Cada día queda más claro que al presidente López Obrador y a su gobierno no le interesa generar condiciones para el crecimiento económico y la inversión. Dicen que quieren crecer al 4% anual, pero es un hecho que desde la cancelación del NAIM las medidas que han tomado marchan en dirección opuesta. Ejemplo de ello es el deseo de llevar a un extremo insostenible las finanzas públicas con el capricho de construir la refinería Dos Bocas, lo que pone en riesgo la estabilidad de todo el país.

Y a eso hay que sumarle la enorme irresponsabilidad con la que se han hecho los recortes presupuestales. El presidente literalmente ha cercenado a la administración pública sin un diagnóstico serio de la situación. Hay dos rubros en los que estos recortes pueden llegar a ser muy costosos para México: la promoción de la inversión con el cierre de ProMéxico y el fomento al turismo con la desaparición del Consejo de Promoción Turístico de México (CPTM).

Ante este verdadero desastre, ¿qué podemos hacer para rescatar la economía? En mi opinión, es momento de que otros actores comiencen a tomar un papel inédito en la promoción de México y de la inversión. Algunas de las acciones que el sector privado puede tomar son:

1. Identificar, con el apoyo de sus abogados, las posibilidades de negocio y aprovechar las ventajas de cada tratado comercial firmado por México.

2. Fortalecer las relaciones bilaterales o multilaterales, o incluso crear mecanismos para trabajar con el sector privado de otras naciones. Una oportunidad clara está en la colaboración con el sector privado de los más de 50 países con los que tenemos acuerdos comerciales.

3. Identificar con claridad las ventajas y fortalezas de los acuerdos para proteger y promover la inversión.

4. Trabajar con sus pares tanto internos como externos para revisar la manera en que se puede hacer frente a acciones del gobierno que, por intención o por ignorancia, atenten contra la competencia y el crecimiento.

Y no sólo eso. Los gobernadores también tienen un nuevo papel que jugar en aquellas tareas en las que el gobierno federal abandonó su función como en la promoción de la inversión y el turismo.

Es claro que cada uno, desde su trinchera, debe hacer lo que le corresponde. Debemos pasar de la queja a la acción. Si no damos el siguiente paso hacia la participación, nos vamos a quedar en la indignación. No basta el tuit, las redes sociales o los reclamos si no se acompañan de una organización para influir en la toma de decisiones a fin de lograr una economía competitiva y solidaria.

Por eso, de mi parte sigo apostando por los mexicanos y la construcción de un mejor país. Mi apuesta democrática está en México Libre, un esfuerzo de los ciudadanos que es necesario y, ante la falta de una oposición seria, inaplazable.

POR CIERTO. Ya sabe el mundo que el presidente de México no le da importancia a una llamada del presidente de Estados Unidos; también sabe y toma nota de su ausencia en la cumbre del G20 en Japón. Ya sabe el mundo lo que está pasando en el gobierno. La señal positiva debe venir de los ciudadanos. Y lo que debemos de mostrar es que estamos actuando, no sólo criticando. Que el mundo sepa que hay muchos mexicanos defendiendo la libertad económica y la democracia.

Abogada

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