Nuncio camina con Jesús en Iztapalapa

Con la bendición de palmas, arranca la 174 Representación de la Pasión de Cristo
El nuncio apostólico en México, Franco Coppola, forma parte de las actividades de la 174 Representación de la Pasión y Muerte de Cristo; él fue quien en la Macroplaza del Jardín Cuitláhuac, en Iztapalapa (ALEJANDRO ACOSTA. EL UNIVERSAL)
10/04/2017
00:48
Fanny Ruiz-Palacios
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Alrededor de 5 mil personas acudieron a la Macroplaza del Jardín Cuitláhuac, en Iztapalapa, para bendecir ramos de palma decorados con flores y plantas medicinales.

La ceremonia oficiada por el nuncio apostólico en México, Franco Coppola, forma parte de las actividades de la 174 Representación de la Pasión y Muerte de Cristo.

María del Carmen Ramírez fue una de las católicas que llegó a la macroplaza desde las nueve de la mañana para bendecir una palma que le costó 15 pesos: “Cada año venimos porque somos católicos, venimos a festejar lo que es nuestra religión a lado de Dios nuestro señor que entró a Belén para salvar nuestros pecados”.

Menciona que para ella y su familia el ramo bendito “significa protección de nuestra casa, de nuestros hijos, de todos, es para que nuestro hogar esté bendecido y protegido por Dios”.

La señora Guillermina, de 60 años, también se presentó a la ceremonia para bendecir su ramo, pero antes acudió a la procesión del Domingo de Ramos, junto con su hija y nieto.

“Mis hijos salen en la procesión que va a recorrer todos los barrios, ella se vistió de la virgen del pueblo y mi nieto de nazareno. Salimos desde las 7 de la mañana del Barrio de la Asunción, recorrimos todos los barrios que son Santa Bárbara, San Ignacio, recorremos hasta Aztecas y llegamos aquí para bendecir las palmas”, explica.

Tras la bendición, a las nueve de la mañana, Guillermina fue al templo del Señor de la Cuevita para escuchar misa, “la que hacen cada año”.

Su recorrido continuó en la iglesia de San Lucas, “de ahí salimos a recorrer todos los barrios y todos llegan aquí otra vez a las cinco de la tarde”.

Al concluir las actividades, Guillermina coloca la palma detrás de la puerta, “para protegernos de cuando vienen las tempestades del agua, quemamos un poco para que se vaya”.

Palmas recién hechas. Anahí Díaz es una de las comerciantes que desde hace años acuden a la explanada de Iztapalapa para vender palmas recién hechas, para que sean bendecidas.

“Tenía 12 años cuando mi abuelo me enseñó a hacer ramos en forma de abanico y de crucifijo. Llevamos más de 15 años viniendo a vender”, cuenta.

Decora las palmas con flores medicinales que le sirven a la gente como remedios. También les pone claveles. “La manzanilla la ocupan para hacer té, el romero para cuando está inflamada la gente o luego queman la palmita cuando tienen muchos problemas en sus casa”, indica.

Aunque algunas personas se previnieron y llegaron a la macroplaza del Jardín Cuitláhuac con sus ramos, la mayoría compró su palma en los puestos instalados desde las seis de la mañana. Las más pequeñas se ofrecieron en 20 pesos, pero también hubo grandes de 40 y 90 pesos.

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