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Los millennials y las elecciones 2017

Las campañas apostaron por ese segmento de la población, pero no fue suficiente “hablar su idioma”, era necesario generar las motivaciones suficientes para que fueran a votar
Jóvenes participaron en la instalación de casillas en las elecciones del domingo pasado, en Coahuila (IVAN STEPHENS. EL UNIVERSAL)
06/06/2017
02:37
Alonso Cedeño
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Ser millennial no se define por la fecha de nacimiento, es más acertado agruparlos por hábitos de navegación y su comportamiento digital, pues el acceso a internet parece ser condición sine qua non para entrar en la categoría. Las campañas en 2017 apostaron fuertemente por “el segmento de moda”, inclusive generaron páginas estilo manga de algunos de ellos, buscaron mimetizarse con ellos y entablar canales de comunicación. El incentivo era alto, 42% del listado nominal del país está entre los 18 y los 34 años, ahí están los que nunca han votado, son los que pueden definir una elección.

Pero no es suficiente “hablar su idioma”, no se trata solamente de utilizar los medios sociales como el traductor infalible para comunicarse con ellos, era necesario activarlos, emocionarlos, generar las motivaciones suficientes y facilitar la participación democrática, liberar los detonadores que los hicieran ir a la urna y cambiar, de una vez por todas, la percepción de que a los jóvenes no les interesa el futuro.

El 51.9 % de las contenidos publicados en el ecosistema digital durante los últimas 72 horas antes de la elección y con referencia a la misma fueron producidos por jóvenes entre los 25 y 34 años, le sigue el segmento de 18 a 24 años que fue responsable de generar el 24.8% de la conversación. Ninguno de estos datos corresponde, ni al promedio de conversación general en internet, ni a su volumen demográfico, no, simplemente la generación Z no aportó lo que normalmente hubiéramos esperado, y aunque aún es temprano para saberlo, seguramente en las urnas no alcanzó ni siquiera lo correspondiente al volumen de la conversación.

Pero, ¿qué razón tendrían para haberlo hecho?, para todos ellos, y probablemente incluyan hasta a los millennials “de corazón” pero no de edad, que se identifican con perseguir causas superiores y ser partícipes de una sociedad que se supera y preocupa por trascender, no se encontraron mayores propuestas que recibir dinero “por ser joven”, universidades por municipio o tarjetas con dinero. Fueron tentados con ser responsables de castigar la corrupción de los políticos, cuando para esta generación el valor y la palabra “honestidad” son considerados atributos inexistentes para los gobernantes.

La palabra Cambio nunca significó nada; no es un tema que apareciera en la conversación, o tal vez aquellas conversaciones genuinas se diluyeron entre las toneladas de publicaciones aplaudiendo artificialmente a los candidatos de todos los partidos, los cientos de videos denostando y atacando, con mentiras y calumnias, parejas de todos colores y contra todos los candidatos. Simplemente el día de ayer pudimos separar más de 900 mil menciones respecto a “Elecciones 2017” o con el nombre de cualquier candidato, 3 millones de interacciones, 637 mil millones de impactos potenciales. Los sentimientos asociados son, en su mayoría, ira y miedo, se diluyó la esperanza, nunca existió la empatía, en medios sociales o se promovía el voto contra el sistema o se temía el cambio radical del mismo. Ante estas opciones, ¿no es mas fácil mantenerse al margen de la decisión?

Durante toda la jornada el contenido tenía un sentimiento asociado principalmente neutro, informativo, sin sorpresas ni demasiadas denuncias, el marranero y las artimañas estaban en la calle pero no se trasladaban a las pantallas, no como recurrentemente sucedía. Ni INE ni IEMM ni FEPADE fueron términos relevantes, tal vez será que los usuarios de internet están acostumbrados a interactuar digitalmente y recibir respuesta inmediata, en segundos, desde un saludo, una cita, un Uber, su comida, o la confirmación instantánea de un viaje; y aun estamos esperando la respuesta a la denuncia por los hashtags del Partido Verde en los comicios de 2015.

Pero al momento de cerrar las casillas y empezar a publicarse resultados, el sentimiento negativo se disparó. La credibilidad de las instituciones democráticas en medios sociales es terrible, el PREP es cuestionado o utilizado como confirmación de la victoria sin siquiera verificar que apenas llevaba 2%, los datos contrastados —en segundos— entre las sábanas y las capturas de pantalla, “pruebas irrefutables” de los fraudes por venir.

Yo no voté por el PRI, inclusive participamos en campañas en partidos diferentes al PRI, pero hoy, me entristece profundamente los mensajes de odio de varias personas hacia aquellos que los hicieron su opción, ¿es acaso su verdad y su opinión más legítima que la de ellos?, ¿esa es la polarización que estamos buscando para formar la nueva gobernabilidad y participación democrática? ¿Aún nos preguntamos por qué alejamos a los jóvenes de la política y la alta abstención?

En doce meses estaremos renovando presidente, ambas cámaras, nueve gobernadores y la mayoría de los ayuntamientos y cabildos de este país, necesitamos cambiar nuestra intención de simplemente comunicarnos con la mitad del padrón, por entenderlos y motivarlos, ahí se nos va el futuro, que probablemente ya ni siquiera es el nuestro, sino el suyo.

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