Escuchó el último suspiro de Kevin en el hospital

A 9 meses, Lamberto no entiende la saña con la que balearon a su hijo; en Chilpancingo 93.3% de la gente dice vivir insegura, según encuesta
Lamberto vendió su casa, que estaba en una colonia en la periferia de la ciudad, porque no aguantó que los asaltantes se metieran a robarlo cuando quisieran a su vivienda. (JOSHI HERNÁNDEZ. EL UNIVERSAL)
21/04/2017
03:40
Arturo de Dios Palma
Chilpancingo.
-A +A

[email protected]

A Lamberto Castro la vida le dio una oportunidad que muy pocos quisieran tener: la noche del 9 de julio de 2016 alcanzó a llegar al hospital Raymundo Abarca Alarcón a escuchar el último suspiro de su hijo Kevin Castro Domínguez, de 18 años.

Una hora antes —a las 11 de la noche— en la colonia del PRI, Kevin vendía cervezas y micheladas a los dos últimos clientes, cuando una camioneta se estacionó a unos 10 metros adelante. De ella bajaron dos hombres con armas y otros dos se quedaron arriba. Caminaron rumbo a la pequeña caseta donde el joven despachaba y dispararon.

A unos de los clientes les dieron dos balazos: uno en la pierna y otro en el abdomen. El otro sólo recibió uno en el estómago. Kevin recibió ocho tiros: uno le atravesó la pierna, otro el brazo, uno más el abdomen. Otro el pómulo izquierdo. Tras los impactos, Kevin se desvaneció. Llegaron los hombres y le dieron dos tiros en la nuca. Uno le cruzó el cráneo y salió debajo del ojo izquierdo. Kevin no murió. “Es ahí donde pienso que Kevin necesitó de mi presencia”, dice Lamberto con las lágrimas contenidas. Minutos después una ambulancia de la Cruz Roja lo recogió y lo trasladó al hospital.

A Lamberto le avisó un conocido que andaba cerca de la colonia del PRI. Salió corriendo al hospital. Cuando llegó un médico le dijo que no podía verlo, que estaban haciendo todo lo posible por rescatarlo. Le dijeron que Kevin estaba muy mal. Lamberto no imaginó la gravedad.

Cinco minutos después, el médico le dijo que podía pasar a verlo. Lamberto llegó apenas para escuchar el último aliento, vio cuando a Kevin se le movió el abdomen y su pecho por última vez. “Le pude decir lo tanto que siempre lo he querido. Que no se preocupara”. Tras seis meses, Lamberto no entiende por qué tanta saña.

Kevin, dice Lamberto, era un joven que siempre estaba ocupado. Por las mañanas estudiaba en el Colegio de Bachilleres y por las tardes ensayaba danza folclórica en el Casino del Estudiante en el Zócalo. Los fines de semana apoyaba a un grupo que da ayuda a jóvenes en recuperación y trabajaba. Su hermana de seis años lo adoraba; siempre le llevaba su fruta favorita: una manzana.

El asesinato de Kevin cambió todo. Ahora Lamberto, su esposa y sus otros dos hijos casi no salen de casa. “Cuando tocan el timbre de la puerta no abrimos hasta que se identifican”. Desde ese día cada hora entre los miembros de la familia se escriben mensajes en un grupo de WhatsApp: “¿Cómo estás?”, “¿dónde estás?”, ¿estás bien?”. Las fiestas se acabaron.

“Entre la familia hemos platicado en cambiarnos a un lugar más seguro, pero nos damos cuenta que la inseguridad es como una llama que está creciendo y no sabemos dónde va a brotar”. Antes de la muerte de Kevin, en 2013, Lamberto vendió su casa que estaba en una colonia en la periferia de la ciudad. Lo hizo porque no aguantó que los asaltantes se metieran cuando quisieran a su casa. También lo hizo porque quería darle un contexto distinto a sus hijos. En los últimos cuatro años, Lamberto y su familia se han mudado cinco veces.

En 2016, Chilpancingo se convirtió en la segunda ciudad más violenta de Guerrero: hubo 234 asesinatos relacionados con la disputa que hay entre los grupos criminales. En Acapulco ocurrieron 918 ejecuciones.

Datos del Semáforo Delictivo 2016 señalan que en Chilpancingo ocurrió el mayor número de secuestro en todo Guerrero: 16 plagios. En ese mismo periodo se denunciaron 23 extorsiones, 771 robos de automóviles, 101 hurtos a casa habitación, 59 a comercios y 38 violaciones. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana 2017, del Inegi (ENSU), Chilpancingo, es la tercera ciudad del país donde más se percibe inseguridad pues 93.3% así lo dijeron. La media nacional es de 72.9%.

 

Comentarios