EU todavía no se cura del racismo: Obama

Legado de esclavitud aún proyecta una larga sombra, afirma
Miles de manifestantes se reunieron el sábado en el principal puente de Charleston, en protesta por la violencia racial que el miércoles segó la vida de 9 personas.
23/06/2015
04:35
J. Jaime Hernández / Corresponsal
Washington
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Washington.— En medio del intenso debate nacional por la recurrente aparición de asesinos que enarbolan la causa de la supremacía blanca para ejecutar a víctimas inocentes de raza negra, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, deslizó ayer un diagnóstico que hasta ahora sólo algunos políticos mascullaban en voz baja: Estados Unidos aún no se ha curado de esa enfermedad llamada racismo.

El presidente participó en una entrevista con el comediante Marc Maron para adentrarse en un terreno considerado tabú por todos aquellos que le han precedido en la oficina oval de la Casa Blanca. “El legado de la esclavitud, Jim Crow (nombre de las leyes de segregación racial locales y estales que rigieron en el sur de EU desde finales del siglo XIX hasta 1965), y la discriminación (racial) en casi todas las instituciones de nuestra vida, han seguido proyectando una larga sombra y siguen siendo parte de nuestro ADN. No estamos curados del racismo. Y no se trata sólo de no ser cortés al decir nigger (término peyorativo de negro que usan en EU) en público. Esa no es la medida para saber si hemos sido capaces de extirpar al racismo de nuestra sociedad”, dijo Obama.

Las palabras del primer presidente de raza negra en la historia del país demostraron hasta qué punto EU sigue atrapado por su pasado segregacionista, por esa “larga sombra del racismo y la esclavitud” que sigue pesando y emponzoñando la difícil convivencia entre un hombre blanco que comienza a sentir el peso de las nuevas minorías y una población afroestadounidense harta de exabruptos racistas, como el que la semana pasada protagonizó Dylan Storm Roof, un joven de 21 años que, pistola en mano, asesinó a nueve personas de raza negra mientras rezaban en un templo en Charleston, Carolina del Sur.

Según ha confesado el propio asesino, su objetivo era encender la mecha de una “guerra racial”; una aspiración que se ha mostrado fallida ante la reacción de la sociedad que, apenas el pasado domingo, desbordó las principales calles y avenidas de Charleston para condenar el crimen de odio racista.

Nada más conocerse las palabras de Obama, una tormenta de reacciones inundó los medios de comunicación para criticarlo por usar la palabra nigger, que ha sido proscrita del diccionario de lo políticamente correcto.

Sin embargo, muchos otros consideraron que el presidente ha tenido el valor de llamar las cosas por su nombre. “Lo que parece increíble es que alguien se escandalice por el uso de la palabra nigger, pero no de la masacre de nueve personas”, consideró Bakari Sellers, ex congresista estatal y abogado en Carolina del Sur.

Casi al mismo tiempo, la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki Haley, propuso retirar la controvertida bandera de la Confederación del Capitolio local. “Esta bandera, si bien es una parte integral de nuestro pasado, no representa el futuro de nuestro gran estado... Es hora de retirar la bandera de los terrenos del Capitolio”, dijo.

Antes, el alcalde de Charleston, Joe Riley, había llamado a prohibir el uso de la bandera confederada, que sirvió de estandarte a los ejércitos del sur durante la guerra civil en EU para defender la causa de los esclavistas.

Esta bandera, símbolo que muchos equiparan a la esvástica o la cruz gamada del nazismo, fue utilizada por Storm para propagar su causa a favor de la segregación racial y justificar su crimen.

Por su parte, Obama respalda que retiren la bandera, dijo el portavoz presidencial Josh Earnest. “El presidente ha hablado de esto desde hace seis o siete años, cuando compartió su punto de vista de que la bandera confederada debe ser retirada y colocada en un museo, donde pertenece”, indicó.

La Casa Blanca informó que Obama pronunciará el viernes la elegía en honor del reverendo Clementa Pinckney, senador demócrata a quien el mandatario conocía y que fue asesinado por Storm.

Con información de agencias

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