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Perfil. Choi Soon-sil

La “Rasputina” de Seúl
Choi Soon-sil (centro), en enero, a su llegada para una audiencia en la Corte Constitucional de Seúl. Está acusada de corrupción (AFP)
11/03/2017
02:33
Redacción
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“Cometí un delito por el que merezco morir”. Así habló a la prensa, en noviembre pasado, Choi Soon-sil, mejor conocida como la “Rasputina surcoreana”, tras destaparse la forma en que aprovechó su influencia sobre la presidenta Park Geun-hye para su propio beneficio económico.

Hija de Choi Tae-min, un autodenominado vidente fundador de la Iglesia de la Vida Eterna, que mezcla elementos cristianos, budistas y animistas, Choi Soon-sil se volvió, a la muerte de su padre, en la nueva líder del culto.

La cercanía de Tae-min con el padre de Park, el dictador Park Chung-hee, permitió estrechar lazos entre Choi y Park hijas.

De acuerdo con un cable diplomático de 2007 que filtró el portal WikiLeaks, se sabía que Choi padre tenía “control completo sobre el alma y cuerpo de Park durante los años de formación de ella”.

Choi hija heredó esa influencia sobre Park, que medios compararon con la que tuviera el controvertido místico ruso sobre la dinastía Romanov.

Quien fuera marido de Choi, Chung Yong-hoi, fue incluso asesor de la presidenta Park hasta 2013, año en que Park se convirtió en presidenta de Corea del Sur.

Una vez en el cargo, la influencia de Choi sobre Park se hizo más que evidente, pese a no tener ningún cargo en el gobierno.

No hacía falta, siendo su mentora espiritual. “Park Geun-hye es sólo una marioneta” de Choi, dijo a la cadena CNN David Kang, experto coreano de la Universidad del Sur de California. Choo Mi-ae, líder del opositor Partido Democrático, afirmó que Choi recibía los informes presidenciales y habló incluso de un grupo de consejeros secretos creado por Choi llamado “las ocho hadas”, cuyo objetivo era incidir en asuntos no sólo empresariales, sino estatales.

Tras su arresto en noviembre, Choi fue acusada de abusar de su relación con la mandataria para conseguir donaciones por cerca de 70 millones de dólares de empresas como Samsung y Hyundai para Mir y K-Sports, dos fundaciones controladas por Choi. Pese a asegurar que merecía morir, ella insiste en que no se benefició de su relación con Park. 

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