“Desmantelar TLC con México es absurdo”

El autor esboza la relación entre el magnate y AL; critica la política proteccionista del republicano
Sergio Ramírez Mercado. Escritor de Nicaragua y político. (JOSÉ MELÉNDEZ. EL UNIVERSAL)
17/01/2017
01:50
José Meléndez / corresponsal
Managua
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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez apela a las palabras más sencillas para explicar el impacto del ascenso del magnate republicano Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. “Trump pretende algo absurdo: desmantelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte [TLCAN]”, advierte en una entrevista con EL UNIVERSAL.

Cuando el próximo viernes asuma la presidencia de EU, Trump se topará con una América Latina diversa, de aciertos y fracasos de la democracia y autoritarismos, con “crisis de seguridad” en México, conflictos económicos y de ingobernabilidad en Brasil, prolongados problemas de institucionalidad en Venezuela y en Nicaragua. Además de un escenario interamericano bastante complejo.

“La política proteccionista de Trump es contraria a la globalización económica mundial”, señala el escritor, de 74 años, quien también es abogado, fue vicepresidente de Nicaragua (1985-1990), diputado y candidato presidencial derrotado en 1996. Así que, además de letras, Ramírez sabe —y mucho— de política.

Fue un participante clave en la lucha contra la dictadura dinástica de los Somoza, que gobernó en Nicaragua durante 45 años hasta 1979, y ahora es un férreo crítico de un régimen al que califica de antidemocrático: el de los Ortega Murillo y su montaje dictatorial que empezó a ser instalado en enero de 2007 con falta de respeto a las reglas del juego democrático.

 

¿Cuál es la América Latina con que se encontrará Trump?

—Muy diversa, en medio de aciertos, experimentos y fracasos de la democracia, autoritarismos y sin ser una situación única. Hay que ver la crisis de seguridad nacional que vive México y, como el vecino más próximo de Estados Unidos, eso aumenta las posibilidades de una crisis [bilateral].

El hecho de que Brasil haya sido un modelo de crecimiento y de evolución hacia una potencia económica mundial, y que hoy está en una crisis económica y de gobernabilidad.

La de Venezuela, que no ha sido resuelta pese al mandato popular de las elecciones parlamentarias ganadas por la oposición, en diciembre de 2015. Una situación latinoamericana diversa y compleja, más que en 2016.

 

¿Cómo impactará en AL el nexo de Trump con el presidente ruso, Vladimir Putin?

—Hoy vemos un acercamiento previsto entre la Rusia de Putin y Trump. Parecería que [el magnate] busca aliados para enfrentar a China. Es otro tipo de situación internacional [en América Latina]. Tendría Trump que reconstruir la vieja enemistad [de EU] con Cuba y hacer retroceder los avances [por el deshielo entre Washington y La Habana iniciado en 2014] que el presidente Obama logró, para generar tensión.

 

¿Cree que Trump promoverá castigar a Nicaragua y al presidente Daniel Ortega por falta de transparencia democrática?

—Por un acto simbólico bipartidista, de republicanos y demócratas, y en tiempos de la política de distensión de [Barack] Obama, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto en septiembre de 2016 de sanciones a Nicaragua, pendiente de que lo refrende el Senado. Ese proyecto ahora tampoco es prioritario para Trump, quien primero quiere despejar su agenda con el Congreso en política interior o la política proteccionista de Trump que confronta con la globalización económica mundial. Él no tiene la varita mágica para reconvertir las relaciones económicas y políticas del gobierno estadounidense de la noche a la mañana. Quizás a Ortega le ayude su cercanía con Putin.

 

¿México sí está en el radar inmediato de Trump?

—México sí, porque el problema es más económico que político. El problema es que Trump pretende algo que es absurdo: desmantelar el Tratado de Libre Comercio [de América del Norte] que se basa en un intercambio que es bastante viejo. El cierre de la planta [que la automotriz Ford iba a construir] en San Luis Potosí es gravísimo.

Se va a descalabrar a futuro esa relación, sin resultados favorables a la economía de Estados Unidos.

Trump es bien hábil en gestos simbólicos que impactan a la población que lo votó, pero que no tienen verdaderamente efectos económicos en la transformación ni en la recuperación de mano de obra en la industria automotriz de Estados Unidos.

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