“Amelia Earhart, la historia vuelta mito”

Investigador lleva 29 años buscando a la piloto y su avión; ella fue negligente en su plan de vuelo y eso la mató, asegura
Richard Gillespie Fundador del grupo Tighar (ARCHIVO AP)
01/07/2017
02:49
Renzo Giner Vásquez / El Comercio
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Era el 1 de junio de 1937 y Amelia Earhart partía desde Los Ángeles para iniciar un viaje diseñado para ser histórico, pero que resultó siendo legendario. Había pasado dos años diseñando un plan de vuelo con el que le daría la vuelta al mundo a través de la línea ecuatorial.

El 2 de julio de 1937, tras recorrer 35 mil 045 kilómetros y con 11 mil más por volar partió de Papúa Nueva Guinea. Sin embargo, siete horas después emitió una señal de abierta y tras una hora perdió contacto de radio. Ni los restos de Earhart ni los de su avión fueron encontrados, y su desaparición se convirtió en uno de los mayores misterios de la aviación, despertando el interés de miles de investigadores.

Uno de ellos, Richard Gillespie, ha dedicado los últimos 29 años a esta búsqueda. En 1985, Gillespie fundó Tighar: el Grupo Internacional de Recuperación de Aviones Históricos. “Tras fundar Thigar nos preguntamos si nos interesaba tomar el caso, lo más lógico era pensar que se quedó sin gasolina y cayó al mar. Sin embargo, investigando su última transmisión, pensamos que debíamos buscar no sólo en el océano, sino en las islas cercanas... y nos dimos una gran sorpresa”, nos cuenta.

¿Cuál fue la sorpresa?

—Que esa había sido la primera teoría de la Marina estadounidense. Por ello enviaron un acorazado desde Hawaii, a 2 mil millas [3 mil 200 kilómetros], para buscar a través de esta línea de vuelo que ella dijo que seguiría. Mientras la buscaban, radio operadores a lo largo del Pacífico, incluso una persona de Perú, escucharon señales de emergencia de la radio de su avión. Las señales salían de las islas que hoy conocemos como Nikumaroro. Eso significaba que no estaba en el océano porque si no se habría mojado y dejado de funcionar.

El avión debió aterrizar y, además, de forma segura para poder recargar las baterías [de la radio]. Tras la sexta noche de búsqueda, la señal se detuvo, lo que implicaba que se habría hundido en un arrecife cercano. Cuando la buscaron [en 1937] no encontraron nada, por eso el informe final sólo indicaba que el avión cayó al mar. Pero tres meses después de su desaparición, los británicos enviaron una expedición a la isla.

¿Y encontraron algo?

—Tomaron fotografías y una de ellas, captada en la costa oeste de la isla, muestra algo que se asoma por el mar. Un experto nuestro revisó esa fotografía y determinó que es un objeto hecho por el hombre con las mismas dimensiones y formas que el tren de aterrizaje del avión de Earhart. Lo llevamos con expertos del gobierno y concordaron en que, si bien no podemos estar seguros porque no tenemos el objeto, la fotografía parece mostrar restos del tren.

Hay muchas teorías de la conspiración alrededor de la desaparición de Earhart. ¿Qué opina de eso?

—Bueno, éstas responden a una película hecha en 1943 llamada Flight for Freedom [Vuelo para la Libertad]. Es una historia ficticia sobre una piloto y un navegante. En la película, la piloto desaparece a propósito para que la marina tenga una excusa para buscarla y ocupar territorio japonés. Era muy popular entre las tropas estadounidenses que estaban en el Pacífico. Por eso cuando los soldados llegaron a la isla de Saipan, en 1944, les preguntaron a los locales si habían visto a un hombre y una mujer en custodia. Y de hecho hubo una pareja, no sé si de hermanos o esposos, que eran misioneros y fueron tomados como rehenes por los japoneses. Eso dio pie a muchísimas historias, el problema es que todas las teorías se contradicen entre sí. Responden a una mentalidad de época de guerra.

Usted ha realizado 11 expediciones a las islas Nikumaroro, cuéntenos más sobre estos viajes...

—Sí, pero además hemos viajado a Fiji, a las islas Salomón buscando gente que había vivido en Nikumaroro, a Inglaterra para buscar registros históricos. Este proceso ha sido como armar un rompecabezas donde ves qué pieza encaja en cada lugar. A veces descubres que lo que tanto te costó hallar en realidad no es importante [risas]. Hoy, tras 11 expediciones podemos decir que la figura está casi completa. Tenemos una imagen muy buena de lo que pasó pero aún faltan pequeñas piezas, algo que quite toda duda, como un hueso o ADN de Amelia Earhart. Eso buscaremos en nuestra expedición 12.

¿Qué equipos usaron?

—Antes hemos usado sonares, vehículos de video operados a control remoto, fotografías de drones, de satélites, radares que penetraban en el suelo, pero no nos sirvió mucho. Para esta expedición usaremos básicamente detectores de metal que funcionan bajo el agua, el ojo humano y, gracias a la National Geographic Society, usaremos perros entrenados. Soy un poco escéptico sobre cuánto ayudarán los perros pero decidí intentar.

En 1991 hallaron un trozo de metal que correspondería al avión de Earhart. ¿Es la pieza más importante hasta ahora?

—Tiene el potencial más grande, estamos 99% seguros de que pertenece a la nave pero falta el 1%. El otro día recibí un correo de alguien que trabaja en un museo de Connecticut y me decía que tenía un avión DC-3 en el que podría calzar ese pedazo de metal [Earhart voló en un avión diferente, el Lockheed 10 Electra]. Así que este mes iré con el pedazo de metal, lo revisaré y si encaja seré el primero en decir que pese a haber estado 99% seguros encaja mejor en otra nave. En esto siempre hay que mantener la mente abierta, no puedes casarte con ninguna pieza de investigación, debes comprobar todo. Prefiero quitarme la duda que vivir con ella.

¿Ya ha pensado en el momento en que el misterio se resuelva?

—¡Claro! Hemos pasado cosas increíbles. Tenemos un dicho por aquí: “Uno nunca busca aventuras, estas sólo pasan cuando las cosas van mal” [risas]. Me refiero a que una aventura es grandiosa de recordar, pero cuando te está pasando sólo piensas en cómo sobrevivirás a eso. Hemos estado en lugares hermosos pero muchas veces letales, con gente buena, entrenada, haciendo trabajos muy duros. Sé que cuando se acabe será difícil. Pero habrá mucha resistencia a creernos.

¿Por qué?

—Hasta las evidencias más convincentes sólo te dejan imaginar lo que pasó y hay mucha gente que está invirtiendo en otras teorías. Personalmente lo que busco es escribir un segundo libro, uno que tenga un capítulo completo sobre la vida de Amelia Earhart, con cosas que no han sido dichas.

¿Qué tipo de cosas?

—Se ha convertido en una leyenda pero la investigación me obliga a ser objetivo. La verdad es que Amelia fue bastante negligente planeando y ejecutando su plan de vuelo. Cometió muchos errores, fue descuidada y eso terminó matándola. Pero su historia se ha vuelto tan famosa que es casi mitológica. Yo quiero indagar más, descubrir por qué tomó decisiones tan malas, por qué no lo planeó mejor.

 

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