Análisis. El Pontífice de la reconciliación

06/08/2015
02:52
Elio Masferrer Kan
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El papa Francisco puso el dedo en la llaga, los divorciados no están excomulgados, son parte de la Iglesia católica y deben ser tratados con toda delicadeza, teniendo en cuenta la situación dramática por la que atraviesan, aun más, teniendo especial cuidado para los hijos de los divorciados, quienes atraviesan una situación afectiva muy complicada.

El Papa se atiene a la Doctrina de la Iglesia y al Derecho Canónico. Lo que está dando es una particular interpretación de la misma, que se aparta de los estereotipos conservadores.

Recordemos que son miembros de la Iglesia romana todos los bautizados. El matrimonio tiene la peculiaridad de que es un sacramento que se otorgan entre sí los cónyuges, poniendo a Dios como testigo de su voluntad de contraer un matrimonio con aval sagrado. El sacerdote que oficia habitualmente es en sentido estricto un testigo institucional, no “el que los casa”.

La excomunión es una sanción disciplinaria que se aplica por faltas graves a la Doctrina y la Disciplina de la Institución, la dicta un obispo y hay un procedimiento especial para ser redimido. Los divorciados no están excomulgados, pero no pueden comulgar, que no es lo mismo, pues toda persona que tenga una relación sexual fuera de un matrimonio consagrado es un fornicador y, además, si está casado ante la Iglesia es también un adúltero. Doblemente pecador, por ello, si se confiesa ante un sacerdote éste podría no absolverlo y por ello no puede comulgar. Si se divorció pero no tiene relaciones sexuales, puede comulgar pues no es ni adúltero ni fornicario. Sólo se salva si es de manita sudada. Aquí no termina el asunto.

Es importante recordar que en el momento de la confesión el sacerdote no actúa por cuenta propia sino que “es como si fuera Cristo”, por ello podría absolver a un adúltero, a un fornicador o cualquier otro pecador o pecado, pues debe partir del “concepto del mal menor”. ¿Qué haría Jesús inspirado por la misericordia?, recuerden que Jesús salvó de morir lapidada a la mujer adúltera. Es allí donde el confesor debe evaluar la situación y podría autorizar al pecador/a divorciado, ladrón, asesino, etc. que comulgue. El sacerdote evalúa que el arrepentimiento sea sincero.

Francisco Bergoglio viene abonando una jurisprudencia canónica basada en la misericordia, encuadrado en los padres fundadores y el propio Jesús. La Iglesia debería actuar como madre que entiende y se solidariza con sus hijos, no como castigadora, que persigue a los cónyuges en el fracaso y no tiene en cuenta los niños que son quienes más sufren. Agrega otro dato: “Son muchos” los que están en esta situación dramática. No se sienten acogidos por la Iglesia y se han alejado de la misma. “Debemos garantizar” que los niños sean educados en la religión y no puede cerrarse a los mismos padres, si quieren continuar con la vida cristiana.

Muy cuidadoso en el discurso, en sentido estricto no dice nada que vaya contra la doctrina y la disciplina de la Iglesia, pero abre las puertas para que los divorciados sean recibidos nuevamente, recalca que los divorciados no están excomulgados, pero no dice que si no se arrepienten de sus pecados no pueden comulgar. Abre las puertas pero con condiciones, simultáneamente da instrucciones muy precisas a los confesores: no discriminen a los divorciados ni a sus hijos, mejor observen si a pesar de los problemas, mantienen un modo de vida cristiano, si es así recupérenlos en el seno de la Iglesia.

Esto producirá revuelo entre los sectores conservadores que no dejan ingresar a sus escuelas a los hijos de los divorciados o que los vetan para que sean padrinos. A ellos les dice: “Que cada uno haga su parte asumiendo la actitud del Buen Pastor, ¡que conoce a cada una de sus ovejas y no excluye a ninguna de su infinito amor!”

Profesor Emérito de la ENAH-INAH

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