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Los pasos de López

La democracia se ha consolidado únicamente por la reducción tendencial de las desigualdades sociales
03/06/2018
02:16
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En el ya lejano año de 1981, Jorge Ibarguëngoitia nos hizo un regalo fabuloso: el libro intitulado Los pasos de López, historia ficcional de nuestro famoso padre de la Patria, el señor cura Hidalgo, que un buen ranchero quería llevar a México para sentarlo en su trono; un sueño compartido por las muchedumbres entusiasmadas que, desde Dolores Hidalgo, acompañaron al señor cura hasta el Monte de las Cruces, a las puertas de la capital, luego hasta Valladolid, hoy Morelia, y, apoteóticamente, hasta Guadalajara, donde recibió el título de Alteza Serenísima a la hora de abolir la esclavitud. Hace mucho que un estúpido avionazo mató, en Madrid, a Jorge Ibarguëngoitia y a mucha gente. ¡Cómo lo extrañamos! Pensando en los nuevos y actuales “Pasos de López” que nos hubiera dado, por entrega, cada martes en algún gran diario nacional…

¿Son de carne y hueso los protagonistas máximos de la Historia? ¿Son los personajes legendarios tal y como nos lo han pintado? “La contemplación de las figuras históricas, plasmadas en hieráticas estatuas de nobles y resistentes materiales, nos conduce, muchas veces, a la errónea aplicación de estas cualidades a aquellas personalidades, lo que las deshumaniza por completo”. Así reza la cuarta de forro de la edición de 1982 de Los pasos de López.

Don Andrés Manuel López Obrador ya entró en la leyenda, ya pertenece a la “historia de bronce”, antes de las elecciones del 1 de julio de 2018; para muchos es el Malo en persona, que va a llevar a México al abismo, un brujo al estilo del flautista de Hamelín; para muchos es el Caballero de la Esperanza, el hombre que va a salvar a México. Para los del primer grupo, el lobo se ha disfrazado de oveja con su fórmula repetida “Amor y Paz”, un ególatra ambicioso que destruirá, en nombre del pueblo, todas las barreras institucionales, porque “la fuerza es justa cuando es necesaria”, como dijo Nicolás Maquiavelo. Para los del segundo grupo, el ciclo infernal de corrupción, violencia y miseria va a terminar y la hora de México va a llegar.

Hace poco, Gabriel Zaid escribió que los panistas, después de lograr la hazaña de sacar al PRI de los Pinos —con la ayuda del “voto útil”—, decepcionaron tanto que el PRI efectuó un regreso triunfal en 2012. “Se dijo que habían vuelto los que sí sabían gobernar. Pero no sabían”. La preciosa alternancia democrática, lograda en 2000, debería ahora llevar a López Obrador a la Presidencia. Lógico en un país en el cual gran parte de la población vive en la pobreza, y buena parte debajo del nivel de pobreza. Ciertamente, la mitad, a ojo de buen cubero, vive encima de tal nivel, y una minoría muy, muy encima; la desigualdad extrema de nuestra sociedad no es nueva, pero no deja de agravarse. No es necesario ser de izquierda ni igualitarista, para pensar que eso es un problema grave. Tal agravación, en los últimos veinte años, ha sido un fenómeno mundial, lo que no es un consuelo para los mexicanos, incluso en los países más ricos.

¿López Obrador presidente será una amenaza para la democracia? Muy posiblemente, pero la amenaza viene de más allá de su persona; la agravación de la desigualdad es un problema político contemporáneo. El politólogo historiador sabe que la democracia se ha consolidado únicamente por la reducción tendencial de las desigualdades sociales, con la emergencia, el crecimiento, la consolidación de una importante clase media. Sin eso y sin la reducción de las diferencias absolutas de nivel de fortuna hacia abajo y hacia arriba en la sociedad, ninguna democracia puede funcionar, ninguna democracia puede mantenerse. Sin eso, inevitablemente, llega la hora de Juan Domingo Perón, de Hugo Chávez, y se oyen “los pasos de López”.

Si se trata de citar a Maquiavelo, que el pueblo soberano tenga cuidado a la hora de votar: “Cuando los ciudadanos se dejan llevar por grandes esperanzas y promesas deslumbrantes, bajo la superficie se esconde la ruina de la República”. Y que nuestro futuro presidente escuche bien: “Un pueblo capaz de hacer lo que quiere no es sabio, pero un príncipe capaz de hacer lo que quiere está loco”.

Investigador del CIDE.
[email protected] cide.edu

Jean Meyer
Es un historiador mexicano de origen francés. Obtuvo la licenciatura y el grado de doctor en la Universidad de la Sorbonne. Es profesor e investigador del Centro de Investigación y Docencia...

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