“A Brasil no le interesan los presos”

En las cárceles, dice, impera sobrepoblación y no se respetan los derechos humanos
Julita Lembruger (CORTESÍA JULITA LEMBRUGER)
14/01/2017
01:56
Javier Sinay
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Buenos Aires.— “Brasil tiene la Ley de Ejecución Penal, de 1984, que detalla los derechos y las obligaciones de los presos, pero el Estado no respeta ni siquiera sus propias leyes: por eso las prisiones llegaron a esta crisis”, explicó en entrevista con EL UNIVERSAL la socióloga brasileña Julita Lembruger, experta en la cuestión penitenciaria.

Desde el pasado 1 de enero, una sucesión de motines y matanzas en cárceles de Brasil ha dejado más de 100 muertos en este país, que es el cuarto con más presos en el mundo: 607 mil (México tiene 257 mil y ocupa el séptimo lugar).

Lembruger es una de las mayores especialistas en el tema. Estuvo al frente de la dirección de las cárceles del estado de Río de Janeiro entre 1991 y 1994 y fue ómbudsman ante la policía del mismo estado entre 1999 y 2000.

Ha sido miembro de la organización Penal Reform International y del Consorcio Internacional sobre Políticas de Droga y es coordinadora de Centro de Estudios de Seguridad Pública y Ciudadanía en la Universidad Candido Mendes.

“En las prisiones de Brasil, la sobrepoblación es el problema más grave”, indicó, “pero además las condiciones de cumplimento de las penas son crueles, inhumanas y degradantes. En un ambiente en el que la ley es ignorada y el Estado se omite, algún poder va a tomar cuenta de ese espacio. Y ese poder es el de las facciones criminales”.

¿Cuáles son las causas de estos motines tan violentos?

—La cuestión es muy simple: tenemos una sobrepoblación gigantesca porque nuestro sistema de justicia criminal es disfuncional.

Hay un embudo en la entrada y en la salida de la cárcel. La mayor parte de los presos están con prisión preventiva o de modo ilegal. Y algunos presos con derecho a salida transitoria no la reciben.

De esta manera, con falta de derechos y maltrato, surge el combustible para estas explosiones. Pero los jueces también son responsables por esta crisis: en Brasil, algunas leyes se quedan en los papeles.

¿La ausencia del Estado se da por la corrupción de las autoridades de la cárcel?

—No. Eso es algo posterior. La ausencia del Estado se da porque éste no cumple con la ley. Los derechos establecidos en la Ley de Ejecución Penal no son contemplados. Los criminales corrompen a los guardias para conseguir una serie de privilegios, pero el problema central es que Brasil tiene cientos de miles de presos viviendo como animales.

¿Para usted, entonces, no es una sorpresa lo que está pasando?

—No. En 2014 pasó algo parecido y fue una conmoción nacional, pero luego se olvidó. La sociedad brasileña no está interesada en los presos, quienes casi en su totalidad son negros y pobres.

¿Cree usted que al menos el presidente Michel Temer esté preocupado por este problema?

—Creo que ni él ni ninguno de los presidentes que tuvimos están o estuvieron preocupados por esto.

Yo trabajo en el área hace más de 30 años y fui miembro de tres comisiones parlamentarias de investigación sobre el asunto. Ante cada gran tragedia en las prisiones, el Congreso crea una comisión y escucha a los especialistas. Las conclusiones y las recomendaciones, a lo largo de estas décadas, han sido las mismas, pero jamás se hizo algo, porque esto no es una prioridad. De aquí a un mes, todas estas matanzas serán olvidadas.

¿Tampoco los partidos políticos populares se preocupan?

—No, ni siquiera el Partido de los Trabajadores (PT). Tuvimos una presidenta que fue presa política, que fue torturada y ni siquiera en la época del gobierno de Dilma [Rousseff] se hizo algo por las prisiones.

La cuestión penitenciaria nunca fue importante para el poder público.

¿Cómo fue su experiencia al frente del sistema penitenciario del estado de Río de Janeiro?

—Fue un momento muy diferente al que vivimos hoy. No había la sobrepoblación actual, ni los teléfonos celulares. Tuvimos mucho trabajo para reducir los niveles de corrupción y de violencia, algo que siempre fue una marca en el sistema penitenciario del país. Se hizo un trabajo cotidiano para demostrarle a los guardias que un ambiente en el que la violencia impera es un mal negocio para todo el mundo.

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