Historia. “Ahora te detienen parejo, por todo, y eso me da miedo”

Por años dejaron pasar la decisión de legalizar su estancia en EU, pero hoy eso los tiene angustiados
María Teresa Chávez (izq.) afirma que vive en El Paso, Texas, desde hace más de 20 años y ahora que busca solicitar su residencia legal la situación económica se lo dificulta (FOTOS: ARIEL OJEDA. EL UNIVERSAL)
19/03/2017
02:06
Ariadna García
El Paso, Texas.—
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Hace 20 años que María Teresa Chávez llegó a El Paso, Texas, procedente de Villa Zaragoza, Chihuahua. No tiene documentos que acrediten su estancia legal en el lugar y el miedo ya la hizo su presa.

Fue en busca de su hermana que vivía en El Paso y quien sí tiene una residencia legal. La mujer de 65 años se quedó sola en Chihuahua y por eso decidió ir en busca de su familia.

“No tengo hijos, soy sola, por eso me vine para acá, para estar con mi hermana, porque ya no tenía nada que hacer en Chihuahua”, describe en entrevista con EL UNIVERSAL.

María Teresa llegó hasta el consulado de México en El Paso a pedir ayuda al Centro de Defensoría que fue instalado el 3 de marzo.

“La verdad es que yo vi en las noticias que aquí en el consulado podían orientarnos, podían decirnos qué hacer, por eso vine, porque estoy asustada”, señala.

Cuando María Teresa Chávez llegó a El Paso trabajó en áreas de servicio. Ha vivido con su hermana, pero no se preocupó en ningún momento por regularizar su estancia.

“Nunca hemos tenido problemas. Sí, sabemos que a los migrantes los deportan, pero sobre todo a aquellos que se portan mal. Ahora estamos viendo que detienen a todos parejo, que hasta por ir en la calle a la tienda o a cualquier lugar uno puede ser detenido y eso me da miedo”, relata.

María no tiene récord criminal, es decir, no tiene multas por infringir reglas de tránsito o del orden social. A decir de ella misma, ha sido una buena ciudadana que ha pagado sus impuestos.

“Quiero ver qué se puede hacer, en qué me pueden ayudar, porque ¿a qué regreso a México? Mi familia, que es mi hermana, está aquí”, explica.

El problema para María Teresa es que llevar a cabo el proceso para solicitar la residencia legal no es cosa sencilla desde el punto de vista económico. El trámite le cuesto 726 dólares y además debe contratar a un abogado estadounidense.

“A mí me gustaría ser residente, arreglar mis papeles, pero no tengo 726 dólares a la mano y tampoco tengo para pagar un abogado, por eso pido la ayuda. A veces trabajo y a veces no, entonces no tengo los recursos para el trámite”, expone.

Del consulado mexicano se llevó las sugerencias que la autoridad mexicana ha difundido: respetar la ley; no abrir la puerta de casa si llegan presuntas autoridades migratorias, a menos que exista una orden emitida por un juez; se le indicó su derecho a guardar silencio, entre otros.

El cónsul Marcos Bucio le prometió que de ser posible, la representación mexicana buscará la manera de ayudarla económicamente para el proceso de regularización. Aunque dependerá de los recursos con que cuente el consulado.

“¿Ha valido la pena?”. Otro caso es el de María Maturino Gastélum. Su cara refleja la preocupación de no saber qué va a pasar. El estrés de tener a un hijo en un Centro de Detención, en la antesala de poder ser deportado, la tiene asustada.

Lo único que buscó en el año 2003 fue huir de la violencia en Ciudad Juárez, Chihuahua.

 

Originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, María Maturino ha vivido la deportación de su hijo mayor: Raymundo Vázquez, en 2007, y un año después su esposo también fue deportado.

Hoy vive la angustia de no saber qué va a pasar con su hijo Jesús, quien está en un Centro de Detención a la espera de una audiencia, para determinar si se le permite quedarse en El Paso.

“Nosotros nos venimos a El Paso porque la violencia en Ciudad Juárez estaba muy dura. Mi esposo y yo decidimos cruzar con los cuatro hijos y empezar una vida nueva. Uno llega buscando el sueño americano, ¿verdad? Hoy no estoy segura si ha valido la pena, porque primero me deportaron a mi hijo el mayor, luego a mi esposo y ahora a ver qué pasa con Jesús”, relata.

Maturino tiene hoy 10 nietos que nacieron en Estados Unidos, pero no le da garantía de que su situación migratoria cambie. Su esposo y su hijo mayor fueron detenidos por infringir la ley de tránsito y la falta de una identificación les hizo caer en manos de la autoridad. Fueron deportados.

“Ya no sabemos ni para dónde hacernos. Nos da miedo salir hasta a la tienda porque nos pueden detener. Yo pienso que eso no está bien, porque nosotros no somos personas malas. Nosotros salimos de México porque la cosa estaba muy fea en [Ciudad] Juárez, por eso buscamos eso que se llama el sueño americano, pero no estamos tranquilos aquí”, señala Maturino Gastélum.

“Pienso mucho si valió la pena venir para acá, pero tampoco quiero volver a México”, dice.

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