“AMLO no se mete en decisión para CDMX”: Delgado

Descarta intromisión de AMLO en proceso para 2018 en la CDMX; afirma que viene trabajando desde 2002 por el bien de la capital
Mario Delgado Carrillo, senador. (ALEJANDRO ACOSTA. EL UNIVERSAL)
05/08/2017
03:40
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El senador Mario Delgado Carrillo afirma que trabajará por lograr la candidatura del Morena a jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y prevé que participará en una competencia interna “clara, sin dados cargados”, y sostiene: “Voy a ganar la encuesta”, el método que eventualmente se active, abierta a los ciudadanos de la capital del país, la posición de elección constitucional más importante después de la Presidencia de la República.

Asegura el legislador que de ninguna manera se vivirá un proceso en el cual el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, intervenga o imponga su liderazgo, el más fuerte del partido. Descarta escenarios de decisión del tipo de “fiel de la balanza”, como en su momento el ex presidente José López Portillo se refirió a su influencia en la selección de candidato a sucederlo. Tampoco ve el joven partido espacio para el juego de “el tapado”.

Respecto de si la competencia por la candidatura será ríspida o de terciopelo, Mario Delgado Carrillo dice que los participantes tendrán comportamiento de compañeros, ocupados en proponer soluciones al mayor de los problemas, la inseguridad pública, que detonó por la incapacidad de Miguel Ángel Mancera, que si bien surgió de encuestas, no pudo gobernar con propuestas, y se inclinó por acciones de “canibalismo político” contra su antecesor, Marcelo Ebrard, creyendo que iba a crecer, pero “se quedó chiquito”.

Mario Delgado Carrillo, un economista del ITAM con maestría en la misma disciplina por la Universidad de Essex, Inglaterra, tiene la visión de gobierno de izquierda; colaboró en los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard, con quien ocupó las secretarías de Finanzas y Educación. Reconoce a ambas personalidades como “grandes maestros” en su trayectoria.

Entrevistado en su oficina, reporta que se inscribió en tiempo y forma para la competencia por la candidatura de la jefatura de Gobierno, que Morena tiene en la bolsa, pero, “no hay que confiarse”, dice.

¿Por qué se decidió a competir?

—Porque estoy convencido de que la Ciudad estaba mucho mejor antes de este Gobierno. Participé en dos administraciones muy exitosas: la de Andrés Manuel López Obrador y la de Marcelo Ebrard, que colocaron a la capital en la vanguardia en derechos, libertades, seguridad pública y fue isla de paz en medio de la convulsión del país.

En materia financiera, era una ciudad lejos de la corrupción de los estados y se mantuvo sólida y fuerte para mantener una inversión social que no hay en ningún otro estado, con programas como de adultos mayores, Prepa Sí, que me tocó instrumentar, apoyo a las madres solas, becas a los jóvenes y niños; la infraestructura que se hizo para mejorar la calidad de vida.

Hay que retomar el paso y por eso he decidido participar.

¿Va usted atrás de otras tantas personalidades que también van por la candidatura?

—Es este proceso lo que importa es comunicarte con los ciudadanos. Los que tenemos rato aquí se conoce la trayectoria que hemos tenido y la propuesta que tenemos para la Ciudad y la aportación que podemos tener para 2018, desde la Ciudad de México.

El proceso es sui géneris, pero se trata de privilegiar la influencia de la gente y que ella tome la decisión a través de una encuesta. Juego limpio, muy democrático, sin dados cargados para nadie.

¿No está inclinado el juego con “la cargada”?

—No. Es un proceso transparente directo, estoy dentro de los plazos establecidos por el partido, vamos a ver cuánto más tarda está decisión, cuándo se realiza la encuesta, todavía no hay fecha para realizarla y vamos a aprovechar este tiempo para entrar en contacto con la ciudadanía.

¿Está usted convencido de que hay claridad en el juego, piso parejo?

—Morena es un partido diferente; va a determinar el futuro del partido que podamos procesar estas decisiones con transparencia, sin dados cargados para nadie y que todos los que participen estemos satisfechos con que hicimos las cosas de manera honesta.

¿Es un acto de fe que no haya dados cargados?

—Es una confianza en todos los que estamos participando. Somos conscientes de lo que estamos construyendo, y Morena es un proyecto que va mucho más allá que los proyectos que podamos tener cada uno como personas.

Tengo confianza en mis compañeros, en quienes van a tomar las decisiones, en el compromiso de López Obrador que es el primero en impulsar que haya decisiones transparentes.

Encuestas, pero, ¿López Obrador se podría convertir en el “fiel de la balanza?

—No. No creo que lo vaya a ser, porque lo que se está tratando de hacer es que Morena sea distinto a todos los otros partidos. El poder de Morena no sólo está en López Obrador, sino está en el corazón de millones de gentes que comparten el proyecto de que nuestro país cambie.

¿La participación de muchos en la encuesta se puede convertir en el juego del “tapado”?

—Aquí no. Participamos de buena fe con mucho compañerismo.

¿Cómo entender que un partido en que la voz dominante es de una persona, es democrático, plural con matices?

—Llevo tres años y nunca he visto una instrucción o decisión de López Obrador por encima de la militancia. En Morena es muy fácil, hay que ponerse a trabajar si se quiere tener un puesto.

Tenemos un liderazgo muy fuerte, pero él no es el que está tomando este tipo de decisiones, López Obrador está en otra cosa, está pensando en cómo vamos a resolver los grandes problemas nacionales a partir de 2018.

La contienda, la espera ríspida, ¿de terciopelo?

—Voy a tener un gran compañerismo con los demás participantes. Tendremos que señalar nuestras propuestas y no conducirnos con la tentación del ataque o la grilla barata. Tenemos mucho que demostrarle a la ciudadanía.

¿Faltan reglas, habría picardías en la contienda?

—Vamos tener un proceso rápido y lo que se tiene que hacer es garantizar ciertos espacios de manera equitativa y en una competencia trasparente y leal a Morena.

¿Andrés Manuel López Obrador supo antes de su decisión de participar?

—Él sabe de dónde vengo, sabe mi trayectoria. A mí me invita en 2014 y compartimos temas y visiones hacia donde debía ir la Ciudad. El conoce mi aspiración.

¿Usted le dijo?

—Le dije: “Me interesa participar en el proceso de la Ciudad”. La última vez que lo vi le comenté que lo estaba pensando. Él me dijo: “Sí, estás en tu derecho, adelante”. Así de simple es en Morena, así de fácil, contra lo que dicen que él está decidiendo todo.

Pero estamos hablando de la posición más importante después de la Presidencia de la República? Habría la idea de que está muy metido en el juego de la sucesión en la Ciudad de México

—Yo no lo veo en el juego de la Ciudad. Los cuatro incluidos tenemos posibilidades al participar en la encuesta y estoy seguro de que voy a ganar la encuesta.

¿Qué fuerza electoral tiene usted a su favor para ser contendiente?

—Mi trabajo en la ciudad desde 2002; empecé siendo director de estadística en la policía de la Ciudad cuando se vivía uno de los peores momentos, muy parecido a lo de ahora y me tocó trabajar con Marcelo Ebrard Casaubon, y le dimos la vuelta.

¿Es usted un aspirante fuerte o con perfil competitivo?

—Soy candidato fuerte por mi trayectoria en la Ciudad, y la fortaleza en Morena no es que tengas determinada corriente o grupos, porque no es partido de corrientes o grupos. El trabajo es el activo que yo tengo.

Para ser senador la gente votó por mí; yo saque más de dos y medio millones de votos en 2012, y la gente conoce lo que he hecho en el senado en contra del régimen de Peña Nieto.

¿Ser candidato de Morena por la Ciudad de México eventualmente es garantía de triunfo?

—Hay una posibilidad muy grande, dicen las encuestas y, sin embargo, no hay que confiarnos, hay que cuidar mucho este proceso y entender el papel de la ciudadanía en 2018. La Ciudad debe tener propuesta y sacar mayor número de votos posibles para el próximo año y que el seleccionado tenga capacidad de gobernar y hacer muy buen gobierno.

Ahí tenemos la terrible experiencia de Miguel Ángel Mancera; era el más popular en las encuestas, pero no el más capaz para encabezar un gobierno, y ahí están los resultados.

¿En los problemas locales, como jerarquizaría los primeros cinco?

—Seguridad pública, seguridad pública, seguridad pública, seguridad pública, seguridad pública. La gente tiene miedo, y lo más urgente es regresar la seguridad a la gente.

¿El caso Tláhuac puede ser adverso para Morena?

—La responsabilidad es del Mando Único, que ejerce el secretario de Seguridad Pública, no el delegado, a quien culpan en un manejo político.

¿El delegado no era ausente de la cuestión territorial?

—El delegado tiene facultades para actuar en determinadas áreas, pero en tráfico de drogas y crimen organizado el asunto está fuera de las manos del delegado.

¿Es vulnerable Morena por el caso Tláhuac?

—No, porque la gente se da cuenta de que hay un descuido en materia de seguridad, en todas las colonias en las que se sienten abandonado por el Gobierno.

¿Cuándo se distanció de [Miguel Ángel] Mancera?

—Desde muy al principio percibí la falta de liderazgo en la Ciudad y que había que buscar la manera de hacer “borrón y cuenta nueva”, de querer limpiar la administración pasada, en lugar de retomar lo que venía funcionando. Le falló la visión a Mancera. No sabía por dónde llevar a la Ciudad.

¿El asunto de la línea 12 del Metro los distanció?

—Desde poco antes hubo distanciamiento. La Línea 12 fue una confrontación provocada por él con fines políticos con costos muy altos para la gente.

¿Qué habría ganado Mancera con el escándalo de la Línea 12?

—Pensaba, y lo decían sus asesores, que se quitaba la figura de Marcelo Ebrard y al mismo tiempo él crecía en las encuestas, pero le salió el tiro por la culata.

¿Canibalismo político?

—Es un canibalismo político, pero sobre todo es falta de visión de hacía dónde quieres llevar a la ciudad.

Ser jefe de Gobierno es una oportunidad para mejorar la vida de la gente; desperdiciarlo como lo hizo Mancera es imperdonable. Este canibalismo político nos ha salido muy caro.

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