“Hay riesgos de explosión social por un Estado mafioso”

Manfredo Marroquín. Presidente de Acción Ciudadana (Foto: José Melendez)
28/06/2015
02:34
José Meléndez / corresponsal
Ciudad de Guatemala
-A +A

Desde su oficina en un piso 17, el guatemalteco Manfredo Marroquín disfruta de una espectacular y apacible panorámica de la capital de Guatemala. “Abajo está la realidad, dura y violenta”, dice Marroquín, presidente de Acción Ciudadana, organización no estatal guatemalteca que representa en Guatemala a Transparencia Internacional (TI), institución global que promueve la honestidad en la gestión pública.
Politólogo  de 51 años, Marroquín desnuda con crudeza, en una entrevista con EL UNIVERSAL, el conflicto actual en Guatemala por las denuncias de corrupción política.
¿Cuál es la dimensión política de la crisis?
—Es como una prenda de vestir a la que se le sale un hilo. Se empieza a jalar del hilo, no se termina hasta que la prenda prácticamente desaparece: el hilo se consumió. Estamos jalando la primera punta y para ver el final pasará mucho tiempo. El sistema político y de poder en Guatemala está construido, por muchos años, en corrupción, impunidad y privilegio, y lo único que ha logrado es que la administración del aparato corrupto, perverso, simplemente cambie de manos cada cuatro años en elecciones en las que escogemos a nuestro verdugo o ladrón favorito.
¿Es Guatemala un Estado fallido para resolver problemas sociales pero no para negocios ilegales?
—El Estado es fallido para la mayoría de la población, sin opciones de salud y educación, pero eficiente para pequeños grupos que detentan el uso de recursos, a sabor y antojo, con mucha discreción. Controlan instituciones y logran impunidad que les garantiza seguir acumulando riqueza en este sistema perverso.
¿Hay una clase política enquistada en el poder?
—Sí, y es muy hábil, camaleónica, cambia de color y forma cada cuatro años. En Guatemala nunca un partido político ha repetido en el poder. Si uno escarba, halla que los que antes eran azules ahora son verdes y mañana serán rojos y al final son los mismos con distinto nombre. Es una clepto-dictadura perfecta: una misma clase política disfrazada de diferente color cada cuatro años gobernando hace casi 30.
¿Qué ofrecen las masivas protestas populares sabatinas frente al Palacio Nacional  en contra de la corrupción?
—Por primera vez hay esperanza. El sistema, bien cerrado y compacto, venía consumiendo el espíritu de los guatemaltecos. Un germen externo, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), avalada por Naciones Unidas, logra hacer esa fisura para descubrir los entretelones y las vísceras del sistema que apenas la sociedad está empezando a ver. Se sabía que era corrupto y hoy se conoce con nombres y apellidos. 
Si no entramos al saneamiento, a extirpar tumores cancerígenos, Guatemala no tendría posibilidad de mejorar. Hay que reconocer el calibre de Estado mafioso que tenemos y refundarlo y reconstruirlo, con depuración. Es la primera vez que la población manifiesta rechazo al sistema. Esas movilizaciones no se veían en más de 50 años.
¿Serán ellos los protagonistas del futuro? 
—El gran reto es si jóvenes, indígenas, campesinos, académicos, empresarios, logran que la oportunidad que abre la crisis se traduzca en nuevas expresiones políticas partidistas de más inclusión y cohesión social. Si no, nada hemos ganado. Tenemos una sociedad desconfiada unos de otros y hay riesgo de explosión de esta sociedad fallida en un Estado mafioso.
¿Existe ese riesgo de que estalle la caldera?
—Sí. Los riesgos se asocian a si el sistema se enconcha y desatiende las demandas latentes de la población. Si se cierra y opta por la represión, los escenarios de violencia están a la vuelta de la esquina, en una sociedad que es de las más violentas del mundo. Volver a activar esa chispita de violencia sería el peor escenario que nos podría ocurrir.

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS