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Ana Anabitarte. Desde Europa

Este martes comienzan las negociaciones entre el gobierno de Grecia y la Troika comunitaria, es decir, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, para que el país reciba los más de 80 mil millones de euros en los próximos tres años del tercer rescate financiero que le permita evitar la quiebra
27/07/2015
06:15
Ana Anabitarte / Corresponsal
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Los “hombres de negro” han vuelto a Atenas. Este martes comienzan las negociaciones entre el gobierno de Grecia y la Troika comunitaria, es decir, la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, para que el país reciba los más de 80 mil millones de euros en los próximos tres años del tercer rescate financiero que le permita evitar la quiebra (Grecia tiene una deuda del 177 por ciento del PIB). Así que desde esta mañana por la capital griega ya campan a sus anchas los inspectores de las tres instituciones, que tras un año sin venir regresan para evaluar la economía helena y vigilar que se pongan en marcha las medidas que, en su opinión, el país necesita. Una imagen que indigna a una población que ve de nuevo cómo Grecia está siendo gobernado por personas a las que nunca votaron. Y qué ahora se pregunta de qué sirvieron las elecciones generales de hace unos meses en las que ganó la coalición de izquierda radical Syriza, (formada por un grupo de partidos de izquierda contrarios a la austeridad impuesta por la Troika), y el referéndum que convocó el primer ministro, Alexis Tsipras (y en el que ganó el “No” a la Troika) si de nuevo es Bruselas y en particular la tan odiada por los griegos canciller alemana, Angela Merkel, quienes les dictan lo que hay que hacer.

La llegada de los inspectores se tenía que haber producido el viernes. Sin embargo el retraso se debió a que no hubo un acuerdo sobre donde se iban a celebrar las reuniones. Tsipras quería que tuvieran lugar en un hotel de Atenas, como ocurría antes, para evitar las protestas de unos ciudadanos hartos de ser sumisos. Pero finalmente tuvo que ceder y aceptar que se llevaran a cabo en los propios ministerios, como pasaba durante el gobierno del conservador Andonis Samarás. Eso les facilita tener acceso a toda la información que desean sin tener que esperar a que se la proporcionen, pero supone también toda una rendición. O más bien una humillación, para una población de la que se teme que protagonice protestas como ocurrió en el pasado. Así que para evitarlo se han extremado las medidas de seguridad. Una revuelta pone los pelos de punta a muchos en Bruselas.

Así que una vez acordadas las condiciones sobre el dónde, ahora llega la hora de ponerse a trabajar sobre el cómo y el cuándo. Y no hay mucho tiempo ya que antes del 20 de agosto deberá estar cerrado el tercer rescate. Es decir, un Memorando de Entendimiento en el que tendrán que estar decididas las primeras acciones, el calendario de pagos, fijada la cantidad exacta del rescate (que oscila entre 82 mil millones de euros y 86 mil millones de euros), y acordado el modo en que va a ser empleado el dinero.

A priori ya se sabe que este tercer rescate será más duro que los dos anteriores (desde el 2010 Grecia ha recibido 240 mil millones de euros), aunque muchos confían en que los acreedores terminen abriendo la mano. Son pocos los que se fían de Grecia, aunque su gobierno como prueba de buena voluntad esta vez ha aprobado en tiempo récord dos paquetes de medidas urgentes. Eso sí, con la oposición de 39 diputados “rebeldes” y llevándose por delante a dos pesos fuertes del Ejecutivo, el ex ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, y el ex ministro de Energía, Panayotis Lafazanis, ambos dimitidos al no estar de acuerdo con su primer ministro.

Es verdad que ahora la posibilidad de que el país salga del euro ya no está sobre la mesa puesto que aceptó las condiciones impuestas por la Troika, pero sigue teniendo las arcas vacías, debe pagar más de 3 mil millones de euros al BCE el 20 de agosto y otros mil 500 millones de euros al FMI en septiembre, y cada día son más los opositores al gobierno de Syriza dentro de la propia coalición. Por eso el FMI ha exigido que las medidas aprobadas, entre las que destacan una fuerte subida del Impuesto del Valor Añadido (IVA) al 23 por ciento que ya ha entrado en vigor y la congelación de las pensiones de la mayoría de los 3 millones de jubilados, se apliquen antes de que se les entregue el dinero. Algo con lo que el gobierno de Tsipras, cada vez más débil, no está muy de acuerdo.

También está semana está prevista que la Bolsa de Atenas vuelva a abrir sus puertas después de casi cuatro semanas cerradas. Aunque lo que más preocupa a los ciudadanos es la situación de los bancos. En los últimos días el control de capitales ha cedido un poco, y el “corralito” ya no es tan “corralito”. Pero siguen las restricciones. Desde hace un mes los ciudadanos sólo pueden sacar 420 euros de cada cuenta corriente a la semana, con lo que los no pueden devolver los préstamos (en Grecia la mayoría de la gente compra a plazos) ni tienen efectivo para consumir, lo que debilita a la economía que está prácticamente parada. Así que urge recapitalizar a los bancos para estabilizar el sector. Pero urge más que el dinero llegue a la población para que ésta pueda recuperar cuanto antes la normalidad que perdió hace ya ocho largos años. Cuando en Grecia comenzó la crisis al descubrirse que los propios políticos habían estado durante años falseando sus cuentas a Bruselas.

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