Cobran derecho de piso hasta a artesanos

Los Sureños operan de Cancún a Playa del Carmen: informe; según denuncias, cuotas oscilan entre mil y 2 mil pesos semanales
El reporte federal detalla que la banda de Los Sureños la conforman centroamericanos tatuados como los maras. Según dueños de negocios, viajan en motocicletas y vehículos grandes y acuden a los locales después de las 17:00 horas (REUTERS)
23/01/2017
01:20
David Fuentes
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Cancún.— Desde Cancún hasta Playa del Carmen, la pandilla conocida como Los Sureños tiene la encomienda de recolectar el llamado cobro por derecho de piso, según las denuncias recabadas por autoridades federales en el informe entregado a las autoridades locales durante la reunión de la quinta zona naval en Isla Mujeres, el cual resalta que en la zona nadie se salva.

Desde los restaurantes más conocido y prestigiados hasta los pescadores y artesanos locales deben pagar cuotas que van de entre mil y 2 mil pesos por semana, según la temporada y el monto vendido; por ejemplo, a los que venden comida se les exige 15%, mientras que a los vendedores de miel —quienes llegan desde Mérida— les cobran 10% de la venta total.

El grupo delictivo opera de manera similar a las pandillas centroamericanas conocidas como los maras y, como ellos, tienen tatuajes en el rostro, pecho y brazos. Los encargados de los negocios ya los conocen y saben que no se deben meter con ellos; de hecho, los domingos la playa es para la mayoría de ellos. Aunque no molestan a los turistas, los salvavidas saben que el domingo se deben atender sus demandas.

A Playa del Carmen llegan en motocicletas y vehículos grandes. Se les distingue a la distancia y acuden después de las 17:00 horas, cuando la mayoría de los negocios baja las cortinas y empieza a despedir a los paseantes. El motivo: no se quiere un altercado como el del Blue Parrot, en Playa del Carmen, donde murieron cinco personas tras un tiroteo en la discoteca.

“Ya sabemos que después de las cinco de la tarde la playa es de ellos; siempre se pelean y no podemos hacer nada más que si entran al mar, tratar de que no se ahoguen. Ya lo hemos denunciado, la policía sabe pero es un problema local. Los domingos es cuando más batallamos, los turistas casi no están y todo el lugar es sólo para ellos, llegan con sus mujeres y nos dicen que no hagamos nada por ellos y es un caos”, comenta Martín, salvavidas quien dice que batalla especialmente los días 15 y 30 de cada mes.

A pesar de lo intimidatorio de Los Sureños por sus tatuajes, la instrucción es simple: no molestar a nadie. Sólo cumplen con su trabajo, lo que preocupa a las autoridades, pues ignoran si cuentan con armas, si las saben usar y si son capaces de actuar en momentos álgidos, por los cuales principalmente se detonó el Código Rojo en la zona.

Este trabajo “hormiga” les deja a estos pandilleros ganancias millonarias mensualmente, lo que les da para mantenerse en el clandestinaje y en el anonimato. El registro de esta banda, según la Policía Federal, era de 2 mil integrantes en 2014, pero se reporta que se les ha unido otra célula conocida como los Mongos, también pandilleros que empiezan a reclutar a sus integrantes desde los 12 años.

La preocupación de las autoridades, según los informes federales, radica en que la gente nueva que los nutre proviene de países centroamericanos como Guatemala, El Salvador y Honduras. Refieren que son inmigrantes de quienes hasta el momento no se tiene un registro o se desconoce la estructura criminal que los controla.

Incluso, no se descarta que las pandillas locales tengan alguna especie de convenio con la Marasalvatrucha, debido a la similitud con la que operan, pues usar motocicletas en los atentados hacia las autoridades es una práctica que comenzó en Centroamérica, donde las pandillas llegaban a cobrar apenas 500 pesos por encargo.

Mientras, como parte del operativo para garantizar la seguridad de los turistas, se tiene programada la revisión exhaustiva de todas las entradas y salidas de la península, pues aunque se sabe que gran parte de la droga llega vía marítima, se conoce que las armas y los brazos ejecutores llegan por carretera, la mayoría proveniente de Chiapas, donde desde hace tres años, Los Sureños tienen una especie de sucursal.

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