Nadie se atreve a preguntar el porqué las mataron

Asesinato de mujer y su hija enciende de nuevo los focos rojos en Tixtla; Los Rojos y Los Ardillos, entre los grupos criminales que operan en la zona
Policías y bomberos llegaron a sofocar el fuego de la vivienda donde vivían Gudelia, de 52 años, y a su hija Kenia, de 13, después se percataron que en el lugar estaban los cuerpos de ambas mujeres (ARTURO DE DIOS PALMA. EL UNIVERSAL)
14/01/2017
04:30
Arturo de Dios Palma
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Tixtla.— La huellas del crimen están frescas: el olor a carbón aún es fuerte, el piso está mojado, las paredes chambuqueadas. Dentro de la casa todo está revuelto, quemado también. La casa está cerrada con candados. Los vidrios de la puerta y la ventana están rotos. Está abandonada.

Ahí la tarde del jueves mataron a Gudelia, de 52 años, y a su hija Kenia, de 13. Primero les dieron de tiros y después les rociaron gasolina y las quemaron.

La casa de paredes desnudas está ubicada en la calle Armendaris, en barrio Santiago, donde la tarde de este viernes casi nadie pasa, está semi desierta. Hay una calma inusual. Los vecinos pasan a prisa, sin detenerse.

A unas cuadras velan a las dos mujeres. En una callejuela hay dos conos color anaranjado que marcan el alto y un hombre también lo hace. A lo lejos apenas y se miran algunas sillas afuera de una casa donde se lleva acabo el velorio. No permiten el paso. A la cuadra siguiente hay dos patrullas de la Policía Estatal, que el jueves a las 4:00 de la tarde no se pararon por ahí.

De acuerdo al reporte de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, un comando en varias camionetas llegó a la casa de Gudelia. Entraron la asesinaron junto con su hija y antes de irse le prendieron lumbre. Los hombre armados salieron del barrio y se metieron por la carretera federal Chilpancingo-Tixtla y pasaron cerca de un modulo de la Policía Municipal.

En los mismo hechos, el grupo armado se llevó a un hombre que pasaba por ahí, pero otros dicen que podrían ser otros dos más.

Minutos después llegaron al lugar policías y bomberos para sofocar el incendio, sin saber que dentro de la casa se quemaban los cuerpos de Gudelia y Kenia.

Con el descubrimiento, la casa fue acordonada, llegó el personal del Servicio Médico Forense (Semefo), pero los familiares no permitieron que se llevaran los cuerpos.

Gudelia, de acuerdo con las versiones de sus vecinos, era una mujer tranquila que por las noche vendía cena en el barrio del Santuario, ubicado al extremo de la ciudad. La recuerdan como la propietaria de una tienda donde los niños jugaban maquinitas. Su hija Kenia cursaba el primer año de secundaria.

Nadie se atreve a decir los motivos de la muerte de Gudelia y Kenia.

La disputa. Tixtla en los últimos meses se convirtió en escenario de la disputa entre los grupos delictivos Los Rojos y Los Ardillos. La lucha que comenzó en Chilapa se trasladó a este municipio y cada vez más el terror se apodera del lugar.

El pasado 4 de enero, cuando un grupo de la Policía Estatal hacia un recorrido por el barrio de El Santuario, varios hombres armados los recibieron a balazos.

Los policías, de acuerdo con los reportes policiacos, repelieron el ataque y se generó una persecución que tomó rumbo hacia la avenida Insurgentes y terminó sobre la carretera que conduce a la comunidad de Atliaca.

De acuerdo a distintas versiones, los atacantes dispararon a la gente cuando pasaban por las instalaciones del hospital del ISSSTE y de uno comunitario, ubicados en la avenida Insurgentes. Policías y delincuentes tomaron la carretera federal Chilpancingo-Tixtla hasta llegar a la vía que conduce a la comunidad de Atliaca.

Parte del grupo de delincuentes logró escapar y las autoridades anunciaron un operativo policiaco para detener la violencia en el municipio; sin embargo, ésta continúa.

Pero la violencia no sólo está dentro del municipio. La carretera Chilpancingo-Tixtla se ha convertido en una de las más peligrosas. En esta vía ha sucedido casi de todo: levantados, asesinados, asaltos, cuerpos sin vida. Esta vía sobre todo se convirtió en un tiradero de muertos.

A inicios del mes de noviembre cerca del crucero de la comunidad de Atliaca, en Tixtla, dejaron nueve cuerpos desmembrados.

Pero este hecho es último, antes ocurrieron más. En los primeros días de octubre, cuando regresaban a la normal de Ayotzinapa, fueron asesinados a tiros los estudiantes Johnatan Morales Hernández y Filemón Tacuba Castro. Sobre el hecho la versión oficial es que el motivo del crimen fue un asalto.

Una madrugada de inicios de septiembre, sobre esa carretera, fue encontrado el cuerpo —sin vida y con señas de tortura— del secretario de obras públicas de Chilapa, José Luis Jiménez Parra, levantado ochos días atrás en la misma vía, así como los de su chofer y su escolta. De acuerdo a reportes policiacos, alrededor de las 3:00 de la mañana fueron hallados en un basurero ubicado en el tramo conocido como Mochohua el cuerpo del funcionario de Chilapa y los de sus dos auxiliares. También fue hallada una cartulina con un mensaje firmado por unos de los grupos criminales que disputa el control de la región centro del estado.

La tarde del 17 de julio, de acuerdo al informe del GCG, cuando el regidor, Miguel Ángel Salmerón Nava, recorría el tramo de la comunidad Plan de Guerrero y el basurero de Tixtla, se percató de que un grupo de hombres armados revisaban otro auto.

De inmediato en su camioneta, una Rogue color blanco, se echó de reversa. Los hombres también reaccionaron y comenzaron a dispararles. El auto del edil perdió el control y cayó sobre la cuneta. Hasta ahí llegaron los armados y, sin que pudieran salir, les dispararon. Salmerón Nava murió y sus cuatro acompañantes resultaron heridos.

Tixtla ahora es un escenario de guerra y el último crimen fue el de Gudelia y su hija Kenia.

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