Crónica. Se cumple el ancestral ritual priísta en la CNOP

Cristina Díaz levanta la mano de la fórmula que ya da como única y ganadora
Cristina Díaz, líder de la CNOP, en medio de Manlio Fabio Beltrones y Carolina Monroy levanta los brazos de ambos en muestra de triunfo (DIEGO SÁNCHEZ. CUARTOSCURO)
09/08/2015
03:10
Juan Arvizu Arrioja
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Empujan para abrazar a Manlio Fabio Beltrones en un hervor de entusiasmo, en el que el sonorense camina y sonríe tranquilo, atento a ir codo a codo con su compañera de fórmula, Carolina Monroy del Mazo que, sin embargo, es desplazada una y otra vez por los adeptos al próximo presidente nacional del PRI.

Los militantes del sector popular sudan y forcejean entre ellos por estar frente a Beltrones (“te fijas cómo me saluda por mi nombre”), pero también pelean contra una escuadra de vigilantes que avientan mujeres, periodistas, diputados, senadores, a todos. Se dan gusto.

Entra al auditorio de la nueva sede de la CNOP, frente al Monumento a la Revolución. La secretaria general de la organización, Cristina Díaz, presenta la propuesta de apoyar a Beltrones, “nuestro Manlio Fabio” y a Carolina Monroy del Mazo, como fórmula para que dirijan el partido.

A mano alzada, la Comisión Nacional Permanente de Gobierno aprueba el apoyo formal a quien en el hecho político, la esencia, el fondo, ya es, y Cristina Díaz, colocada entre ambos, en la forma levanta el brazo de Beltrones, sonriente, impasible, y de Monroy, encendida de entusiasmo, electrizada por el momento y, sin embargo, ella misma, espectadora, pues el centro es el sonorense.

Los minutos pertenecen a una secuencia de aplausos del ritual priísta, que acompasan al discurso de Beltrones Rivera, en el cual explica para qué ser jerarca del partido —apoyar a Enrique Peña Nieto—, y de anunciación de que estará en consulta cotidiana con el Presidente de la República. “Y que nadie se extrañe”.

La gente escucha atenta. Cambia el matiz de su oratoria. Siembra una sentencia: “Aquellos tiempos en los que se hablaba de la sana distancia están muy atrás”. Levanta el índice, el ademán de juicio: “Esa distancia nos hizo perder la Presidencia de la República”. Deja el paso a las voces y palmas de aprobación a su idea. Prosigue: “Entonces no fue tan sana”.

El ex presidente del PRI, Gustavo Carvajal Moreno, presencia el momento en el presídium, junto con el senador Joel Ayala —“mi compadre”, ha dicho Beltrones—, y los gobernadores de Durango, Jorge Herrera Caldera, y Querétaro, José Calzada Rovirosa, y la ex lideresa del sector popular, Silvia Hernández.

Beltronistas de fiesta, allí: Héctor Gutiérrez de la Garza, Manuel Añorve Baños, Marco Antonio Bernal, Alberto Aguilar Iñárritu, Alejandro Gutiérrez, Noemí Guzmán (la suplente de Fernando Gutiérrez Barrios en el Senado); Alfredo Villegas, Ricardo López Pescador. Están los senadores Raúl Pazos, Ismael Hernández Deras, Miguel Ángel Chico Herrera. Cuadros, cuadros, más cuadros.

Avanza así Beltrones Rivera hacia el liderato nacional. Cargo nuevo. En 2012 se hizo a un lado y Enrique Peña Nieto ganó la candidatura presidencial. En estos días ha dicho que entonces estuvo de acuerdo con el mexiquense en ello.

Ese acuerdo Peña-Beltrones, eventualmente se habría concretado en una comida de unas cuatro horas, en Campeche, a solas los dos, luego de un debate interno por la candidatura para recuperar Los Pinos.

Toca a Beltrones ir a Insurgentes Norte, y cuando cita en su mensaje a César Camacho, dice: “Encabezó” al partido. Corrige al instante con gerundio: “Está encabezando todavía”. Y remacha con recurso del ingenio: “¡Qué urgencia!” La gente ríe y justifica que habla con el entusiasmo que contagia su antecesor.

Después Camacho Quiroz llegará al lugar, y en la calle, entre tambores de batucada, porras, empujones de todos contra todos, los dos políticos se saludan: “Presidente, con el gusto de abrazarlo”. Las palmadas a la espalda no se oyen en el escándalo de los adeptos y el aún jerarca dice: “Te informamos que ya están las bases firmes para el momento que tú quieras”.

Se despiden. Camacho Quiroz pasa a inaugurar las instalaciones, donde hay espacios en remembranza de Luis Donaldo Colosio; allí saluda a Laura Elena Colosio Murrieta, luego reconoce la actitud positiva de militantes y entusiasta les dice: “¡Esa es la mística!”. Posteriormente, a pie recorre dos cuadras, cruza Paseo de la Reforma para entrar a un hotel a una reunión por el informe legislativo de Cristina Díaz Salazar, y en la caminata dice al grupo que juntos avanzan “a paso de vencedores”.

Es el momento del partido que apoya a Enrique Peña Nieto.

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