“Venezuela no es sólo bombas, es esperanza”

Lucha contra el gobierno seguirá pese a represión, dice; llama a la comunidad internacional a que ejerza presión
Wuilly Arteaga, Violinista venezolano (FOTOS: CORTESÍA DE WUILLY ARTEAGA)
24/06/2017
04:00
Max Aub
Miami, Florida
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El video de Wuilly Arteaga, un joven venezolano de 23 años, llorando porque policías le arrebataron y destruyeron su violín el pasado 24 de mayo cuando se manifestaba de forma pacífica en Caracas con su música en contra del gobierno de Nicolás Maduro, dio la vuelta al mundo.

Completamente autodidacta y originario de Caracas, Arteaga comenzó a los 17 años practicar el violín a través de los llamados “tutores” en YouTube hasta lograr dominarlo.

Autodidacta en todos los sentidos, su familia practica una religión que, según dice él, no tiene nombre. “Simplemente creemos en Dios, en Jesús; pero no tiene nombre la religión que practicamos en mi familia”, dice. Una práctica religiosa que tampoco le permitió ir a la escuela. “Cuando crecí me di cuenta que tenía que aprender muchas cosas y me dediqué a aprender”.

En una breve gira, llegó a Miami para reunirse con congresistas estadounidenses y con el exilio venezolano, a quienes pidió que presionen a la comunidad internacional. En esta visita, Wuilly Arteaga habló en exclusiva para EL UNIVERSAL.

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¿Por qué estás en Miami?

—Vine para que el mundo se dé cuenta de lo que realmente está pasando en Venezuela. Es un país que está llorando, pero yo estoy completamente seguro de que pronto vamos a salir de esa situación que estamos viviendo. Imagínense, un guardia me revienta un violín y hoy estoy acá con otro, que me han regalado, que me han obsequiado.

Estuve en un programa de Univision Radio que conducen los Pichi Boys y ellos hicieron que Shakira me firmara y me regalara un violín, ¡Se imaginan! Y estuve con Oscarcito, quien también ofreció regalarme un violín. Imagínense la sorpresa, me llevaron con Marc Anthony y firmaron ahí otro violín y me lo entregaron. Yo la verdad estoy muy agradecido.

Muchas personas me preguntan, ¿cómo te sientes?, yo solamente puedo decir que estoy agradecido, porque estoy completamente seguro de que por alguna razón pasan estas cosas. El aprendizaje es que tenemos que estar unidos como personas, como venezolanos, como gente.

Cuéntanos sobre la experiencia que viviste cuando te agredió la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela.

—Sé muy bien que la música lleva un mensaje sin violencia, pacífico, y por eso fue que toqué ese día en la marcha. Yo pensé que los muchachos se iban a molestar; los muchachos que estaban ahí resistiendo las bombas —lacrimógenas—, que me iban a decir: ‘¡Epa! pero cómo tú estás tocando el violín aquí, vete’, pero no, lo contrario, cuando yo comienzo a tocar ellos empiezan a animarse y a decirle a los guardias: ‘Esta es la Venezuela por la cual nosotros estamos luchando’.

Venezuela no es bomba lacrimógena, Venezuela es talento, Venezuela es música, juventud, fuerza y esperanza.

Cada vez que yo iba a tocar en una marcha, me protegían, me cubrían con sus escudos, me echaban algo en la cara para que no me ahogara con los gases lacrimógenos.

Pero poco a poco la represión fue tan fuerte que yo llegué a tocar justo frente a los policías. Incluso, cuando yo me acercaba a la Guardia Nacional veía cómo algunos lloraban, otros me hacían la seña levantando el dedo pulgar —de aceptación—.

Pero otros me decían con un dialecto —forma de hablar— que no era venezolano, sino cubano; —me decían— muchas cosas feas. Yo creo que es un momento muy importante, porque es el trasfondo de todo esto. Nosotros estamos bajo un régimen cubano; siempre, todos estos años —han sido así— y se nos ha manipulado.

Y también quiero enviar este mensaje a venezolanos que han estado quemando la bandera de Cuba, tanto Cuba como Venezuela tenemos que ser libres de eso y para lograrlo tenemos que estar unidos. Todos los latinos, venezolanos, me he dado cuenta aquí —en Miami— cómo nos han estado apoyando, enviando insumos a Venezuela y creo que estamos comenzando a sentir esa unión, que es lo único que nos va a sacar de esta situación tan fea.

¿Estás diciendo que cubanos están disfrazados de la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela y algunos de ellos son quienes realmente te agredieron?

—Sí, cubanos vestidos de la Guardia Nacional Bolivariana nos están atacando. Yo estaba tocando y se me acercó un grupo de motorizados —policías en motocicletas— y comenzaron a rodearme; escuchaba sus acentos y yo sólo los comencé a esquivar, pero uno de ellos agarró mi violín de un lado y yo lo sostuve del otro lado y ellos seguían —en la motocicleta— y me estaban arrastrando y pues ya no pude sostener más el violín.

Yo les pido que me devuelvan mi violín, se regresan como para atropellarme y yo los esquivo y de repente un guardia se baja de su moto y le quita el violín a su compañero, el que me lo había quitado, y va corriendo hacia mí, yo corro hacia él y me da mi violín, y nos damos un abrazo, de ahí yo salgo corriendo y me refugio con los demás y comienzo a llorar.

¿Quién es su líder? ¿A quién están siguiendo?

—El 90% de los que estamos ahí sabemos que no tenemos líder, porque todavía no hay una persona que nos diga algo o nos indique qué hacer. Y eso lo vivo yo a diario con los muchachos allá. Nos preguntamos, ¿hasta cuándo va a ser esto? ¿Hasta cuándo va a ser así? Yo les pregunto: ‘¿Qué estamos haciendo? ¿Hacia dónde vamos?’ Pero sí sabemos que debemos continuar, hacer lo que se tenga que hacer para que esto pueda acabar.

¿Temes por tu vida o tu libertad ahora que regreses a Venezuela?

—Es un miedo que hemos estado enfrentando por mucho tiempo los venezolanos y estoy dispuesto a enfrentar ese miedo que, por supuesto, ahora siento. He recibido muchísimas amenazas, de diferentes maneras. No quiero morir y confío en Dios.

¿Cómo se enfrentan las armas y la represión del gobierno de Nicolás Maduro?

—Todos los días, de día y de noche, hay niños y yo les pregunto: ‘¿Qué haces aquí?’ y me responden: ‘Estoy luchando por mi país’.

Todo tipo de personas están en las calles luchando: hay mujeres, hay gente de mucho dinero, hay muchachitas, niñas que están ahí enfrente; o sea, de todo tipo de personas y clases sociales están ahí enfrente —a la represión—, aguantando bombas —lacrimógenas—, esperando a que todo se termine.

Y es donde me doy cuenta, no importa el nivel social que tengamos, en la unión está la fuerza. Hay una gran comunión entre todos, hay personas que llevan comida.

¿Crees haber inspirado a otros venezolanos para seguir resistiendo?

—Sí, me han dicho que me convertí en un símbolo. Es una inspiración para que muchos jóvenes vean que ése es un camino de vida. La música a mí me ha salvado la vida en diferentes oportunidades y yo creo que ahora también lo está haciendo por Venezuela.

¿Apoyarías una intervención militar de otro u otros países para que los ayude?

—La comunidad internacional tiene que hacer presión; especialmente para detener a esos países que le están vendiendo a Venezuela las bombas lacrimógenas con las que están atacándonos y matándonos. Pero no que nos invadan, los problemas de los venezolanos los podemos resolver los venezolanos. Pero cómo vamos a hacerlo —pacíficamente— cuando Rusia, cuando España, cuando China están vendiendo las bombas —lacrimógenas— a Venezuela; ya Brasil dejó de hacerlo.

Lo que hace falta es alimento, medicinas. Nosotros —en las calles— recogemos los escombros de las bombas —lacrimógenas— y dicen: ‘Hecho en China’, ‘Hecho en España’ y así.

No queremos invasión —ayuda militar— queremos ver que la comunidad internacional verdaderamente hace presión desde afuera.

Wuilly Artega regresa a Caracas, Venezuela, el fin de semana “para continuar la lucha”, dice, “con mi violín”. Espera no ser detenido al tratar de ingresar a su país. “Y espero que no haya más muertos, por favor”, comenta. Ya suman más de 70 los jóvenes que han perdido la vida, cuando de manera pacífica han estado pidiendo al régimen de Maduro que llame a nuevas elecciones presidenciales.

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