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La olvidada Zona Rosa, segunda parte

La Ciudad en el Tiempo nos lleva a un recorrido gráfico por diversas etapas de esta zona que alguna vez fue punto de reunión de intelectuales y artistas y centro de la moda
La calle de Génova, vista desde el cruce con Hamburgo en marzo de 1982. A la derecha se aprecia el Rana Bar del restaurante Kineret, y en el fondo, una construcción antigua que ya no existe. Imagen: Archivo/EL UNIVERSAL
02/04/2017
01:00
Redacción
Ciudad de México
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La Zona Rosa avanza hacia una rehabilitación de sus calles ocupadas hasta hace poco por comerciantes ambulantes e indigentes, donde alguna vez existieron lugares que fueron punto de reunión de intelectuales y artistas hoy pasaron al olvido.

Como el famoso restaurante Kineret, donde Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis y Fernando Benítez se reunieron para esperar la develación en 1967 del mural efímero, de José Luis Cuevas, es ahora un Yuppies Sport. La galería Misrachi que alguna vez cotizó a Felguérez o a Pedro Coronel, hoy hay un sex shop Erotika.

Sobre la calle de Génova donde alguna vez estuvo el lujoso hotel Monte Casino, hoy hay un McDonalds.

Hace exactamente cincuenta años, el cronista mexicano Salvador Novo, lanzaba la nueva edición del libro “Nueva grandeza mexicana”, ilustrado con una serie de espléndidas fotografías del maestro Héctor García y editado y diseñado por Vicente Rojo.

Dicha publicación, en aquel no tan lejano 1967, tenía por objetivo actualizar al lector con nuevos recorridos y abordar las transformaciones que había sufrido la capital desde aquella primera edición en 1946.

Uno de los sitios que abordó fue la naciente Zona Rosa y el lugar que ocupaba en la escena cultural de la capital.

“Con la complicidad de Vicente Rojo, Héctor García se ha detenido con morosa delectación en sus elocuentes instantáneas de la Zona Rosa. Esta es, en efecto, la tónica de la ciudad de 1967: una juventud numerosa, sana y libre, cuya presencia renueva y vigoriza la constante transformación de su ciudad; su vida nocturna, su comercio, sus diversiones”, escribió Novo al final de su obra.

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