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La deuda mortal que dejó el dictador

31/05/2017
01:54
José Meléndez / corresponsal
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La decapitación del médico opositor Hugo Spadafora en 1985, el asesinato del opositor Heliodoro Portugal en 1970, las ejecuciones del capitán Moisés Giroldi y de otros 11 militares en 1989, la desaparición del sacerdote colombiano Héctor Gallego en 1971 y… numerosos puntos suspensivos.

Todos ellos engrosan la lista de víctimas de la represión y de las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen que, de 1968 a 1989, gobernó en Panamá pero en especial a partir de 1983, bajo el mando del entonces general y dictador Manuel Antonio Noriega, el implacable y desafiante “hombre fuerte” de ese país y quien falleció anteanoche en un hospital panameño. Su cuerpo fue cremado ayer en una ceremonia privada.

“Se le recordará en la historia como persona nefasta, criminal”, dijo la panameña Alida Spadafora, hermana del médico que fue uno de los principales enemigos del dictador tras la muerte, en 1981, del general Omar Torrijos, fundador en 1968 por la vía de un golpe de Estado del régimen militar del que Noriega se apropió en 1983. “El destino quiso llevárselo pero tenía deudas por pagar”, afirmó, en entrevista con EL UNIVERSAL.

Panamá fue estremecida en septiembre de 1985 por el homicidio de Hugo Spadafora, por el que Noriega fue condenado a 20 años de prisión que empezó a descontar en diciembre de 2011 al ser repatriado luego de purgar penas por narcoactividad en Estados Unidos y Francia desde enero de 1990.

El cadáver del médico fue hallado en la frontera entre Costa Rica y Panamá, pero su cabeza nunca apareció. “Noriega fue autoritario, arrogante, no quería hacer el bien, tuvo unos valores alterados de vida y cometió crímenes. Asesinó y torturó y en nuestros países no debemos repetir esa historia”, afirmó la hermana del médico que sirvió a Torrijos como viceministro de Salud.

Al retornar en 2011 a Panamá, el ex dictador comenzó a descontar los 20 años por el caso Spadafora y 40 por los asesinatos de Giroldi y otros militares, caídos en una venganza tras sublevarse en octubre de 1989 a Noriega en la fase final de su reinado.

Un caso pendiente es el de Portugal, un opositor asesinado en 1970 cuando Noriega ya era jefe de la inteligencia militar de Torrijos. El sacerdote Gallego fue detenido en junio de 1971 por militares panameños y nunca reapareció, en un caso que asemeja al de otras desapariciones.

Al reafirmar que “hay otros casos”, la hermana de Spadafora aseguró que en “la dictadura de Noriega los derechos individuales y colectivos no eran respetados”. “Aún hay mucha historia que contar”, afirmó Josué Giroldi, hijo del capitán Giroldi. Citado por el diario La Prensa, de Panamá, pidió: “Que se cuente la historia, no importa que sea difícil de escucharla, de leerla, que se cuente y no quede en el olvido”.

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