El ‘oro viejo’ de Los Dinamos; acuicultura sustentable

Don Cándido lleva 40 años criando truchas en Magdalena Contreras; tal es su dedicación que creó una especie de pez endémica de la CDMX
El dueño del rancho La Rosita pescó por primera vez en el Río Magdalena cuando tenía cuatro años (FOTOS: ARIEL OJEDA. EL UNIVERSAL)
05/06/2017
01:06
Jetzael Molina/Clínica de Periodismo
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Clínica de Periodismo

El señor Cándido Estrada López es el mayor productor de truchas en la Ciudad. En el rancho La Rosita, ubicado en la zona boscosa del Segundo Dinamo, en la delegación Magdalena Contreras, se producen alrededor de 100 mil unidades al año, además de que posee un ejemplar único; las truchas color oro viejo, las cuales son producto del proceso de inseminación artificial que realizan él y su familia.

Apasionado por su trabajo, el cual lo aprendió desde pequeño, y motivado por su padre a realizar esta actividad, pescó a la edad de cuatro años su primera trucha en las aguas del Río Magdalena. Don Cándido se ha dedicado a la producción de esta especie participando en los programas que implementa la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec) para fortalecer los aspectos de producción y comercialización de este tipo de peces en la Ciudad.

“Con el criadero de truchas ya casi voy para los 40 años; la primera vez que pesqué tenía la edad de cuatro años y desde ahí empecé a tener amor por la pesca. Cuando comencé con el criadero tenía alrededor de 100 truchas arcoiris, pero con dedicación y paciencia, los cultivos han ido aumentado al paso del tiempo, tanto así que hoy en día hemos alcanzado a procesar las 100 mil unidades al año” expresa el señor Estrada con una sonrisa en la cara.

Junto con su esposa Berta de la Cruz, su hija Bibiana Estrada, y su hijo Juan Estrada, se encarga del mantenimiento del criadero que consiste en la limpieza de los 11 estanques una vez al mes mediante el retiro de materia orgánica, la cual se adhiere en las zonas donde hay menor flujo de agua.

En cada depósito se concentran entre 8 mil y 10 mil peces, separados por tamaños y edades, con el fin de controlar el crecimiento, su reproducción y mantener la distribución del alimento que les brindan; además, de atender el restaurante donde ofrecen a los comensales deliciosas truchas empapeladas acompañas de una sopa de setas, las cuales se producen en el invernadero que se encuentra dentro del predio ubicado en el Segundo Dinamo.

Pasión por la pesca. Don Cándido sujeta con una mano la red para pescar y con la otra lanza un puñado de alimento a los peces que se mueven de manera rápida para captar al menos un gránulo de comida; truchas arcoiris y los peces oro viejo conviven en los estanques de agua dulce que proviene del Río Magdalena.

“Soy el único productor de truchas que tiene una especie única en la Ciudad de México, las cuales son producto de la inseminación artificial que nosotros realizamos; éste pez [oro viejo] es más resistente a las enfermedades de su especie, crece mucho más rápido y el sabor de la carne también es mucho mejor” apunta.

“En el área de incubación sacamos los óvulos y el esperma de los peces seleccionados a través de movimientos abdominales; se fecunda el huevo y lo mantenemos en movimiento con plumas de ave. Posteriormente lo dejamos 24 días en incubación y cuando eclosionan nos aguantamos dos semanas para comenzar con la etapa de alimentación con harinas de pescado muy finas”, explica el criador.

La señora Berta de la Cruz, cómplice incondicional de su cónyuge, ha realizado una labor importante dentro del criadero de truchas: “A lo largo de estos años he apoyado a mi esposo en todas las actividades que se realizan en el rancho [La Rosita], aprendí a filetear y limpiar los pescados una vez que los seleccionábamos para su venta; actualmente me encargo de la cocina en el restaurante, realizó también la siembra de las setas en el invernadero que tenemos”.

También desde pequeños, sus dos hijos han aprendido el trabajo de sus padres. “Cuando mi papá no está en el predio nosotros somos lo que nos encargamos de alimentar a los peces, limpiarlos y atender a los clientes que llegan al terreno”, apunta Bibiana, quien menciona que desde los siete años se forjó en el oficio.

Impulso gubernamental. Para que el rancho La Rosita sea un criadero sustentable y mantenga la producción de las truchas, la familia Estrada de la Cruz ha utilizado los programas de la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades de la Ciudad de México con el objetivo de atender los aspectos de producción, comercialización y transformación de la materia.

De acuerdo con datos de la dependencia capitalina, existen en la capital del país 25 unidades de producción acuícola en algunas zonas de las delegaciones Milpa Alta, Cuajimalpa, Tláhuac y Xochimilco.

“Con los programas de la Sederec hemos adquirido maquinaria; ya logramos tener una poletizadora, un molino desintegrador y ahora queremos comprar una mezcladora para poder fabricar nuestro propio alimento. En el país existen cuatro fábricas que producen un buen alimento balanceado para los peces del criadero; sin embargo, es muy caro. El costo de producción para mantener esta granja es de 65%, sólo trabajaríamos para puros empresarios”, apunta el oriundo de la zona sur-poniente.

Para don Cándido, su esposa y sus hijos, la paciencia es una virtud que los ha acompañado durante muchos años. Con creatividad e ímpetu han hecho del criadero de truchas un lugar único dentro de la Ciudad. Su deseo es promover la producción y la comercialización de estos ejemplares acuáticos; ampliar su mercado de consumo y ser autosustentables.

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