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Oxígeno para la dirigencia cubana

A sabiendas de que en Cuba seguirá existiendo un partido legal, al régimen no le altera la advertencia de Trump de “no seguiremos callados ante el comunismo"
18/06/2017
01:15
José Meléndez / corresponsal
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Una vieja historia de la política cubana cuenta que si el anticastrismo contrarrevolucionario anticomunista de Miami, Florida, no existiera, la revolución castrista comunista de Cuba lo hubiera inventado, para prolongar su existencia con uno de muchos pretextos para exhibirse como una plaza sitiada por el asedio político, diplomático y económico de Estados Unidos y justificar su implacable sistema de partido único en defensa de un aparato instalado en 1959 y bautizado socialista desde 1961.

Bajo el añejo contexto de sentirse siempre amenazada por la Casa Blanca, a la dirigencia revolucionaria de la isla tampoco la desvela el mensaje que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronunció el pasado viernes en Miami, corazón del más furioso anticastrismo, para retornar a épocas duras de la política de Washington hacia La Habana y atender la intensa presión de las más fuertes organizaciones contrarrevolucionarias de Miami.

El escenario de acoso estadounidense es la esencia del día a día en Cuba desde que Fidel Castro, fallecido el pasado 25 de noviembre, entró triunfante a La Habana en enero de 1959 luego de una guerra de guerrillas de más de dos años.

Trump anunció el viernes un menú de acciones para revertir parte de la histórica apertura que, luego de 18 meses de negociaciones secretas, anunciaron los presidentes Barack Obama, de EU, y Raúl Castro, de Cuba, el 17 de diciembre de 2014 y que remató, entre otras medidas, en reanudar los lazos diplomáticos en julio de 2015 (rotos en enero de 1961) o flexibilizar las restricciones para que los estadounidenses viajen a la isla.

En un hecho sin precedentes, el gobierno de Obama se abstuvo de votar en la Organización de Naciones Unidas (ONU) en contra de una resolución para condenar el embargo económico que Washington impuso en 1962 a Cuba en un intento por cercar a la isla por sus políticas de nacionalización de empresas estadounidenses y por adoptar un sistema comunista de gobierno.

Trump ordenó reimponer limitaciones más duras a los estadounidenses que pretendan viajar a Cuba y establecer mayor restricción para que compañías de Estados Unidos hagan negocios con empresas cubanas controladas por militares. En su alocución, el presidente lanzó otra añeja promesa que, cada vez que fue proclamada por otros gobernantes de EU, siempre hace vibrar de emoción a los anticastristas de Florida aunque tampoco pasa de ser una declaración vacía y sólo se queda en el aire: “lograremos una Cuba libre pronto”.

Curtido por 58 años y más de seis meses de hostigamiento de la Casa Blanca, con una fallida invasión anticastrista en 1961, un bloqueo naval en 1962 por el plan (luego cancelado) de instalar misiles de la entonces Unión Soviética en suelo cubano, el control de una base militar de EU en el oriente cubano y por múltiples proyectos de sabotaje militar, económico, social, sanitario, agropecuario y con los más variados objetivos con el sello de “Made in USA” (Hecho en EU), el liderazgo comunista de Cuba sabe como sortear el abanico de intentonas radicales de EU en contra de su sobrevivencia.

A sabiendas de que en Cuba seguirá existiendo sólo un partido legal (el Comunista) de poder omnipresente y de que permanecerá el presidio político para los opositores, sin elecciones ni prensa libres, al régimen cubano tampoco le altera la advertencia de Trump de que “no seguiremos callados ante la opresión comunista”.

Al conocer los detalles de la nueva política de la Casa Blanca hacia La Habana, la revolución comunista respondió que la “retórica hostil” de Trump —quien dijo lo que el anticastrismo quería escuchar y alimentó aplausos y gritos de libertad en un escenario de remembranzas contrarrevolucionarias— es un “retroceso” en los nexos bilaterales y las acciones “están destinadas a fracasar”. La Habana está convencida de que Miami y Washington le oxigenan para mostrarse como plaza sitiada.

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