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Un reinado más transparente

21/06/2015
03:00
Ana Anabitarte / Corresponsal
Madrid
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Hace justo un año, Felipe VI sucedía a su padre, Juan Carlos de Borbón, después de que este abdicara de forma sorpresiva. El nuevo monarca llegaba al trono en un momento en que la institución pasaba por una de sus peores etapas tras los escándalos que protagonizó Juan Carlos. El rey se rompió la cadera en una cacería de elefantes (especie en extinción) en Botsuana (África) con su amiga la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, existían sospechas que tenía dinero fuera de España y se hablaba de su mala relación con la reina. 

Como consecuencia, en enero de 2014 la monarquía, una institución muy joven en España, tenía el apoyo de apenas 49.9% de la población, según las encuestas. Así que al nuevo rey le tocaba hacer una regeneración. Marcar distancias con su padre, ofrecer una nueva imagen más próxima y cercana, y garantizar la transparencia. 

Felipe VI cambió a su círculo de confianza, retiró el título de duquesa a su hermana la infanta Cristina (imputada junto a su marido, Iñaki Urdangarin, en un enorme caso de corrupción), aprobó un Código de Buena Conducta para el personal que trabaja en la Casa Real y para la familia real (que regula los regalos que recibe y les prohíbe tener tratos económicos con empresas públicas o privadas), hizo más transparentes sus finanzas y llevó a cabo algunos gestos como recibir a sus invitados en la puerta del Palacio Real (ya no es el edecán militar el que lo anuncia) y permitir que los ciudadanos se tomen selfies con él, algo impensable en el reinado de su padre. 

Sin embargo, no todos los analistas coinciden en que va en la dirección acertada. Mariola Urrea, profesora titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de La Rioja, y colaboradora en distintos medios de comunicación, opina que “sus primeras decisiones han sido acertadas”. Y destaca, entre otros, el hecho de que “ha puesto orden en su familia, ha renovado equipos, ha introducido códigos éticos y de conducta para los que trabajan en la Casa Real que eran imprescindibles para recuperar la honorabilidad que la Corona había perdido y dilapidado en los últimos tiempos, ha acomodado sus discursos a la sensibilidad de una sociedad muy castigada por la crisis económica y muy poco crédula con la monarquía”.

El balance que hace  Antón Losada, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia) y analista político en diversos medios de comunicación  no es tan positivo.  En su opinión, el monarca está confundiendo la popularidad con la legitimidad que es, dice, el verdadero  problema de la Corona. “Los jóvenes de hoy en día no comprenden que haya una institución como la monarquía, no entienden su utilidad”, explica. “Con su padre había una deuda de gratitud por su papel en la transición, pero con él no. Y ahora la gente joven percibe la institución como algo inútil porque no da estabilidad ni certidumbre”, explica. 

“No vale que nos muestre escenas de su vida cotidiana, que se haga más cercano, que apruebe un Código de Buena Conducta o publique en la web algunas de sus cuentas más transparentes, esos gestos no sirven”, asegura. “España está viviendo un momento excepcional, así que creo que él debe tener ambición, ser más audaz y convocar un referéndum porque es lo único que va a solucionar sus problemas”, añade. “Además, en unos meses va a comenzar el juicio a su hermana Cristina, la vamos a ver sentada en el banquillo y el coste que va a tener eso para el país, para las instituciones, para la marca España y para la Corona va a ser enorme”, subraya. “Así que debería convocar un referéndum para que aquellos que no pudieron votar la Constitución de 1978 lo puedan hacer ahora”, dice. “La ventaja es que ahora lo ganaría seguro; dentro de 10 años, lo dudo”.

Mirando al porvenir.  Mariola Urrea coincide con la idea de preguntar a  aquellos que en 1978 no pudieron votar. Sin embargo, va más allá y cree que para consolidar la monarquía parlamentaria a futuro es necesario reformar la Constitución y, en concreto, el Título 2, referente a la Corona. “El Título 2 de la Constitución tiene artículos obsoletos y anacrónicos. Hay uno que dice que el rey hace la guerra y declara la paz. Y cualquiera sabe que en un sistema como el actual un rey no declara la guerra ni hace la paz. La guerra está prohibida y el uso de la fuerza sólo es legalmente admitido si lo autoriza el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”, explica.

“Pero hay más artículos obsoletos, como el de la preferencia del varón sobre la mujer al acceso al trono, en una sociedad cuyo valor constitucional es el de la igualdad”, explica. 

“Por eso debe desarrollarse una ley orgánica de la Corona. Además de modificarse el Título 2, también necesita ser desarrollado. No hay un estatuto jurídico político que determine el papel de la princesa de Asturias, tampoco está regulada la abdicación, ni hay nada escrito sobre el papel de la reina. Y en el caso de la reina Sofía no se requería porque ella no lo demandaba, pero la reina actual sí lo demanda. Letizia quiere desarrollar un papel más protagónico. No quiere ser una reina florero”, concluye.

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