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El cristal toca techo en Sonora

Director de Salud Mental: es la más destructiva de estos tiempos, altamente adictiva y barata
José relata que en dos años ha perdido más de 20 kilos, aunque no deja de comer. Muestra los focos donde prepara el cristal que inhala, por lo regular usa la droga cada dos días (AMALIA ESCOBAR)
19/04/2017
04:00
Amalia Escobar / Corresponsal
Hermosillo
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José, ingeniero electromecánico, en 2015 era próspero. Tenía 36 años y poseía varios negocios que le permitían dar a su esposa y cuatro hijos una vida holgada; escuelas particulares, vehículos de lujo y una residencia. Comenzó a consumir el cristal, por recomendación de un familiar, quien le dijo que le aminoraría el cansancio y las presiones. Hoy vive en la miseria; se mudó con su familia a un populoso barrio al norte de Hermosillo y carecen hasta de comida.

José recibió a EL UNIVERSAL en su oficina, un cuarto de cuatro metros por cuatro, donde apenas se camina por el cúmulo de piezas y herramientas.

Con la moral desbaratada, la ropa sucia, zapatos rotos y la voz pausada, narra cómo ha caído hasta lo más bajo para conseguir cristal. Desde la primera vez que lo consumió fue presa de la adicción, no lo pudo dejar y al estar drogado en forma permanente fue perdiendo todo, menos a su familia que por lástima, comenta, no
lo abandona.

Relata que en dos años ha perdido más de 20 kilos aunque no deja de comer, pero tampoco de drogarse. En su oficina, entre todo el desorden, tiene focos donde prepara la droga que inhala. Describe al cristal como la sustancia de la locura. Cuando la consume entra en estado de paranoia, siente que lo observan, escucha voces, tiene alucinaciones, pero cree que aún no ha perdido la razón, se queda en ese cuartito para que no lo vean sus hijos, el mayor de nueve años y el menor, casi de dos.

Cuando sale a los “tiraderos”, sabe a lo que se expone, lleva un machete para defenderse si lo quieren asaltar en las calles oscuras de los barrios.

Por lo regular usa drogas cada dos días, consume y duerme por más de un día entero; no produce, su esposa ha tenido que lavar ajeno para sostener la familia.

“Y todo porque me dijeron: ‘Con ésta se te va a quitar el estrés’, pero la verdad es muy feo estar arriba”. En sus momentos de lucidez piensa en sus hijos, y pide a Dios que ninguno de ellos sucumba en el mundo oscuro del cristal.

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Consumo de veneno

El cristal, también conocido como meta, foco, vitamina M, hielo, ice o tiza es la droga más recurrente en Sonora, utilizada incluso por niños de nueves años.

Estadísticas de 2016, de la Dirección General de Salud Mental y Adicciones, indican que de 79 mil 264 consultas, 33 mil 891 fueron por adicciones, casi 40%. De los 8 mil 300 egresos, 64.4% de las atenciones fue por uso de esta sustancia.

Entre los componentes que se utilizan para elaborar esta droga sintética además de la efedrina, se encuentran el ácido muriático, ácido de batería, sosa cáustica, ácido clorhídrico y raticida, por lo que contiene plomo y mercurio que pueden llevar al consumidor al envenenamiento por metales pesados, señala el secretario de Salud, Gilberto Ungson Beltrán.

Añade que, generalmente, el consumidor crónico pierde interés en su familia y cuidado personal, afectando al grupo social porque presentan más accidentes, especialmente en el hogar, de tránsito, actos delictivos y violencia. El cristal provoca alucinaciones, pérdida de peso y hasta de la realidad, disminuye el apetito; provoca insomnio, irritabilidad, ansiedad, euforia, confusión, depresión; en casos severos se corroen los dientes hasta la raíz o se quiebran hasta la encía; comezón y picazón constante por la sensación de tener insectos debajo de la piel.

Félix Higuera Romero, director de Salud Mental en Sonora, destacó la importancia de promover la campaña de La Verdad del Cristal en Sonora, programa del gobierno estatal que arrancó el pasado 8 de febrero, puesto que se trata de una droga muy potente.

“Se trata de la sustancia más destructiva de nuestros tiempos, aceta el cerebro, es altamente adictiva y barata; su fácil fabricación clandestina la pone al alcance de todos”, dice.

Destruye las fosas nasales, genera asma y bronquitis; perjudica la boca, produce problemas cardiovasculares o úlceras gastrointestinales o proctitis, de acuerdo con la forma de consumo que puede ser por inhalación por la nariz, aspiración por la boca, inyectada o vía rectal; todas las formas son letales, advirtió.

 

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