El fiscal adjunto queda en el ojo del huracán

Rosenstein dedicó el jueves a pasear por el Senado para hablar con senadores sobre su versión de los hechos
12/05/2017
01:51
Víctor Sancho / Corresponsal
Washington
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El conjunto de subtramas de la fulminante destitución de James Comey tiene en uno de sus papeles protagónicos al recientemente nombrado fiscal general adjunto, Rod Rosenstein.

Fue a él a quien Trump, en una reunión el pasado lunes, le pidió que escribiera un informe sobre las preocupaciones que generaba la figura del ahora ex director del FBI, y así lo hizo.

En su reporte no había ninguna recomendación explícita, a diferencia del documento elaborado por el fiscal general Jeff Sessions, quien en un principio se había inhibido del caso. Sin embargo, originalmente, la Casa Blanca le cargó a Rosenstein la responsabilidad de la separación de Comey de su cargo.

Uno de los artículos de opinión del diario The New York Times de ayer arremetió duramente contra el fiscal adjunto, culpándolo de ser “testigo o participante” de “encubrir la verdadera razón” por la que fue despedido Comey del FBI.

Andrew Rosenthal, el autor del texto, criticó duramente el memorando que terminó con la carrera de Comey y redactado por Rosenstein, un informe “pobremente razonado” y basado en “columnas de opinión” que “parecían los manifiestos del equipo de George W. Bush para justificar la tortura y otras actividades ilegales”.

Estar en el centro del ojo del huracán no dejó cómodo al número dos del Departamento de Justicia. Según varios reportes de prensa, Rosenstein se enojó por esa actuación, e incluso amenazó con presentar la dimisión de su cargo.

Tras la inhibición de Sessions de todas las investigaciones referidas a Rusia y la campaña electoral, Rosenstein es la persona clave en este aspecto que sobrevuela la Casa Blanca, y pone en jaque permanente a la presidencia de Trump.

En una carta abierta del equipo editorial del The New York Times se le hace un llamado para que nombre a un fiscal independiente para el Rusiagate con el fin de salvaguardar “la democracia de Estados Unidos”, un peso “de mucha responsabilidad” que debe “cargar”. “Le puede costar su trabajo. Pero salvaría su honor”, concluye el editorial.

Rosenstein dedicó el jueves a pasear por el Senado para hablar con senadores sobre su versión de los hechos. Una visita “habitual” y ya programada, según los portavoces del Departamento de Justicia, aunque no lo pareciera ya que muchos de ellos tuvieron que abandonar comisiones y reuniones para verse con el fiscal general adjunto.

Los líderes republicano y demócrata del Senado anunciaron ayer que habían invitado a Rosenstein a que en un futuro próximo fuera a la Cámara a informar a los legisladores sobre lo que realmente sucedió durante el proceso de destitución de Comey. Todavía no hay respuesta, pero el demócrata Chuck Schumer se mostró esperanzado de que Rosenstein aceptará.

 

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