Alexis Tsipras, la agonía de un ateniense

05/07/2015
01:08
Eduardo Mora Tavares
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Con sus 40 años, este ingeniero civil ha puesto a temblar a Europa. Lo ha hecho con sus acciones como primer ministro de Grecia, el más joven que ha tenido el país desde el siglo XIX, pero sobre todo con las ideas que desde su militancia en las juventudes comunistas griegas fue forjando para establecer un gobierno de izquierda radical y frenar el orden neoliberal que se ha enseñoreado en buena parte del planeta. No en balde, la revista Time incluyó a Tsipras entre las 100 personas más influyentes del mundo en 2015.

Con un rostro de adolescente austero y bien portado, pelo recortado y sacos sin corbata, Tsipras es, para algunos, una clase de macho cabrío populista en la cristalería europea, “el Hugo Chávez o Nicolás Maduro de Europa e incluso algo peor”, aunque para otros representa la alternativa a las fuerzas políticas tradicionales, los partidos que se han visto involucrados en escándalos de corrupción y malas administraciones públicas.

Sin duda, es un nuevo tipo de político, de ideas claras y acciones audaces o descabelladas e irresponsables, según se mire, como la de convocar al referéndum para que el pueblo griego decidiera si acepta o no más austeridad. Una cosa es cierta, Tsipras no ha engañado a nadie. Desde el primer momento definió su ideario político de izquierda radical y con ese fue ganando elecciones en Grecia.

Unos seis meses antes de la victoria de su partido Syriza en las elecciones parlamentarias griegas del 25 de enero pasado, Tsipras había advertido en una entrevista con Euronews que “un gobierno de izquierda enviará un mensaje potente a Europa, será la piedra que agitará las aguas tranquilas y será la oportunidad para que se produzca un gran cambio en Europa”.

Lo decía de cara a las elecciones parlamentarias europeas del 25 de mayo de 2014, en las que Syriza venció con 26.5% de los votos al gobernante partido de derecha Nueva Democracia, que se quedó con 22.7%.

Su victoria, en efecto, envió un potente mensaje a Europa, particularmente a la canciller alemana Angela Merkel, a quien Tsipras alucina y ve como la culpable de la tragedia griega con su inflexible política de austeridad. En esa misma entrevista, el político griego advertía que con los programas de Merkel, el sur de Europa necesitará perpetuamente nuevos préstamos. “La austeridad nos lleva a un círculo vicioso de recesión y nuevos préstamos”, dijo. En otra entrevista por la misma época, con European Left, Tsipras subrayaba la urgencia de “aislar políticamente” a la gobernante alemana, “derrotarla”, y “poner fin a la austeridad y recuperar la democracia”.

En las elecciones del 25 de enero pasado, Syriza se convirtió en la primera fuerza política del Parlamento griego, con el 36.3% de los votos, lo que significó 149 escaños de 300, dos menos para alcanzar la mayoría, frente al partido gobernante Nueva Democracia, que ganó 76 escaños, con 27.8% de los votos.

El triunfo de Tsipras fue la victoria de sus proclamas en el llamado Programa de Salónica, basado en cuatro pilares, que han formado parte de su discurso político: 1) confrontar la crisis humanitaria; 2) relanzar la economía y promover la justicia fiscal; 3) un plan nacional para crear empleo y 4) transformar el sistema político para profundizar la democracia. En la primera reunión con su gabinete, Tsipras declaró que las prioridades de su gobierno eran justamente luchar contra la crisis humanitaria en Grecia, negociar la reestructuración de la deuda griega con la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y cumplir con sus promesas de campaña, tales como poner fin a las políticas de privatización de sus antecesores.

Personaje de tragedia. Demostrando que la historia cuenta, tras prestar juramento como primer ministro en enero pasado, Tsipras visitó el Monumento a la Resistencia en Kaisariani, para rendir homenaje a los 200 miembros de la resistencia griega ejecutados por el ejército nazi en mayo de 1944.

De algún modo, Tsipras ha estado actuando como un nuevo héroe de la resistencia griega contra los dictados eurócratas, como una especie de Prometeo del siglo XXI que se sacrifica en aras de liberar a los oprimidos, como el protagonista de una tragedia griega actual, en la que el destino no sea inevitable.

En un discurso en Berlín en mayo del año pasado, Tsipras delineó lo que en su opinión es un mejor futuro para Europa, planteando un cambio de ruta en el curso neoliberal, impulsado por Merkel. Con frases contundentes, abogó por “derribar el muro del dinero” y decidir entre “una Europa de los pueblos” o “una Europa de los banqueros”. Para él, la opción era clara: “Con la democracia y la solidaridad que unen a Europa o con la austeridad que mata a Europa... con la izquierda europea o con la Sra. Merkel”.

En su mundo de ideales políticos no está ausente la tradición originaria de la democracia en Grecia. En los momentos más duros de las negociaciones con la llamada Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI), la semana antepasada, el premier griego acusó a sus acreedores de “chantaje”, al proponerle “aceptar un programa de austeridad humillante que no tiene fin ni prospectos de volver a ponernos de pie” y defendiendo el referéndum, llamó a los ciudadanos “a decidir soberana y orgullosamente, como dicta la orgullosa historia de los griegos”.

En su vida tampoco están ausentes los íconos de la izquierda global. El segundo de sus dos hijos se llama Ernesto, en memoria del Che Guevara, uno de los ídolos de su padre, un constructor acomodado. Su hijo mayor lleva justamente el nombre de su padre, Pávlos. Ateo, no se casó por la iglesia ortodoxa ni bautizó a sus dos hijos.

ampoco se casó por el civil, pero firmó un contrato de convivencia. Se cuenta que su compañera de vida, Peristera Baziana, de 40 años, fue quien lo llevó a militar en las juventudes comunistas. Desde que eran estudiantes, la pareja asistía a mítines políticos, por ejemplo, las protestas en 1991 contra la reforma educativa del gobierno de derecha.

Tsipras nació el 28 de julio de 1974, apenas cuatro días después del fin de la dictadura de los coroneles en Grecia. Fan del rock and roll y del futbol, es seguidor del Panathinaikos, uno de los tres grandes equipos griegos. La BBC relató que luego de ser electo premier griego, su contraparte italiano, Matteo Renzi, le regaló una corbata de seda. En su cruzada agónica contra los eurócratas, Tsipras prometió usarla una vez que la crisis de la deuda de su país quedara resuelta. La corbata, por lo visto, se quedará en el clóset. Quizás porque, como Prometeo, Tsipras dio a los griegos “ciegas esperanzas”.

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