La Bocatoma. Paso “libre” a Estados Unidos

Cada día cruzan cinco lanchas o botes con 15 o hasta 20 indocumentados. La Patrulla Fronteriza no actúa para no afectar la economía de los rancheros, dice experto
En la Bocatoma o La Playita hay centros recreativos donde conviven las familias, pero a partir de las 16: 00 horas los visitantes se retiran y comienza el movimiento de los traficantes de indocumentados (JULIO LOYA)
24/04/2017
01:29
JULIO LOYA
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Reynosa

Aquí es La Bocatoma, un lugar de recreo para las familias y una zona donde todas las tardes se ven pateras, lanchas en las que hombres y mujeres busan ingresar al vecino país sin papeles. Cada día cruzan a Estados Unidos hasta cinco grupos de entre 15 a 20 personas de diversas nacionalidades. No se esconden, porque los agentes de la Patrulla Fronteriza no actúan para detenerlos.

En La Bocatoma está la compuerta binacional que divide al río Bravo (en Reynosa, Tamaulipas) y al canal Anzalduas (en Mission, Texas). Es una de las 36 zonas que la Procuraduría tamaulipeca ubica para el cruce ilegal de indocumentados.

En esta zona, tanto en territorio estadounidense como en el mexicano hay centros recreativos, donde las familias conviven, asan carne, realizan pesca deportiva y actividades acuáticas; en suelo mexicano está La Playita y el zoológico, en el vecino país, el parque Anzalduas.

La Bocatoma o La Playita, ubicada sobre la carretera Reynosa-Miguel Alemán, es uno de los paseos más concurridos. Al lugar también acude gente del Valle de Texas y visitantes de Nuevo León, sobre todo en Semana Santa.

Del lado mexicano, a partir de las 16:00 horas La Playita muda su rostro; las familias se retiran, queda un puñado de pescadores y comienza el movimiento de los traficantes de indocumentados. Primero llegan dos halcones, personas con radio en mano que comienzan a monitorear el lugar. Nos acercamos a dos, quienes con binoculares observan para todos lados; uno conversa con el reportero, mientras el otro vigila celosamente la zona donde varias familias nadan en las aguas del río Bravo.

—¿Qué hace tu compañero?

—Vigilando apa’, tenemos que estar al pendiente que no se nos cruce nadie para el otro lado, sin pagar, y de paso checar que no se ahogue nadie.

Posteriormente, observamos cómo inicia la llegada de todo tipo de vehículos, que trasladan a sus clientes al estilo de “auto sardina”, constató EL UNIVERSAL.

A unos 100 metros de la zona recreativa bajan a los indocumentados, quienes de inmediato se sientan entre la maleza, mientras que los polleros confirman que del lado americano sólo está una patrulla de la Border Patrol.

No los intimida la patrulla. Empiezan a acercar al río Bravo unas improvisadas balsas, fabricadas con madera y cámaras de llanta, acto seguido inicia el cruce a Estados Unidos.

El corresponsal de EL UNIVERSAL observó que en un lapso de dos horas cruzaron cinco veces al lado estadounidense; en cada vuelta llevaban grupos desde 15 hasta 20 personas (mujeres, hombres y menores). Lo hacen a la vista de los pescadores.

Los agentes de la Patrulla Fronteriza platicaban con trabajadores de las compuertas; vieron el cruce de migrantes, lo ignoraron y siguieron con su charla. No hicieron nada por detener a los indocumentados que habían cruzado a territorio de la Unión Americana.

Pescadores platicaron que esto es cosa de todos los días, que para ellos es algo normal, pero, actualmente —después de la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos— se ve menos cruce de indocumentados.

Un pescador —quien por guridad pidió que se le identificara sólo como Raúl— dijo que él tiene más de 10 años frecuentando el lugar, dos veces por semana y aseguró que el cruce de migrantes va en disminución.

Reveló que desde que llegó el republicano a la Casa Blanca, se puede ver que los pateros cruzan entre cuatro y cinco ocasiones a Estados Unidos, cuando antes lo hacían entre 10 y 12 veces. Los halcones también dieron su testimonio y confirmaron que desde que ganó Trump el arribo de migrantes centroamericanos cayó en más de 60% y de otros países en 80%.

Aseguraron que están en crisis, porque por la disminución se abarató “el mercado”. Si antes cobraban 10 mil pesos por el cruce a cada migrante, hoy lo hacen hasta por 3 mil pesos.

Confirmaron que el traslado de migrantes en vehículos sobre puentes internacionales decayó por los sistemas nuevos de escaneo que tiene la Unión Americana.

Cuestionados sobre porqué cruzan a los indocumentados cuando está a la vista la camioneta de la Border Patrol, uno de ellos, encogiendo los hombros y con tono irónico, respondió: “¿Por qué crees?”.

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Los necesitan

Omar Múñiz, experto en temas de migración y violencia del desaparecido Centro de Estudios Fronterizo y Promoción de los Derechos Humanos, aseguró que la Patrulla Fronteriza tiene que dejar pasar a los migrantes sin papeles porque están “arreglados” y para no afectar la economía de los rancheros de Texas.

“La Patrulla Fronteriza siempre va a dejar abierto el cruce de migrantes y más cuando es cosecha difícil de caña, chile, tomate, lechuga, brócoli, pimiento, etcétera.

“Sin embargo, cuando termina la temporada de cosecha o trabajo duro, la Patrulla Fronteriza inicia la cacería para deportar a los migrantes”, puntualizó.

Tamaulipas tiene 370 kilómetros de frontera con Estados Unidos, y es Nuevo Laredo, Matamoros y Reynosa por donde se realiza el mayor número de deportaciones.

Nada los detiene

Dos indocumentados, originarios de Honduras y Guatemala, deportados de Estados Unidos por Reynosa, entrevistados por EL UNIVERSAL indicaron que nada los frenará para cruzar el río Bravo, otra vez, porque sus familias se quedaron en la Unión Americana.

Afirmaron que no regresarán a su país porque allá sufren mucho, no hay trabajo y cuando hay, les pagan poco, y ese poco dinero se lo quieren quitar integrantes de la delincuencia.

“Sufrimos mucha hambre en nuestro país y violencia, pero padecemos más para llegar a Estados Unidos, en busca de una mejor calidad de vida. Ni con un muro, con nada podrán terminar con nuestro sueño”, comentó el hondureño Andrés Avelino Agbag Núñez.

Varado en la ciudad de Reynosa, Andrés recordó que desde hace más de tres años decidió dejar a su familia en Honduras, para buscar “su sueño americano”. Se aventuró con mil empiras en su bolsillo, (800 pesos mexicanos aproximadamente) y viajó sin importarle los riesgos que tenía que pasar. “Conocía los riesgos, sabía de las masacres de migrantes en Tamaulipas y de la violencia en Veracruz, pero la necesidad es más grande y me aventuré”, señaló.

Reveló que con las mil empiras llegó hasta Guatemala, ahí tuvo que soportar frio, hambre y dormir a la intemperie, sin chamarra.

Narró que cuando cruzó de Guatemala a México, sintió que estaba a un paso de Estados Unidos, después se dio cuenta que no, apenas iniciaba lo duro de su viaje.

Caminó dos días para burlar los retenes de la policía mexicana, de migración y a los delincuentes, se subió a La Bestia (ferrocarril), y empezó a sentir lo que es sufrir para alcanzar el “sueño americano”: lo asaltaron, pero como no traía dinero, lo golpearon.

“Venía en puro tren, varios días aguantaba hambre y en otras ocasiones llegaba a las casas a pedir caridad, me daban comida y hasta dinero. No traía chamarra, hacía frío, caminé como dos días por el monte”, rememoró.

Mirando hacia el río Bravo, vestido con una camiseta, pantalón de mezclilla y sandalias, Andrés relató que pudo llegar hasta Reynosa.

“Aquí en Reynosa me cobraban los coyotes, algunos, hasta 7 mil dólares por cruzarme, así que opté por hacerlo solo y llegue hasta Tennessee, donde trabajé.

“Hace como tres meses me detuvieron cuando iba con otros migrantes a buscar más trabajo a Nebraska, de ahí nos deportaron, pero aquí estoy otra vez intentando cruzar; nada me va a detener, ni la Guardia Nacional, ni muros, ni Donald Trump”, puntualizó.

Una estadística presentada por el departamento de Seguridad Nacional confirmó que en 2016 Estados Unidos registró un cruce de más de 400 mil personas en su frontera con México. De esa cantidad, 52 mil se hicieron en el Valle del río Grande, es decir, por el estado de Tamaulipas.

Héctor Silva, pastor del albergue Senda de Vida, de Reynosa, aseguró que el año pasado llegaron a deportar por esta ciudad hasta a 170 migrantes por día. En este 2017 las deportaciones no superan las 120 personas expulsadas diariamente de Estados Unidos.

Indicó que la cifra es más baja que el año pasado, porque en estas mismas fechas se habían recibido hasta mil personas deportadas, sólo por Reynosa.

“Pero ni con el muro que se pretende construir se va a frenar la migración hacia Estados Unidos”, aseguró.

Deja a su familia en Nebraska

Miguel Rodríguez Ortiz es originario de Guatemala. Tenía más de 10 años trabajando en la Unión Americana, en el estado de Nebraska, cuando lo deportaron a México. En aquel país dejó a su hija de siete años y a su esposa de nacionalidad estadounidense.

Reveló que hace siete meses fue detenido en un retén de la policía de Nebraska cuando se dirigía a su trabajo.

Recodó que en Nebraska se casó con una mujer estadounidense, pero no pudo arreglar papeles, porque había sido deportado una vez; sin embargo, regresó y con su esposa procrearon una hija a la que hoy dice extraña más que a nada en el mundo.

“Trabajaba en la construcción de casas y ganaba 17 dólares la hora, cuando en mi país lo que obtenía en Estados Unidos en una semana, allá tenía que trabajar un mes y medio, y con horas extras para adquirirlo.

“El sueño americano es productivo, vale la pena volver a cruzar y más porque extraño a mi hija. Ahorita sólo estoy esperando que se calme esto un poco para volver a cruzar”, apuntó Rodríguez. Aseguró que para los migrantes no será ningún impedimento el muro que quiere construir el republicano.

“Nunca van a poder frenarnos, aunque lo hagan muy alto, habrá siempre la forma de cruzar, lo rompemos o hacemos túneles, pero siempre vamos a cruzar”, puntualizó mientras espera el momento de cruzar.

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