Derecho a opinar en la red, ¿indiscriminado?

Antes de los medios sociales la publicidad era unidireccional, los arquetipos no necesariamente se entendían como prejuicios y los modelos a seguir estaban definidos y acotados por lo políticamente correcto y por lo socialmente aceptado
Ser ignorante y opinar diferente es una receta del éxito digital, si tasamos nuestro valor social en el número de interacciones que recibimos o en la capacidad de polemizar y generar controversia. (TOMADA DE TWITTER)
08/08/2017
02:25
Alonso Cedeño
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Los medios sociales han brindado el derecho a la opinión de manera indiscriminada, es parte de la disrupción digital y social que vivimos en esta época. Hace años los niños callaban donde los adultos hablaban, los lerdos e ignorantes no tenían cabida en conversaciones serias. La opinión de todos no valía lo mismo, fijar agenda y ser tomado en serio era parte del encanto y reto de convertirse en un comunicador respetado o “líder de opinión”.

Antes de los medios sociales la publicidad era unidireccional, los arquetipos no necesariamente se entendían como prejuicios y los modelos a seguir estaban definidos y acotados por lo políticamente correcto y por lo socialmente aceptado. La posibilidad de disentir se incrementó cuando la voz colectiva adquirió el valor de una masa crítica, cuando mi incomodidad, o mis ganas de reconocimiento encontraron otros receptores y transmisores que, no sólo hicieron eco, sino que incrementaron su persistencia y añadieron el valor del antisistema, la capacidad de ser diferente.

Hace meses Paola Espinosa, clavadista mexicana, una persona exitosa, para evitar el “adjetivo” de “mujer”, tuvo la osadía de confesar que sería mamá, y que consideraba este hecho como la “mayor medalla de su carrera”. Sólo para el registro, su esposo, también deportista exitoso, usó exactamente las mismas palabras. La semana pasada cuando se hizo público el nacimiento, una marca utilizó la mismas palabras para felicitarla. Esto desató criticas que podemos resumir, por su nivel de recurrencia, en tres categorías:

Las desinformadas, que atribuyeron las palabras a un copy de una agencia de publicidad, que debía de ser cesado fulminantemente por su falta de sensibilidad, aquellas que aun entendiendo que dicha frase había sido usada primeramente por Paola, consideraban incorrecto que las usara la marca y, finalmente, las menos, pero existentes, que consideraron que Paola no tenía el derecho de considerar la maternidad como un logro y que su opinión implicaba un retroceso en la lucha de los derechos de la mujer y la desaparición de los prejuicios que sujetan a la mujer a la cocina y promueven la imposición de un “heteropatriarcado”.

La marca, lejos de sufrir en su imagen, vio catapultadas sus interacciones en un 3 mil 458% en un solo día, los comentarios en su muro se dividieron en 43% en contra de la publicación y 67% a favor, mientras que en conversaciones abiertas la mayoría se trató de notas informativas y el porcentaje de negativos subió a un 46%.

En temas tan apasionantes como los derechos humanos, o la publicidad con perspectiva de genero, nunca se puede argumentar, las descalificaciones surgen de inmediato y los usuarios parecen creer la única opinión válida es la que se parece a la propia.

¿Quien marca los estereotipos validos?, ¿por qué es bueno promover la imagen de persona exitosa profesionalmente, pero no es correcto señalar sus logros en cuanto a la paternidad o maternidad?, ¿existen las críticas a promover como un ideal a una persona exitosa en el ámbito deportivo?, ¿no es una afrenta para todos aquellos o aquellas que han decidido no incursionar en ese ámbito?, ¿vale más como persona un o una intelectual que un padre o madre que encuentra en ello su realización?

La facilidad que nos brindan los medios para generar opiniones a la ligera, a veces desde el anonimato o la seguridad de que nunca existirá interacción personal, nos ha hecho irresponsables al opinar. Ser ignorante y opinar diferente es una receta del éxito digital, si tasamos nuestro valor social en el número de interacciones que recibimos o en la capacidad de polemizar y generar controversia.

En breve, el derecho de opinar y disentir, por lo menos en la red, ya no es por mérito propio, lo ganó y generó alguien más para otros y lo ejercemos sin límite ni consideración.

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