El Papa exhorta a hacer una "conversión ecológica"

Francisco da a conocer su segunda encíclica
Activistas ambientales cargan en Manila, Filipinas, una manta camino a una iglesia para agradecer la encíclica del papa Francisco sobre cambio climático, ayer
19/06/2015
04:47
Jorge Gutiérrez
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En la nueva Aula del Sínodo Pablo VI, completamente abarrotada, se presentó ayer la esperada segunda encíclica del Papa, titulada “Alabado seas mi Señor, sobre el cuidado de la casa común” (el planeta Tierra), en la cual Francisco se pregunta: “¿Qué mundo queremos dejar a quien viene detrás de nosotros?” Y afirma que si no formulamos correctamente la respuesta, “no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan obtener resultados importantes”.

Dada a conocer por el cardenal Peter Turkson, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y por otras eminentes personalidades, esta encíclica, que en realidad es la primera de Francisco visto que la anterior, Lumen Fidei fue en gran parte escrita por Benedicto XVI, cuenta en su versión en español con 187 páginas divididas en una introducción, seis capítulos y dos oraciones finales.

Lo que está pasando en nuestra casa, "El Evangelio de la creación", "La raíz humana de la crisis ecológica", "Una ecología integral", "Algunas líneas orientativas y de acción", "Educación y espiritualidad ecológica", son los títulos de los seis capítulos de la encíclica.

En su texto, Francisco recuerda que la Tierra, nuestra casa común, es “también una hermana con la que compartimos la existencia”, pero a pesar de esto “esta Tierra nuestra maltratada y saqueada clama y sus gemidos se unen a los de todos los abandonados del mundo”, razón por la cual el Papa, retomando una expresión de Juan Pablo II, nos invita a escuchar sus lamentos y a realizar una “conversión ecológica” y, a partir de esta conversión, “respetar el ambiente y cuidar la naturaleza”.

A pesar del gran daño que ha causado al planeta Tierra, el Pontífice argentino considera que “el hombre es todavía capaz de intervenir positivamente” y que “no todo está perdido porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, pueden también superarse, volver a elegir el bien y regenerarse”.

El llamado ecologista que hace el Papa no está dirigido sólo a los católicos, sino a los creyentes de otras religiones y a los hombres de buena voluntad “que han expresado preocupación y una reflexión sobre el tema de la ecología”.

En este contexto, sin menospreciar los esfuerzos para resolver los problemas, el Papa critica la intervención humana cuando “se pone al servicio de las finanzas y del consumismo”, subrayando que “falta una cultura adecuada y la disposición a cambiar de estilo de vida, producción y consumo”, por lo que “urge un sistema normativo que proteja los ecosistemas”.

También señala que todo ensañamiento con cualquier criatura “es contrario a la dignidad humana” y que esto puede superarse creando “la conciencia de una comunión universal”.

La encíclica también contiene una dura crítica al paradigma tecnológico que tiende a dominar la economía y la política, impidiendo reconocer que “el mercado por sí mismo no garantiza el desarrollo humano integral y la inclusión social”.

Es por ello que Francisco propone una “ecología integral como nuevo paradigma de justicia, que incorpore al ser humano y sus relaciones con la realidad que lo rodea”, visto que la naturaleza “no es algo separado de nosotros”.

Sobre las cumbres mundiales del ambiente, el Papa afirma que “no han respondido a las expectativas porque, por falta de decisión política, no han alcanzado acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces”.

En la parte final de la encíclica el Papa explica que para superar la actual crisis cultural, rediseñar los hábitos y comportamientos, “la educación y la formación siguen siendo desafíos básicos”, pero que el punto de partida es “apostar por otro estilo de vida” que dé la posibilidad de “ejercer presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social”.

Philip Willan, vaticanista del diario británico Times y autor del libro The Vatican at War (El Vaticano en Guerra) dijo a este diario que la importancia de esta encíclica es que “es una especie de manifiesto del pontificado en el que Francisco afronta casi todos los temas que le interesan, el ambiente, los pobres, la justicia, la economía, subrayando el efecto negativo que ésta tiene en los sectores sociales más débiles, que es la clave de lectura de este papado”.

Por lo que toca a las críticas que ha hecho en Estados Unidos el ex gobernador de Florida, Jeb Bush, al Papa por esta encíclica, Willan señaló que “es un problema para los políticos católicos, porque mucho de lo que dice no gusta a gran parte de su electorado republicano, al punto que algunos sectores católicos conservadores lo han acusado de comunista cuando el Papa ha explicado que se preocupa de los pobres siguiendo los dictámenes del Evangelio”.

Andrea Vreedem, vaticanista de la televisión pública holandesa, comentó por su parte que en el texto “sorprende sobre todo que en gran parte del mismo Dios está ausente, porque la encíclica también va dirigida a un mundo no cristiano o secularizado, pero es errado pensar que sólo trata el tema del medio ambiente, es una encíclica sobre la gran crisis ética, espiritual, religiosa y económica del mundo”.

En cuanto al impacto de esta encíclica, la vaticanista holandesa recordó que el Papa está por viajar a Sudamérica y que en septiembre irá a Estados Unidos, donde hablará ante el Senado y ante la ONU, lo que significa que tendrá una gran plataforma internacional para retomar estos temas.

“Por el prestigio y la autoridad moral del Papa será difícil que la gente de poder en Estados Unidos y en Sudamérica pueda hacer caso omiso de lo que ha dicho y dirá Francisco, quien está intentando crear una conciencia mayor para interpretar de manera distinta las relaciones interpersonales y con la naturaleza”.

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