seguir teniendo recuperación de poder adquisitivo del salario mínimo. No es un tema que se resuelva con voluntad política o con un buen deseo.

La propuesta creo que es muy viable, muy legítima, el gobierno federal no se rehusa a analizarla, pero debe de haber un mínimo consenso entre los sectores de la producción, porque quienes pagan al final, no es el gobierno, son los patrones, y mientras esto no se dé, y se estudie y analicemos que tanto golpea un aumento inusitado en el salario mínimo a los patrones que tienen los peores niveles de productividad, esperamos que haya un consenso en los factores de la producción.

¿Qué le diría al trabajador que llega el fin de quincena y tiene dos pesos en su bolsa o su cartera vacía?

—Que se está muy consciente de las circunstancias, que en este sexenio no ha quedado en demagogia la promesa de recuperar el poder adquisitivo de los salarios mínimos. Que son hechos de los que hablamos a casi 5 años de gobierno, que se cerraron las zonas económicas en el país y que ya no hay trabajadores de primera y de segunda, hay una sola zona económica en México, que rige el salario mínimo.

Es un hecho que se desvinculó de los factores que hacían al salario mínimo anclarse por estar vinculado a unidades económicas, altamente inflacionarias, y es un hecho que hay una recuperación real de poder adquisitivo en este sexenio, que no se había dado en 40 años y no es menor decirlo.

Llevamos 12.5% de recuperación de poder adquisitivo, el año pasado cerramos con 18%.

—Quitar el subsidio a los combustibles tuvo un costo de casi 5 puntos y el país ha tendido a estabilizarse, sí hay consensos entre factores de la producción, trabajadores y patrones, para podernos volver a sentar y analizar los niveles en los que se podría dar un empujón al mínimo, lo vamos a hacer en el momento que esto suceda de inmediato. Esto es un compromiso.

La discusión sobre el alza al salario mínimo, ¿podría tomarse como botín político rumbo a 2018?

—Sería muy grave porque jugar con el salario, con el ingreso de los trabajadores de menores recursos y lucrar políticamente con eso, pues al final el que pierde es la política, el trabajador y pierde la credibilidad de quien esté haciendo eso y le prometa algo a alguien que no puede cumplir y que es un fraude. Si al contrario, vemos este tema como una cruzada realmente y que vamos a generar las condiciones y a tener que hacer esfuerzos todos para que eso ocurra, el resultado es muy positivo para el trabajador, para la política, y sobre todo, muy realista para decirle a la gente que no es con una promesa vaga.

Este programa que habían anunciado unos meses atrás, de apoyo a los migrantes, ¿se puso en marcha y cuántos beneficiados ha tenido?

—Van 35 mil beneficiados, que se les apoya a su llegada, en el punto de arribo a su lugar de origen y se les vincula al Servicio Nacional de Empleo.

Por ejemplo, el Infonacot está firmando un convenio con el Consejo Coordinador Empresarial y Coparmex para otorgar créditos y fortalecer la planta de empleo y, en paralelo, hemos desarrollado, de ubicación y reubicación de mexicanos que vienen con habilidades que desarrollaron en Estado Unidos en una estancia no legal, para que se instale esa planta productiva.

Debiendo ser bien claro con esto, no hay datos alarmantes. De hecho, hay menos deportados que antes, en la época del presidente Obama. Lo que ha cambiado, y ahí es dónde hay que poner el foco de alarma, es la actitud hacia el tratado de nuestros migrantes.

Desde el gobierno [de EU] se hace un discurso que suena a veces a xenofobia, la gente lo asume así. Entonces han habido actitudes, no deportaciones.

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