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Vajillas de gran historia

A casi un centenario de su fundación, Ánfora sigue conquistando las mesas de las familias mexicanas
Foto: Cortesía
24/06/2017
15:00
María del Carmen Hernández
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Hay marcas que de una manera u otra se encuentran arraigadas en la memoria colectiva de las sociedades. Uno de estos casos es el de la marca Ánfora, que desde hace casi cien años se ha ganado a pulso su lugar dentro de las casas y los comercios y, de manera intangible, aunque quizá la más representativa, en la memoria y corazones de miles de familias mexicanas; generaciones enteras que han crecido tomando y comiendo en algún traste hecho por esta marca orgullosamente mexicana.
Pasado con historia
Originalmente llamada Fábrica de Loza El Ánfora, la empresa nació en el año de 1920 del trabajo de cinco empresarios alemanes. Al principio, estuvo instalada detrás del famoso Palacio de Lecumberri. Ya entrada la década de los cuarenta la empresa se vio envuelta en una crisis resultante de la Segunda Guerra Mundial, y es que fue intervenida por el gobierno mexicano por su origen alemán.
Finalmente en 1946, la fábrica pasó a manos de empresarios mexicanos quienes contribuyeron, con una nueva visión y técnicas en la creación de vajillas, al rápido crecimiento que se había visto frenado. Hacia la década de los ochenta, la empresa se cambió de casa a la ciudad de Pachuca de Soto, Hidalgo —debido a temas de contaminación en el extinto Distrito Federal—a una fábrica construida en 1982 por la administración del entonces presidente, José López Portillo, “Fue una paraestatal que se quedó frenada, nunca la echaron a andar y cuando nos salimos del D.F. nos vinimos acá,”comenta Hans Kritzler, director general de Ánfora.
Los tiempos eran difíciles, y el futuro incierto, resultado de la globalización que favorecía los productos chinos gracias a su bajo costo y producción. Inclusive durante esta época varias empresas mexicanas llegaron a quebrar. En el caso de Ánfora, la empresa permaneció orgullosa y de pie gracias a su calidad e innovación que permanecieron fuertes incluso contra la adversidad.
Mirando hacia delante
“Una de nuestras principales prioridades como empresa es la seguridad e inclusión; tenemos en planta alrededor de 52 personas con habilidades diferentes entre las que se encuentran personas con debilidad visual,”menciona Kritzler mientras realizamos un recorrido por la impresionante fábrica que fue premiada con el distintivo Gilberto Rincón Gallardo, que es otorgado a empresas incluyentes.
El recorrido continúa; nos adentramos en la zona de producción en la que observamos el proceso de diseño, moldeado, horneado, aplicación de pintura e inspección de calidad. “Además de los diseños tradicionales de la abuelita, hacemos de todo. Cosas padrísimas que nos piden nuestros clientes y otros diseños que realizan los diseñadores,”comenta Kritzler. Muestra del compromiso que mantiene la marca con el buen diseño es Ánfora Studio, un espacio dedicado a la creatividad; abierto en 2012, se ha convertido en un taller de encuentro de jóvenes diseñadores mexicanos.
A casi un siglo de su fundación Ánfora es muestra viva de que lo hecho en México está bien hecho y que el diseño e innovación no se interponen a la calidad, sino todo lo contrario: van de la mano con mucho orgullo.

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