Salma y Nicole, las amigas que fallecieron en la Autopista Siglo XXI

Salma Navarrete Ortiz, una joven de 17 años de edad, por primera vez viviría la experiencia de viajar sin sus familiares, pues en esta ocasión sería Nicole, su mejor amiga, quien la invitaría a su travesía hacia las costas michoacanas
Fotografías: Ubaldo Garibay / EL UNIVERSAL
18/04/2017
21:50
Corresponsales de EL UNIVERSAL
Morelia, Michoacán
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Tras el reconocimiento de las 28 víctimas que dejó el choque de una pipa y un autobús, ocurrido el pasado jueves en la Autopista Siglo XXI, este martes finalmente las familias pudieron estar cerca de los restos y despedirse de los seres que murieron trágicamente.

La mayoría de los fallecidos pertenecían a las cuatro familias que ahí viajaban; todos se conocían, a excepción de Salma Navarrete Ortiz, una joven de 17 años de edad que por primera vez viviría la experiencia de viajar sin sus familiares, pues en esta ocasión sería Nicole, su mejor amiga, quien la invitaba a su travesía hacia las costas michoacanas.

Para las dos jóvenes, su amistad ya estaba escrita en sus vidas: “Salma me había dicho que su destino era estar con Niki, porque ellas ya se conocían desde antes de vista, no sabían que después iban a estar juntas en la escuela. Nicole me dijo que su familia invitaba a Salma a un viaje y yo accedí, no me imaginaba que al otro día sería el último día que vería a mi hija”, contó a EL UNIVERSAL, Jorge Negrete, padre de Salma Navarrete.

En una sala velatoria del Mausoleo La Cruz, ubicado en las cercanías de una zona residencial de Morelia, amigos, conocidos y familiares de Salma despiden sus restos. Distinto a los 17 funerales que ahí se realizan, en el de Salma, los asistentes no visten de negro y todos escuchan canciones de moda que solía escuchar la joven, a la que recuerdan como una persona alegre que siempre regalaba sonrisas.

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Entre lágrimas, su padre recuerda lo difícil que fue traer al mundo a su primogénita.

“Fueron cinco años de intentar tener un bebé, mi hija nació por inseminación artificial, ella nació el 18 de febrero del 2000 y desde niña vivió cada momento con mucha intensidad. Fue un regalo que me dio Dios y ahora ya tenemos un ángel que se llama Salma, su misión fue dar alegría y paz”, dice el papá de la muchacha que cursaba el segundo semestre del bachillerato en el Instituto Montrer, de Morelia.

A sus 17 años, Salma ya había decidido que estudiaría la carrera de mercadotecnia y que dedicaría enteramente su vida a sus logros profesionales y a cuidar de sus padres. “Quería hacer maestrías, no quería casarse, ella decía que nunca iba a tener hijos, que iba a quedarse siempre con nosotros y yo le decía que iba a terminar corriéndola de la casa”, dice entre risas, la madre de la joven, Esther Ortiz.

Con semblante sereno, el señor Jorge y su esposa reciben el pésame de los amigos de Salma que poco a poco llegan para dar el último adiós; ellos la describen como una buena estudiante y compañera de clase. Con destreza para las matemáticas y gusto por la historia, Salma destacaba como una alumna excepcional.

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“Siempre buscaba la manera de ayudarnos cuando no entendíamos algo. Era muy aplicada, muy atenta, entonces cualquier cosa que le explicaban rápido lo entendía. A Niki y Salma les iba muy bien en todas las materias”, dice Karla Mendoza, compañera y amiga cercana de las dos víctimas.

Las dos adolescentes que compartieron sus últimos momentos de vida, conformaban un grupo de 10 amigas que se hacía llamar “La Crew”, aunque todas eran muy unidas, la complicidad de Salma y Nicole era innegable.

“Eran muy celosas de otras amistades y juntas eran una bomba de alegría, tenían esa chispa de contagiarnos, aunque eran personas distintas. Son amigas que nunca vamos a olvidar”, recuerda Areli Rico mientras observa las fotografías que la familia de Salma colocó sobre el féretro.

El 18 de febrero pasado, Salma festejó el último de sus cumpleaños. Su padre aún conserva en un teléfono celular los videos de esa noche en la que su hija y su inseparable amiga Nicole bailaban y cantaban juntas. “Todo el tiempo irradiaba alegría, no le gustaba ver a la gente triste, por eso hoy quisimos poner música, porque con eso ella va a hacer una fiesta”, refiere la mamá de la joven a la que le gustaba la pintura y el diseño gráfico.

afcl/ml

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