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El régimen de la captura

El régimen que tenemos produce corrupción porque está basado en la captura de los puestos públicos por afinidad política, cercanía o interés
16/04/2018
02:11
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En este momento quizás resulte inútil escribirlo, pero lo que este país necesita para sobrevivirse no es un nuevo presidente, sino un nuevo consenso. Drogados por el efecto de la competencia electoral, estamos siendo incapaces de advertir al elefante de la sala: el régimen político de México no es viable. Equivocados desde el origen, creímos que la pluralidad era el remedio a los defectos del partido que fue único. Pero no fue así.

El régimen que tenemos produce corrupción, porque está basado en la captura de los puestos públicos por afinidad política, por cercanía o por interés. No es necesario bordar mucho sobre esta idea simplísima: ganar las elecciones equivale a hacerse de los puestos públicos para repartirlos enseguida entre los leales. Si nos dolemos de los despropósitos de los intermediarios políticos es porque los sabemos dueños de las decisiones. Más allá de las simpatías que nos puedan producir sus líderes, el hecho puro y duro es que las coaliciones que están compitiendo por los votos en realidad están en pugna para quedarse con los puestos y los presupuestos que habrán de repartir.

A lo largo del siglo que ya cumple 18 años, intentamos cercarlos con instituciones imaginadas para contener los excesos que cometen. Creímos que los contrapesos de la pluralidad servirían para mitigar los efectos más nocivos de esa captura sistemática: si habrían de quedarse con los puestos y los presupuestos, al menos había que llamarlos a rendir cuentas de sus actos. Pero tropezamos con el mismo error que quisimos combatir: esas instituciones también fueron capturadas. Y más: entregadas a las cámaras legislativas, se convirtieron en un nuevo botín y en un nuevo espacio para negociar y ejercer posiciones de poder.

La tragedia que están viviendo los nuevos órganos (supuestamente) autónomos en varios estados del país —véanse ahora mismo los casos de Tlaxcala, que ya se está convirtiendo en un emblema del cinismo, o los despropósitos sin tregua de la Asamblea Legislativa de la CDMX en el nombramiento de los nuevos magistrados o de comisionados del órgano de transparencia o la magulladura que sufrió el prestigio del Inai por causas semejantes— no obedece sino a ese mismo proceso de captura. El resultado es que los funcionarios que debían construir un cerco de exigencia para evitar los abusos de quienes toman decisiones están siendo designados o sometidos por quienes regulan los latidos del verdadero corazón del régimen.

Los intermediarios políticos aprendieron muy de prisa la lección: tener órganos destinados al control democrático de las autoridades, cuyos integrantes no respondan a las instrucciones del sistema, no es un buen negocio para nadie. Así que primero se propusieron descalificarlos y luego hacerse de ellos. Cuando se demoran los nombramientos de fiscales, de comisionados o de magistrados, no es porque falte gente inteligente, sino porque los partidos no logran los arreglos adecuados, al margen de los méritos de las personas. Hacen listas de sus leales y, en cuanto pueden, las imponen. Así que capturadas desde el origen o sometidas a lo largo del trayecto, esas instituciones dejan de cumplir sus cometidos democráticos para perpetuar el ejercicio autoritario del poder. Todos se están cuidando las espaldas.

Se engañan quienes creen que las cosas cambiarán después de los comicios. El régimen político consiste en una trama de leyes y estructuras apuntaladas por valores autoritarios ampliamente compartidos, que seguirá vigente y no hará sino reproducir la mecánica de la captura, al amparo de otra narrativa. Podrán cambiar los nombres, las palabras y los ademanes, pero no las prácticas. Lo hemos visto una y otra vez en todos los ámbitos de la vida política de México. Y mientras ese régimen se mantenga intacto, tampoco cambiarán las consecuencias.

Investigador del CIDE

Mauricio Merino
Mauricio Merino es doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid. Ha escrito y coordinado varios libros y ensayos sobre su especialidad.
 

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