Parkinson afecta a 50 de cada 100 mil: Seguro

Jorge Uriel García, médico traumatólogo ortopedista, se sometió a una cirug ía que provoca una estimulación cerebral para contrarrestar el Parkinson. (CORTESÍA: JORGE URIEL GARCÍA)
11/04/2017
02:33
Perla Miranda
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“De un día para otro comencé a tener un temblor en la mano izquierda, pasó una semana y no se me quitaba, esa situación limitó mi desempeño como cirujano.

Primero pensé que era estrés, pero en el hospital donde trabajaba me dieron el diagnóstico de Parkinson”, relata a EL UNIVERSAL Jorge Uriel García Barajas, médico traumatólogo ortopedista.

Hoy se conmemora el Día Mundial del Parkinson, enfermedad neurodegenerativa que se caracteriza por la pérdida de una sustancia que se denomina dopamina a nivel cerebral, en un punto específico que se llama sustancia nigra. Esta afección se caracteriza principalmente por el temblor de extremidades y algunos pacientes presentan rigidez en su cuerpo y lentitud de movimiento, explicó Jesús Fonseca Cosío, del servicio de Neurocirugía del Hospital de Especialidades del Centro Médico Siglo XXI.

En México no hay estadísticas oficiales que informen cuántas personas viven con Parkinson, pero Fonseca Cosío dijo que la incidencia que tienen en el Hospital de Especialidades del IMSS es de 40 a 50 casos por cada 100 mil habitantes.

El experto mencionó que los afectados por este mal tienen entre 55 y 60 años, pero en el país la incidencia en menores de 40 años es alta. Como ocurrió con Uriel Barajas, en 2001, quien a los 41 años fue diagnosticado, “los doctores consideraron que era una persona joven para presentar este tipo de problema”.

Agregó que el diagnóstico tardío ocurre porque hay pacientes que presentan síntomas que no son tan característicos del Parkinson, como la depresión o alteraciones en el olfato tiempo antes de presentar temblores.

Es común que los enfermos al momento de escribir, su letra se vaya haciendo pequeña. Otra alerta es que sienten que no pueden iniciar una actividad o que están lentos y hay algunas otras personas que se vuelven inexpresivos, dejan de sonreír, esos son otros síntomas tempranos.

Fonseca Cosió subrayó que la calidad de vida de los pacientes puede mermar: “Hay quienes no pueden ni llevarse la cuchara a la boca”.

Sobre el tratamiento para controlar esta afección detalló que existen diferentes opciones: primero el farmacológico a base de medicamentos que se llaman agonistas dopaminérgicos “que sustituyen la función de eso que se está agotando dentro del cerebro de los pacientes”, y en aquellos casos que los afectados son renuentes al tratamiento o de difícil control, existe una cirugía que provoca una estimulación cerebral profunda, “se les coloca un electrodo en su cerebro que está descargando impulsos eléctricos”.

Jorge Uriel fue candidato a esta cirugía, dado que su vida laboral, emocional y física estaba limitada.

 

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