“Prohibido disentir”, el lema del magnate

Sus polémicas decisiones y las formas que gasta la nueva administración han despertado un sentimiento de descontento entre los funcionarios públicos nunca antes visto
Miles participaron en la “Marcha por las Mujeres”, en Washington DC, un día después de la investidura del magnate republicano como presidente (BRYAN WOOLSTON. REUTERS)
05/02/2017
02:18
Víctor Sancho / Corresponsal
Washington
-A +A

De los primeros días del gobierno de Donald Trump se puede extraer una conclusión: no quiere ver el verbo “disentir” relacionado con su administración. Las masivas protestas populares, empezando por la “Marcha de las Mujeres” el día después de la toma de posesión, lo enfadaron, y mucho. Pero lo que saca más de quicio al nuevo presidente estadounidense es la disidencia en su casa.

Sus polémicas decisiones y las formas que gasta la nueva administración han despertado un sentimiento de descontento entre los funcionarios públicos nunca antes visto.

Los cambios en la administración han frustrado a muchos funcionarios, o al menos esa es la sensación de Randy Erwin, presidente de la Federación Nacional de Empleados Federales. “Están extremadamente preocupados, y eso que están acostumbrados a ver como cambian de dirección los vientos políticos”, aseguró al diario The Washington Post.

Chris Lu, ex subsecretaria de Trabajo en la administración de Barack Obama, dijo en una entrevista que “no recordaba esta sensación de discrepancia” en ningún otro momento de la historia del país: “Es claramente inusual”. No está tan de acuerdo la republicana Anita McBride, quien asegura que la única diferencia es que ahora “la discrepancia es mucho más abierta, pública” y antes se hacía de forma interna.

En el campo diplomático, por ejemplo, existe el conocido “Canal de Discrepancias”: un servicio creado en 1971, en el contexto de la Guerra de Vietnam, para expresar desacuerdos. Sin embargo, ahora está en duda si este canal será el adecuado.

En parte, porque se enfrentan a un presidente lenguaraz y un portavoz que no rehúsa el contacto y las amenazas en público, empujado por su jefe. “O se ciñen al programa o se van”, dijo en un momento Sean Spicer, saliendo al paso de las primeras (e importantes) voces críticas. “Si no quieren servir en un gobierno de alguien que es diferente, que dimitan”, señaló Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes y aliado cercano de Trump.

La aparición de un memorándum firmado por hasta mil diplomáticos criticando la política exterior del gobierno de Trump destapó la caja de los truenos y demostró a la vez la innecesaria actividad a través del “Canal de Discrepancias”.

Era la confirmación de una rebelión que se había iniciado con el futuro cambio que se prevé en política ambiental: tras la prohibición a las agencias y servicios científicos de divulgar información, empezaron a surgir cuentas en redes sociales para defender la existencia del cambio climático, la importancia de los datos científicos y atacar las posturas oficiales.

Si bien al principio se creía que todo estaba gestionado por funcionarios descontentos, el paso de los días demostró que formaba parte de una acción de activistas autodenominados “Twistance”, juego de palabras entre “Twitter” y “resistance” (resistencia). Sea como sea, acumularon millones de seguidores en pocos días.

El toque final de la disidencia lo protagonizó la ex fiscal general interina, Sally Yates, y su negativa a defender el veto a refugiados y migrantes. Fue despedida y se convirtió en el mártir simbólico de los funcionarios descontentos que ya se están organizando. “Implícitamente [el despido] se convirtió en una amenaza a aquellos que expresen desacuerdo”, afirmó a NPR Jon Finer, ex asesor del ex secretario de Estado John Kerry.

Por eso los funcionarios están buscando otras salidas. Los fines de semana muchos se reúnen en iglesias y centros comunitarios para analizar las opciones reales de oposición a las órdenes de sus superiores. Cerca de 200 empleados federales se han apuntado a un retiro para ser aconsejados sobre cómo disentir y expresar desobediencia civil sin ser amonestados. Algunos oficiales han asegurado a medios locales que van a ralentizar la burocracia para no aplicar las nuevas normativas.

“No es una sorpresa”, apunta a The Hill Stephen Hess, un ex asesor en cuatro administraciones de ambos colores. La retórica antiburócrata de la campaña de Trump no ayudó a conseguir el favor del cuerpo de funcionarios. Al contrario: “Puso más leña en el fuego”.

INFORMACIÓN RELACIONADA

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS