La capitana de la Policía de Carabineros, Catalina Riascos, jefa del departamento de guías caninos del Putumayo, sintió como propio el drama de los animales que caminaban solos por las calles de Mocoa.

Apoyada por 12 de sus hombres, comenzó a recuperar a los animales que deambulaban por las calles de la devastada ciudad. Crearon un hogar de paso improvisado en el parqueadero de la Policía de Mocoa, detrás del coliseo.

Más de 100 animales, entre perros y gatos, han sido atendidos en este hogar de paso, al que han llegado a apoyar veterinarios de los centros educativos del Putumayo, además de voluntarios de Nariño y el Huila.

Se cuenta con medicamentos básicos para preservar la vida de las mascotas y alimento que han donado algunas fundaciones, aunque se necesita más.

“Nos hemos distribuido el trabajo entre voluntarios, Policía y comunidad para buscar los animales que aún quedan por las calles. Los recogemos sin saber si están vivos o muertos por la gravedad de su patología, pero los hemos podido recuperar, verlos sanos nos da mucha alegría”, relata Ángela Patricia González, médica universitaria de la Universidad de la Amazonia.

Organizaciones animalistas de todo el país han llegado a la capital del Putumayo para rescatar animales, como es el caso de Naricitas Húmedas, Fundación Arca y Colonia Holly.

Roco, un perro pastor alemán de aproximadamente 12 años que permanece en el hogar improvisado, se ha convertido en un héroe para el municipio. El canino, en medio de la avalancha, rescató a varias personas y las llevó hacia las orillas para que allí fueran auxiliadas.

El Tiempo de Colombia (GDA) también conoció la historia de Lassie, una perrita criolla color dorado que vagaba desde la mañana del sábado 1.° de abril en el barrio San Miguel.

A pesar del llamado de sus vecinos para salir de la zona, Lassie no quiso irse y permanecía acostada en la cama de su dueño, de quien aún se desconoce el paradero, pero que la perrita, de aproximadamente un año, esperaba que regresara.

Cuatro días después de la avalancha, José Darío, un voluntario oriundo de Villavicencio, decidió recorrer la zona y allí encontró a Lassie, que se le montó encima y le lamió la cara.

Élver Molina, un hombre de 32 años, recuerda como encontró a Luna, su mascota. “En el momento de la tragedia, salí con mi familia corriendo en medio de la oscuridad, mi perrita se quedó atrás y, desde un segundo piso, en la casa de un vecino, vi como el agua se llevó mi casa. Pensé que la había perdido, pero dos días después la encontré debajo de unas tablas escondida, aún con miedo y esperándome”, relata.

Muñeca es otro símbolo de supervivencia, pues simplemente con el olfato logró ubicar a sus amos en este albergue.

“Un vecino que duerme en la misma carpa que nosotros regresó a nuestro barrio, donde no quedaba nada por la avalancha. Ahí sintió que una perrita lo olía mucho, hasta que terminó por pegársele a él, y, aunque no la conocía, decidió traerla al albergue. Mi vecino llegó diciendo ‘mirá que una perrita lleva horas caminando conmigo’, y cuando la vimos, era mi Muñeca, por el olfato nos encontró”, cuenta Jenny Paz, su dueña.

En el albergue del ITP y en los otros que hay en Mocoa, también hacen presencia la Policía de Carabineros y las asociaciones animalistas, que les brindan servicio médico a los animales y los vacunan contra enfermedades que pueden surgir debido al hacinamiento.

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