“Será difícil que se elija una Presidenta en 2018”

El déficit de la equidad se vive en la política e instituciones, afirma; necesario, erradicar violencia hacia las mujeres en el país, explica
Gloria Ramírez Hernández, ganadora de la presea Elvia Carrillo Puerto del Senado (JUAN CARLOS REYES. EL UNIVERSAL)
09/03/2017
02:03
Alejandra Canchola
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La doctora en Ciencias Sociales, Gloria Ramírez Hernández, quien recibirá este jueves en el Senado el reconocimiento Elvia Carrillo Puerto por su trabajo a favor de la igualdad de género, considera posible que México elija una Presidenta de la República en 2018, pero será difícil. “Difícil como que de 32 estados, sólo tenemos una gobernadora”, compartió en entrevista con EL UNIVERSAL.

El trabajo de la también coordinadora de la Cátedra UNESCO de Derechos Humanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se aboca principalmente a la defensa, promoción y difusión de los derechos humanos de las mujeres, en una estrecha relación con sociedad civil, el movimiento feminista e instituciones académicas y del Estado.

Afirma que la lucha feminista actual no es por lograr la equidad, sino la igualdad y tampoco va contra los hombres, por el contrario, busca incluirlos en el objetivo. Lamenta que el déficit de igualdad alcance a las instituciones como la UNAM, “una gran institución que no ha tenido una rectora mujer”.

El reconocimiento Elvia Carrillo Puerto fue creado con el objetivo de reconocer a aquellas mexicanas cuyo quehacer haya incidido y destacado en la lucha social, cultural, política y económica en favor de la igualdad de género. Ha sido entregado a destacadas mujeres como María Marcela Lagarde y de los Ríos, quien contribuyó a la creación de la Comisión Especial de Feminicidios en el Congreso de la Unión; a Carmen Moreno Toscano, secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres de la OEA, y a Rosario Marín, primera mujer mexicana en ocupar el cargo de Tesorera de Estados Unidos.

¿En qué línea ha conducido su trabajo por los derechos de las mujeres?

—En varias líneas. Es un trabajo que tenemos desde hace muchos años, en todos los ámbitos que he atravesado, tanto en el académico como en actividades de difusión, divulgación o de trabajo con la sociedad civil. Ha ido, quizás, en la línea general de los derechos de las mujeres y en ese ámbito hemos tomado algunas líneas, específicamente en el formativo, pero también en defensa y en la utilización, por ejemplo, de mecanismos internacionales para verificar el cumplimento del Estado en la protección de estas garantías.

También trabajamos mucho en cuestión de la violencia de género, que es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo, trabajamos áreas específicas e investigaciones, es decir, en la articulación de docencia y la difusión para incidir en políticas públicas, en elaborar propuestas.

¿En qué punto del camino se encuentra México en la búsqueda de la equidad de género?

—La igualdad es el gran desafío y el gran principio, en ese sentido tenemos avances muy importantes, creo que el más importante ha sido la paridad para acceder a puestos de elección popular; sin embargo, no tenemos todavía la paridad en el Ejecutivo, no la tenemos ni en las universidades.

¿En qué consiste esta violencia política que nos menciona, en no tener lugar para una candidatura?

—La violencia política es un fenómeno que tiene múltiples dimensiones, ​ ​puede traducirse en la falta de recursos y oportunidades para acceder a una candidatura, o bien, en obstáculos institucionales que puedan venir de los partidos o de ciertas instituciones para no permitirle a una mujer ser candidata.

En la legislación se avanzó muchísimo, en primer lugar porque se establecieron cuotas, ahora con la paridad hay una serie de criterios que se tienen que revisar, pero la política sigue siendo reconocida desde una mirada andocéntrica, que ubica a las mujeres como madres, y así es difícil visualizarlas en la estructura política mexicana.

Las mujeres de la política mexicana han tenido que adaptarse a las estructuras que han sido creadas desde esta mirada andocéntrica y entonces acudir a citas de trabajo en la noche, a reuniones que se acuerdan fuera de los horarios y pues muchas veces no se tienen las condiciones, hasta inclusive la violencia política física.

Hemos sabido de mujeres asesinadas, violentadas, amenazadas físicamente, obligadas a renunciar, a algunas les han quemado sus casas, les inventan una serie de calificativos grotescos que merman su reputación y buscan minimizarlas, les secuestran a los hijos, matan a familiares y hasta son amenazadas de muerte.

¿Las candidaturas de mujeres para las próximas elecciones son un ejemplo de igualdad política?

—Qué bueno que las hay, no solamente en este momento, si no vimos en las últimas elecciones. A varias mujeres que fueron candidatas incluso a gobernadoras, nada más llegó una al cargo, en Sonora. Entonces nos damos cuenta de que después de 100 años de una Constitución, en México sólo siete mujeres han sido gobernadoras, eso es un gran déficit democrático.

Lo vemos también en el ámbito de las instituciones. Mi universidad es una gran institución y no ha tenido una rectora mujer; sin embargo, se han abierto espacios. En la UNAM ya no vemos solamente las ternas de hombres, sino también hay mujeres, porque han alcanzado un gran nivel en todos los campos.

Hay mujeres excepcionales que participan en la política, pero todavía tenemos una parte cultural en la que se naturaliza a la mujer en el espacio de la casa.

¿Usted ve que México pueda tener una Presidenta de la República?

—Definitivamente puede llegar una mujer. Vemos a las mujeres que han puesto su candidatura en varios ámbitos de la política nacional y en todos los niveles, con excelentes perfiles, en el mismo nivel de competencia que los hombres.

¿En México tendría desventaja una candidata por ser mujer?

—No desventaja, pero sería difícil, como el caso de las candidatas a gobiernos estatales donde todas sufrieron violencia política, y sólo quedó la gobernadora de Sonora. Hay mujeres destacadas, lo hemos visto en la historia, pero sí falta fortalecer una cultura de la igualdad.

¿Qué significa en la actualidad recibir la presea Elvia Carrillo Puerto?

—Es la posibilidad de que se reconozca, no mi trabajo, sino el trabajo de las mujeres y hombres que han ayudado a estos cambios, de que se visibilice la historia de los esfuerzos, las luchas, de que pongamos en la mesa las cartas a un nivel de esta categoría, donde uno puede expresar y sumar.

Este es un reconocimiento al movimiento de mujeres, al feminista, a la academia y, sin duda, significa un gran honor para mi universidad y para mí como universitaria.

La lucha por la igualdad no es contra los hombres, es un asunto de sumas, de sinergias, de esfuerzos y de que podamos hablar y ver las cosas con rigor, pero también con claridad, no para politizar sino para avanzar en los derechos efectivos de las mujeres y para todos.

Yo quisiera que la presea sea un estímulo para las nuevas generaciones, para que entiendan los esfuerzos de otra generación, yo vengo de una escuela pública, de una carrera universitaria con modestos ingresos para poder hacer modestos proyectos, pero que sumando cada uno de los espacios en los que trabajamos pudimos realmente avanzar.

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