Crónica. Desprotegidos, así no se puede sonreír: Jacinta

Jacinta pasó tres años 8 meses en prisión, donde aprendió a hablar español a fuerza; fue acusada de secuestrar a seis agentes de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI)
JUAN CARLOS REYES. EL UNIVERSAL
22/02/2017
04:00
Perla Miranda
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“Yo trato de ser feliz, pero no podré serlo, no, por lo que me pasó a mí, sino porque uno escucha que hay desaparecidos, que matan gente, que no estamos protegidos, así no se puede sonreír”, dijo Jacinta Francisco en entrevista con EL UNIVERSAL luego de que Raúl Cervantes Andrade, a nombre de la Procuraduría General de la República (PGR), se disculpara públicamente y reconociera su inocencia tras ser acusada de secuestrar a seis agentes de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI).

El perdón del procurador no la sosiega: “Me sentiría bien cuando se acaben las injusticias, dicen que mi caso es el último, no les creo, hay que luchar por los que sufren, los que están en las cárceles sin haber hecho nada malo”.

Una petición retumba en la mente de Jacinta: “Que no se repitan estos casos, que no se cometan más injusticias, si pasa lo mismo yo revivo mi dolor, y así de nada sirven las palabras del procurador”.

Los tres años con ocho meses que estuvo separada de su familia fue lo más difícil. “Sientes que te vas a volver loca, no sabes qué pensar, y cuando llegan y te dicen que estarás ahí por 21 años sólo quieres llorar”.

También la entristece haber tenido que aprender español en una condición de reclusa y evitar hablar su lengua natal porque las custodias se burlaban o la reprendían. “Cuando yo entré sabía muy poquito, me costó regaños porque ni yo sabía lo que me decían y al revés, o había compañeras que me acusaban de decir groserías. Ahora ya sé un poco más y si no entiendo pregunto lo que significan las palabras, aunque creo que sería muy difícil; me gustaría aprender a escribir”.

Cuando Jacinta salió del Cereso de San José El Alto pensó que “el infierno ya estaba en el pasado”, pero le costó trabajo reintegrarse a la sociedad. “La gente piensa que la cárcel está hecha para delincuentes, por eso cuando yo salí me daba miedo que me creyeran todo eso que salió en los periódicos”.

En ocasiones se sentía señalada, pero no le daba importancia porque ella sabía que no era culpable.

No pide indemnización, “dicen que reparación de daño, desde el principio dije que a mí me gusta trabajar y ganarme mis pesos” y en caso de recibir dinero lo repartirá “entre todos lo que lo necesiten”.

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