Asesino de iglesia quería desatar guerra racial

Comparece ante la justicia; está acusado de nueve homicidios
La reverenda Jacqueline J. Lewis (izq.), de la iglesia colegiada de Nueva York, y Muhiyidin D'Baha, de las Vidas Negras Importan, entonan un cántico en memoria de las nueve personas asesinadas la noche del miércoles pasado en un templo metodista de Charle
20/06/2015
03:33
J. Jaime Hernández / Corresponsal
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Washington.— Sin asomo de arrepentimiento, Dylann Storm Roof, el multihomicida de 21 años que ejecutó a nueve personas de raza negra en el interior de la Iglesia Episcopal Metodista Africana Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur, compareció ayer para reconocer sus crímenes y reafirmar sus opiniones racistas.

“Tenía que cumplir con mi misión de iniciar una guerra racial”, les dijo a los policías que le interrogaron.

La gobernadora del estado de Carolina del Sur, Nikki Haley, dijo que exigirá la pena de muerte para Dylann, mientras la Organización de Naciones Unidas (ONU) emitió un pronunciamiento inusual para demandar al gobierno de Estados Unidos hacer todo lo posible por contener la ola de violencia y discriminación contra la minoría de raza negra.

Mireille Fanon Mendes-France, presidenta del grupo de trabajo de la ONU sobre Afrodescendientes, hizo además un llamado a aprobar medidas para prevenir la violencia relacionada con el uso de armas de fuego.

En una jornada dominada por la protesta y el dolor de una comunidad que se repone de uno de los peores ataques de odio racial, el asesino compareció ayer por primera vez a través de un circuito de televisión para aislarlo de los familiares de las víctimas —una decisión que fue criticada—, a quienes tuvo que escuchar por decisión del juez James Gosnell, de la corte del condado de Charleston.

Dylann declaró tener 21 años y estar desempleado. El juez le impuso una fianza por un millón de dólares. Las audiencias arrancarán en octubre. Se le acusa de nueve cargos de homicidio. La hija de una de las víctimas le dijo que le perdonaba a pesar de que le había arrebatado al ser que más quería y al que nunca volvería a ver. “Te perdono. Y espero que Dios se apiade de tu alma”, afirmó entre sollozos. Dylann escuchaba las declaraciones, inexpresivo.

Tras concluir la primera audiencia, el fiscal encargado del caso se negó a confirmar si buscará la pena de muerte como sugirió la gobernadora Haley.

En Carolina del Sur, donde no están tipificados los delitos por crímenes de odio, sí está contemplada la pena de muerte mediante inyección letal para los crímenes donde queden demostradas “circunstancias agravantes”.

Tales circunstancias fueron mencionadas ayer por el presidente de la Asociación Americana para la Defensa de los Derechos de la Gente de Color (NAACP), Cornel Williams Brooks: “Estamos ante un crimen abominable; un acto de terrorismo racial”, aseguró Brooks al advertir que su organización no cederá hasta que el responsable reciba el castigo que se merece.

“No podemos pasar por alto lo que ha ocurrido en Charleston. Se ha cometido no sólo un crimen de odio, sino un crimen contra el alma de nuestra nación. Contra sus valores y su democracia”, aseguró Brooks, aludiendo a la histórica lucha por los derechos civiles en EU que parece no haber terminado.

“Al igual que ayer, no vamos a ceder frente a los defensores de la supremacía blanca, ni a sus provocaciones”, añadió Brooks al desechar así la tesis de la “guerra racial” que Dylann intentó atizar al perpetrar uno de los peores crímenes de odio en la historia de Estados Unidos.

“Una persona llena de odio llegó a esta comunidad con alguna idea descabellada de que podría dividirla, pero lo único que hizo fue unirnos y hacer que nos amemos más los unos a los otros”, declaró por su parte el alcalde de Charleston, Joseph P. Riley Jr., horas antes de una vigilia realizada en un deportivo en recuerdo de las víctimas de la masacre.

Culpan a pastor

Sin embargo, Charles Cotton, abogado de Houston que pertenece al consejo de directores de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), organización que defiende el derecho a comprar y portar armas, culpó del tiroteo a una de las víctimas, pues dijo que Clementa Pinckney, el pastor asesinado, se opuso a una ley para portar armas ocultas siendo senador del estado, algo que —dijo— pudo salvarlo a él y a los otros devotos. “Gente inocente murió debido a la oposición (de Clementa Pinckney) en un tema político”, alegó.

El presidente Barack Obama pidió un “cambio de actitud” ante el problema de la violencia causada por las armas. “En algún momento, como país, tenemos que evaluar lo que está pasando”, dijo. Con información de agencias

 

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