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El Apunte. La derrota de la democracia

Fotografía: Reuters
28/06/2015
02:14
Eduardo Mora Tavares
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Dos imágenes impactan: una es de la gente en la plaza Monastiraki de Atenas, en la que muy al fondo se alcanza a divisar la Acrópolis y algo del Partenón, porque la vida cotidiana parece desvanecer el legado portentoso de la Grecia de Pericles. La gente camina ignorando la cámara que ha registrado ese instante de sus vidas, un instante que ya es crucial, ante el fracaso de las negociaciones en Bruselas para dar una salida racional al problema de la deuda griega.

La otra imagen que impresiona es la de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), la francesa Christine Lagarde, consultando, con gesto severo, su teléfono celular, antes del inicio de las negociaciones —hoy fallidas— con los griegos. Su cuidado cabello platinado, sus joyas discretas y elegantes, su falta visible de afeites y su burocrático traje sastre le dan un tono de ajuste y opresión. No se le ve contenta.

Es un contraste brutal: de un lado, el pueblo que padece los recortes presupuestales, y del otro, una tecnócrata del organismo financiero multilateral más odiado por sus recetas económicas. El contraste, en realidad, es entre dos modelos políticos: el de los votantes que desplazaron a partidos tradicionales, incluso de pretendida marca socialista (PASOK), para llevar al poder a un movimiento de izquierda radical, Syriza; y el de los funcionarios no electos por los ciudadanos, sino por las cuotas de poder financiero para preservar la estabilidad y rentabilidad de un sistema que se ve ineficaz e injusto.

Ironía histórica

Es paradójico que sea Alemania el país que más aprieta el cinturón a los griegos, olvidando su propia historia de rescate tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, haciendo a un lado aquella vocación de dedicación al estudio de Grecia que tuvieron sus grandes maestros como Alfred Weber, autor de una Historia de la Cultura, en la que la polis griega es una constelación primordial, o Werner Jaeger, autor dePaideia: los ideales de la cultura griega.

Quizás porque no olvida ese legado, el octogenario filósofo alemán Jürgen Habermas advirtió desde 2013, en referencia a la crisis griega, de la falta de solidaridad de Europa, donde los números del fisco resultan más importantes que las vidas de las personas. Apenas hace dos semanas, Habermas cuestionó las debilidades de una Unión Europea (UE) imperfecta en la que los bancos pesan más que los ciudadanos.

Habermas recordó que la victoria de Syriza, del primer ministro griego, Alexis Tsipras, en enero pasado fue un voto contra “una miseria humillante” y, citando al Premio Nobel de Economía 1998, Amartya Zen, expresó que la política de austeridad para Grecia impulsada por el gobierno de su paisana Angela Merkel es “como un medicamento que contiene una combinación tóxica de antibióticos y veneno para ratas”.

“Equipado con esta legitimidad democrática, el gobierno de Grecia está tratando de lograr un cambio en la política de la zona euro”, alertaba Habermas. Hoy, esta vía está cerrada. A los negociadores de Bruselas y del FMI les molestó que Tsipras convocara al pueblo griego para que decidiera en un referéndum la aceptación del duro acuerdo de rescate. Lo consideraron “irresponsable”, pero Tsipras dijo bien que la consulta era la forma que “dicta la orgullosa historia de los griegos”, es la historia que sustenta el origen de nuestra democracia, y democracia es lo que parece faltar ahora a la UE.

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