Cubanos, atrapados entre Castro y Trump

El 7 de abril el gobierno mexicano comenzó a regularizar cubanos varados, muchos de ellos son profesionistas que por unos pesos aquí tienen que cargar bultos para comer
Rudy Riverón es maestro en Historia y su esposa Mayte Silva es licenciada en Artes y Letras, ambos buscan llegar a Estados Unidos (GERMÁN ESPINOSA)
16/04/2017
03:50
Francisco Reséndiz
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Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Al fondo de un gran salón hay cuatro hombres, en sandalias y pantalón arremangado. Con fuerza golpean sobre una pequeña mesa de madera con fichas de dominó. “¡Clac!, ¡clac!, ¡clac!”, se escucha el eco de cada golpe seco... sin risas, sin charla. Silencio.

Estos cuatro hombres vendieron sus casas en La Habana, Cuba, el año pasado y con los ahorros de su vida iniciaron un viaje largo, peligroso y costoso, en busca de llegar a Estados Unidos, pero igual que otros mil 200 cubanos están varados en Nuevo Laredo, Tamaulipas, sin dinero, sin trabajo, apenas con un hilo de esperanza.

En marzo cientos de cubanos quedaron varados en Nuevo Laredo, donde se concentra el mayor número, aunque las organizaciones civiles calculan que son mil 200.

En la mesa juegan Yordany Borroto, licenciado en Cultura Física y Deporte; Roger Garbey, tabaquero; Alexey Abreu, cantinero, los tres de piel oscura, y Rudy Riverón, maestro en Historia, con gorra de beisbol.

Se distraen para no enloquecer, para no llorar, para no renunciar, dicen.

Dicen que casi todos los días salen de la Casa del Migrante a buscar trabajo a las calles de Nuevo Laredo, pero los contratan por unos pesos en la construcción, para cargar bultos, para limpiar pisos. Lo que ganan apenas alcanza para un par de refrescos o para un poco de comida. Salen bajo el riesgo de ser secuestrados por integrantes del cártel de Los Zetas.

Cada uno de estos hombres, que se saben hijos de la Revolución de Fidel, pero que sostienen que en la isla hay una dictadura, tiene su historia.

Tres de ellos salieron de Cuba después de las fiestas de fin de año, las últimas que creyeron pasarían con sus familias en la isla. Decidieron viajar con 10 mil dólares en la bolsa cada uno, que perderían en coyotes, polleros, estafas y sobornos para llegar a esta frontera.

Se conocieron en la Casa del Migrante “Nazaret”. Se sienten seguros. Han estado aquí 60 días, desde que llegaron a México, cada uno ha gastado cerca de 8 mil dólares en su trayecto por 11 países. “Lo último que perderemos será la fe, no renunciaremos”, dice Rudy.

Está casado con Mayte Silva, licenciada en Artes y Letras Hispanas, quien se levantó muy temprano, antes de amanecer, para lavar a mano su ropa, con un puño de jabón en polvo. Mientras que su mujer se afana en los lavaderos que están fuera del salón, él narra su camino.

Dice que tardaron un mes en llegar a Nuevo Laredo. Salieron de La Habana en un vuelo legal a Guyana, de ahí 16 horas de lancha a Venezuela, con un motor de 75 caballos enfrentaron durante horas olas de hasta cinco metros de altura. Al llegar a la República Bolivariana transitaron en autobús y luego en lancha por el Orinoco, hasta la frontera con Colombia.

Para hacer el viaje con Mayte vendió su casa en 22 mil dólares. “Tenía miedo, ya había salido cuatro veces de Cuba y las cuatro caí preso, no está permitido salir ilegalmente de Cuba, pero tomé un vuelo con pasaporte a Guyana, que tiene libre visado”.

En la selva colombiana usaron coyotes, mulas, luego de nuevo enfrentaron un mar embravecido, de nuevo siete días en la selva, cruzaron Panamá, sin problemas, hasta llegar a Costa Rica, donde se les negó el paso, tuvieron que cruzar clandestinamente por ríos, mar y la selva.

La parte más difícil, narran Mayte y Rudy, fue cruzar Nicaragua. Un coyote los subió a una lancha, bordearon la costa para evitar a las pandillas y a los policías, pero los dejaron a medio país. Estuvieron perdidos tres días. Encontraron a un grupo de cubanos que salieron un día antes, tres mujeres y cuatro hombres, los habían asaltado y a ellas las violaron frente a sus maridos.

Arribaron a Honduras y luego a Guatemala, de ahí un autobús hasta Tapachula, Chiapas, y tras recibir un salvoconducto del gobierno mexicano llegar a esta frontera, donde sabían que era la más ágil para hacer uso de la política Pies Secos, Pies Mojados, pero el 12 de enero el entonces presidente de EU, Barack Obama, la echó abajo. Se rompieron sus sueños. Mayte dice: “Yo siempre estaré a su lado, no renunciaremos”.

“Queremos llegar a Estados Unidos, estamos esperando que se pronuncie alguien de allá: el presidente Trump, el Senado o la Cámara de Representantes, la esperanza es lo último que se pierde, mientras regularizamos algo con México para no estar de ilegales”, detalla Rudy.

Yordany advierte que hubo cubanos que estaban en la frontera esperando cumplir con el trámite para ingresar a Estados Unidos cuando Obama echó abajo esta política de aceptación de personas que salieran de Cuba para ingresar a la Unión Americana, pero sólo aceptaban a 50 por día... él no tuvo suerte.

“Queremos que EU tome conciencia y nos dejen entrar, porque nosotros salimos de un régimen, de una dictadura, para ir a Estados Unidos en busca de un futuro para nuestras familias”, comenta a su vez Roger, el tabaquero.

Rudy se sincera: “Yo pienso que todo país tiene derecho a cuidar sus fronteras y la integridad de sus ciudadanos, sacar a quienes hagan daño, pero también debe tomar en cuenta que hay personas como nosotros, que vivimos en una dictadura y que huimos de ella”.

Luego desliza sus planes: “Vamos a esperar, y si no que sea en México la nueva vida, pero vamos a hacer lo imposible por llegar a Estados Unidos, hasta ahora hemos actuado de forma pacífica, nadie ha cruzado el río, estamos esperando que ellos se pronuncien”.

“Queremos un mejor futuro”

El cantinero Alexey narra: “Salí de Cuba el 16 de diciembre, he gastado más de 6 mil dólares; hay quienes han sido estafados y han gastado más. El 12 de enero Obama nos tiró la ley y nos quedamos desamparados totalmente, pero hay esperanza de que todo cambie. Dejamos atrás familia, vendimos casa, todo en Cuba, por una ley que de pronto la quitan... como los mexicanos, queremos un futuro”.

Tiene 45 años. Hizo el viaje hasta Nuevo Laredo casi por la misma ruta que Rudy y Mayte, pero advierte que en Nicaragua fue discriminado por su color de piel. “No me dejaban subir al autobús y a otros que eran blancos, sí. Tuve que pagar 100 dólares para que me dejaran viajar”.

Estos cubanos dicen que en su andar han pagado a más de 20 coyotes entre 100 y mil dólares a cada uno. Sólo en Costa Rica, 550 dólares a la entrada y 850 al salir de esa nación.

“Todos esperaban que a estas fechas ya estuviera trabajando en Estados Unidos, pero ahora tengo a mi esposa luchando con los tres niños como puede, porque todo lo puse en esto. No puedo regresar a Cuba porque mi trabajo lo perdí, era cantinero.

“Mis hijos van a estar peor ahora. Todo lo que tenía lo invertí en este viaje. Quitaron la ley y aquí estamos con la esperanza o en espera a que México nos dé papeles”, detalla.

Los cuatro cubanos dejan de jugar. Se levantan y van a bañarse. Saldrán a trabajar, no tienen dinero para comer. Regresarán antes del anochecer, más tarde es peligroso por las bandas de zetas que dominan la ciudad. Dormirán y al amanecer no sabrán su futuro, sólo tendrán que esperar.

Primeros casos

El 7 de abril el gobierno de México anunció el comienzo de la regularización migratoria de ciudadanos cubanos que no pudieron llegar a Estados Unidos, luego de la decisión del ex presidente Obama de suspender la Ley de Ajuste Cubano, conocida como Pies Secos, Pies Mojados.

El Instituto Nacional de Migración informó en ese momento que se regularizó a los primeros 588 cubanos que estaban en Nuevo Laredo.

Los cubanos ingresaron a México por Tapachula, Chiapas, y se les otorgó una internación legal, al haber obtenido un oficio de salida que les permite el tránsito por un plazo de 20 días para que abandonen el territorio mexicano voluntariamente o iniciar un proceso de regularización.

“El INM ha brindado todas las facilidades para que este grupo de extranjeros de origen cubano obtenga su condición de estancia en el país por razones humanitarias, con permiso para realizar actividades remuneradas, por lo que en próximas fechas los primeros 273 de ellos quedarán regularizados”, indicó el instituto.

La Ley de Migración faculta al INM para llevar a cabo, en algunos casos, la regularización de extranjeros que se ubiquen en territorio nacional y manifiesten su interés de residir de forma temporal o permanente en nuestro país, por lo que en ningún momento se les ha concedido la condición de refugiado o asilado político, debido a que no enfrentan una persecución de ningún tipo; sin embargo, la condición de estancia ofrecida por el gobierno mexicano hace posible su permanencia, reinsertándolos en la vida productiva del país de manera regular.

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