Perfil. Lula, de popular presidente a condenado por corrupción

Luiz Inácio Lula da Silva fue el héroe obrero de Brasil, que pilotó su milagro económico, y toda una estrella internacional; ahora parece estar lejos de esos días, hoy fue condenado a 9 años y prisión por corrupción y lavado de dinero
(Foto: Reuters)
12/07/2017
12:58
Agencias
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Luiz Inácio Lula da Silva fue el héroe obrero de Brasil, que pilotó su milagro económico y una estrella internacional, aunque para la Fiscalía brasileña fue también el "comandante" del mayor escándalo de corrupción del país.

Con 70 años, su vida, llena de luchas y oportunidades, dio su giro más inesperado hoy cuando el juez Sergio Moro, que investiga el gigantesco escándalo por desvíos en Petrobras, lo condenó a nueve años y medio de prisión, acusándolo de corrupción y lavado de dinero.

Menos después de ver cómo su ahijada política, Dilma Rousseff, era destituida por el Senado, al patriarca de la izquierda que presidió al mayor país de América Latina entre 2003-2010, le llegó otro golpe.

Lula da Silva, que seguirá en libertad en espera de su apelación, también enfrenta otros tres procesos en su contra, en uno de ellos fue acusado de obstrucción a la Justicia por supuestamente haber ofrecido dinero por el silencio de uno de los testigos que colaboran con las investigaciones sobre las corruptelas en la estatal.

El ex presidente igualmente es investigado en otras dos causas porque habría recibido beneficios de empresas que desviaron recursos de la petrolera.

DE BOLEADOR A PRESIDENTE
Nacido en el árido noreste en octubre de 1945, Luiz Inacio Lula da Silva conoció desde la cuna lo más dramático de la pobreza que azotaba a casi un tercio de los brasileños.

El séptimo hijo de un matrimonio de analfabetos fue abandonado por su padre con siete años, antes de que la familia emigrara a la prometedora capital industrial de Brasil, Sao Paulo, como millones de coterráneos.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas, a los 15 años inició su formación de tornero mecánico, perdió un meñique en una máquina y al final de la década de 1970 se convirtió en el líder sindical al mando de una histórica huelga que desafió a la dictadura (1964-85).

Brasilia, sin embargo, se hizo esperar y en tres ocasiones fue derrotado como candidato presidencial al frente de su Partido de los Trabajadores (PT), que él mismo había cofundado en 1980.

El político al que Barack Obama calificó como "el hombre", llegó finalmente a la presidencia en 2003, montado en promesas de justicia social, mientras el real se derretía ante el terror de los mercados a un presidente sindicalista.

"Escapé de morir de hambre antes de los cinco años, eso fue un milagro. El segundo fue obtener un diploma de tornero mecánico. Otro fue adquirir conciencia política, fundar un partido. Y otro fue que llegué a la presidencia de la República. Y fui mejor que todos ellos, cientistas políticos, médicos, abogados que presidieron el país", recordó rodeado de militantes tras declarar ante la justicia en marzo.

Durante sus dos mandatos, empujados por el viento a favor de la economía mundial, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza e ingresaron en las clases medias.

En el mundo, su ascensión causó furor y los presidentes disputaban su tiempo para visitar o recibir al mandatario descrito por la revista Foreign Policy como una "estrella del rock de la escena internacional".

Lula da Silva coronó su mandato, y su popularidad mundial, consiguiendo para Brasil la sede de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016.

Aunque no acabó la secundaria, el ex presidente cuenta con 30 títulos honoris causa de universidades de todo el planeta.

AÑOS EN LA BATALLA
La causa Petrobras no es la primera que envuelve a Lula da Silva en un escándalo de corrupción. En 2005 su gobierno se tambaleó cuando perdió a algunos de sus principales ministros y jerarcas del PT, acusados de crear una millonaria contabilidad ilegal (el "mensalão") para pagar a partidos y congresistas a cambio de apoyo político.

El ex presidente consiguió mantenerse al margen, fue reelegido en 2006, y en 2010 consiguió la victoria de su heredera Rousseff.

Un año después de dejar el poder, al ex mandatario le diagnosticaron un cáncer de laringe que superó, aunque dejó huella en su voz áspera con la que declaró a la justicia haber sufrido una "canallada homérica" en estos meses.

Aunque ya avisó el mismo día en que la policía le llevó a declarar: "Si querían matar a la serpiente, no le golpearon en la cabeza, le pegaron en el rabo, y la serpiente está viva como siempre", afirmó.

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