“Hubiera querido estar con mi mamá”

La nostalgia de no estar con su familia y el delicado estado de salud de su madre hicieron que Javier Rodríguez Nava regresara a México
Faustino Cabello trabajó como electricista en Las Vegas, Nevada. Aparte de volver por su familia, regresó a México por el endurecimiento de las políticas laborales en EU (TONY RIVERA)
21/03/2017
02:20
Pedro Villa y Caña
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“Envié a que hicieran ese cuadro de mi mamá”, dice Javier Rodríguez Nava. Señala una fotografía de casi dos metros que domina el decorado de su restaurante ubicado en la misma casa donde vivió con ella y por lo que hace 12 años regresó de la Unión Americana.

En pleno centro de Emiliano Zapata, municipio ubicado a 30 minutos de Cuernavaca, Morelos, Rodríguez Nava relata a EL UNIVERSAL que ver a su mamá y estar con ella los últimos días de su vida fueron su principal motivo para regresar al país, después de haber emigrado a Estados Unidos cuando era adolescente.

“Estar al lado de mi mamá fue el principal motivo por el que regresé a Zapata. Quería estar con ella, estaba enferma y no quería estar lejos”, explica mientras un aroma a comida mexicana inunda el pequeño jardín ubicado dentro del local.

Asegura que por la aventura de viajar llegó a Estados Unidos en 1989, decisión que fue apoyada por su familia; sin embargo, a pesar de mantener comunicación permanente con su mamá y hermanos por medio de cartas y llamadas telefónicas, la nostalgia de no estar con ellos y el delicado estado de salud de su madre hicieron que volviera al país.

“No me arrepiento de haberme regresado. Estuve con ella los últimos años de su vida y aquí encontré a mi esposa. Tampoco me arrepiento de haberme ido al norte, conocí lugares, otra cultura, gané dinero y gracias a eso pude poner este restaurante que me da para vivir y estar con mi familia”.

Cuando se le pregunta si regresaría a la Unión Americana, contesta inmediatamente y con seguridad: “Jamás me regresaría a vivir allá, sólo iría de visita porque mis hijos quieren conocer”. En el mismo restaurante trabaja Faustino Cabello, un migrante originario del mismo poblado, y que en noviembre del año pasado regresó de Estados Unidos por el mismo motivo que el de Javier: estar al lado de su familia, de la que se alejó en 1998.

Tino, quien trabajó como electricista en Las Vegas, Nevada, se arrepiente de no haber tomado antes la decisión de regresar para estar con sus parientes, debido a que hace un par de años su mamá falleció.

“A los paisanos que tienen familiares en México les digo que ahorita que los tienen con vida, que todavía los van a saludar en carne propia, porque cuando uno no los tiene se arrepiente. Hubiera querido estar aquí con ella. No lo pude hacer y ahora no la tengo, me arrepiento”, declara.

Otro de los motivos que llevaron a Faustino a regresarse a México fue el endurecimiento de las políticas laborales y la necesidad de contar con documentos legales para poder tener un buen trabajo.

“En Las Vegas está muy dura la situación. Hay trabajo, pero en taquerías mexicanas. Corres el riesgo de que no haya empleo seguro. No hay sueldo seguro”.

Agrega que la vida en el país estadounidense es muy cara, por lo que es necesario tener más de un trabajo. “Así como ganas, gastas. Ahí tenía que pagar 600 dólares de renta, 130 de luz, 150 de gas, los teléfonos y carros. Si no ganabas bien, no podías pagar los recibos”.

Asegura que en el presente gana lo suficiente para vivir y no preocuparse de pagar altos costos en los servicios.

“Vivo con mi papá, estoy con él y no me preocupo de tener que ganar más de mil 200 dólares al mes”, explica.

Tino comenta que en la Unión Americana sólo se dedicaba a trabajar, algunas veces más de 40 horas y sólo llegaba a dormir al pequeño departamento, que rentaba con otras personas. “Cuando estaba allá [en Estados Unidos] había días que trabajaba de ocho de la mañana a morir. Únicamente llegaba al departamento a dormir y descansar un par de horas y al otro día lo mismo, pero tenía que aprovechar el tiempo extra, porque te lo pagaban al doble. No era siempre; tenía que aprovecharlo cuando había”, dice.

Alejado de las presiones diarias por no contar con documentos para trabajar y vivir, Faustino tiene una vida más tranquila, en la que se da tiempo para hacer ejercicio y salir a convivir con amigos. “No tengo que preocuparme del tráfico, vivo a unas cuadras del restaurante. Aquí el ambiente es más agradable. Cuando descanso puedo jugar en el campo deportivo del pueblo que está a una cuadra de aquí y donde hay una liga de veteranos, muchos de ellos amigos de la escuela y que he vuelto a ver”.

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