Celebración que fue de la alegría a la tragedia en Puebla

Las calles polvorientas y el olor a pólvora dan la bienvenida a San Isidro, un pueblo paupérrimo que pasó de la alegría de organizar la fiesta patronal al luto por la muerte de 14 de los suyos
10/05/2017
02:55
Redacción
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Las calles polvorientas y el olor a pólvora dan la bienvenida a San Isidro, un pueblo paupérrimo que pasó de la alegría de organizar la fiesta patronal al luto por la muerte de 14 de los suyos.

Con un clima semifrío y casas muy modestas, la fiesta en honor a San Isidro Labrador, el patrono de los agricultores del mundo, deberá esperar y ahora rendirán tributo a la muerte que se llevó a sus vecinos en esta región del municipio de Chilchota.

Desde el lunes pasado a las 9:00 de la mañana habían empezado el ritual y la organización de los festejos previos, pero muchos de los asistentes a la celebración tomaban bebidas embriagantes que los mantenían “alegres”.

Poco después de las 8:00 de la noche se realizaba la tradicional serenata cuando escucharon un fuerte tronido y supieron que algo malo había ocurrido. Son pocos los habitantes del municipio y de inmediato acudieron al lugar.

“Había muchos gritos y desorden”, recuerda uno de los sobrevivientes, ayudante del mayordomo que encabezaba la ceremonia para llevar al santo a la casa de aquellos que organizarían las fiestas del 15 de mayo: la familia Serrano Argüello.

Previo a la explosión, los cohetones de la feligresía tronaban al por mayor como sinónimo de alegría, pero uno de ellos fue a dar al interior de la casa donde se almacenaba la pirotecnia.

El hogar de concreto con dos pisos voló por los aires y una cabaña de madera también sufrió la misma suerte, mientras las víctimas soltaban voces de dolor.

La ambulancia de Chilchota no sería suficiente para tanto herido, la solidaridad de inmediato se hizo presente y algunos vecinos ofrecieron sus camionetas para trasladar a los heridos hasta los hospitales de Quimixtlán y Guadalupe Victoria.

El ayudante salvó la vida de milagro y gracias al alcohol, pues debido a que se sentía muy ebrio decidió abandonar la casa del nuevo organizador de los festejos. A los pocos minutos escuchó el tronido.

Con la luz del día la tragedia fue más visible. La vivienda estaba completamente destruida, imágenes religiosas tiradas en el piso y vecinos inundados por el llanto que sufre a los 14 muertos, pero sobre todo, a los 11 menores que ahí fallecieron.

 

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