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Seducciones del islam

Mientras nuestras sociedades se desintegran en el individualismo, el Islam propone una comunidad
11/02/2018
02:16
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Hay conversiones al Islam en nuestro país, y no solamente en Chiapas, las hay en el mundo entero, tanto en la “vieja Europa”, como en África y el Oriente. Como en todos los fenómenos religiosos, la dimensión sociológica va de la mano con la puramente religiosa. No debe sorprender que la religión tenga una dimensión social esencial. En un país tradicionalmente católico como el nuestro, las personas que dejan la parroquia por el templo evangélico encuentran de repente muchas cosas positivas, como la solidaridad, la fraternidad; los hombres dejan el alcohol y no vuelven a dar palizas a diestra y siniestra.

Bueno, para hacerles el cuento breve, citaré a un eminente historiador francés, que pasó de la fe comunista marxista-leninista a la fe cristiana y se ha vuelto un gran conocedor de los tres monoteísmos: “La religión del Corán quiere dar a los hombres el medio de fundar una ciudad perfecta, una ciudad de paz, una ciudad de justicia. Quiere traer a los hombres la tranquilidad del alma, la liberación de la angustia”. El Islam sunnita siempre ha dicho de sí mismo que es la religión más adaptada al hombre tal como es. “Hemos hecho de ustedes, dice el Libro, una Comunidad del justo medio”. No tiene los 613 mandamientos del judaísmo; lo único que prohíbe es el vino. No tiene los dogmas complicados del cristianismo y afirma que todo hombre nace musulmán y está llamado a volverse musulmán. Son los judíos y los cristianos que se interpusieron y se interponen a esa vocación inicial porque falsificaron con su Torá y Evangelio la Revelación inicial de Dios.

En el mundo actual, especialmente en el Occidente en crisis de valores, y las Américas son parte de aquel Occidente, el Islam propone modelos seductores tanto para los hombres como para las mujeres. Acabo de leer la hermosa y muy reciente novela de Orhan Pamuk, traducida al francés como Esa cosa extraña en mí (2017). Es a la vez la historia de Estambul de 1954 a 2012 y la historia del gran amor entre Mevlut y Rahiya. Sin que sea la tesis de Pamuk, vemos cómo el Islam promete y realiza una posibilidad de matrimonio y de familia. En nuestro mundo, desde hace dos siglos el matrimonio se basa en el amor; anteriormente era a la inversa, el amor se construía en el matrimonio. El amor pasional está destinado a pasar en cuestión de meses o de pocos años; por eso, en Occidente, cada año se casa menos gente, porque “si me caso, luego me divorcio”. Criticamos mucho, y con razón, el estatuto de la mujer en tierra de Islam: inferior por naturaleza, está destinada a casarse y a engendrar hijos. Hoy, el número de madres solteras no deja de crecer en nuestros países. Por eso hablo de crisis de valores.

Al leer Pamuk, uno se da cuenta que el matrimonio es el elemento fuerte de la reunión de dos seres humanos. No se necesita la fase previa amorosa, incluso es más prudente evitarla porque provoca accidentes imprevisibles. En Occidente es cada día más difícil, sino imposible, pasar del amor pasión al amor conyugal; en tierra del Islam, la pasión puede nacer del matrimonio. Por eso el matrimonio se arregla en una negociación entre las dos familias; el matrimonio musulmán es razonado, mientras que el nuestro depende de “una flecha disparada por un arquero ciego”. Por cierto, de repente recuerdo que mis abuelos, nacidos en los lejanos años 1880, hijos de campesinos muy católicos, se casaron por conducto de una casamentera, sin flechazo previo… Se quisieron mucho.

Mientras nuestras sociedades se desintegran en el individualismo, el Islam propone una comunidad. Es lo que explica el éxito ya antiguo del Islam afroamericano en Estados Unidos cuyo racismo manifestaba el fracaso de su pretendido cristianismo. Esa comunidad existe en la vecindad, la calle, el barrio y se extiende a la “Umma”, la Comunidad de los Creyentes. Tuvimos el equivalente cuando se podía hablar de “La Cristiandad”. La Cristiandad ha dejado de existir, mientras que la Umma existe, por lo menos como ideal.

Finalmente, la conversión al Islam es muy sencilla. Basta, frente a dos testigos, decir dos veces “No hay más Dios que Dios; Mahoma es su profeta”. Nada de examen, ningún intermediario.

 

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

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