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Pueblo fantasma por culpa del narco

En Sonoyta, los pocos habitantes miran con zozobra a través de las ventanas; a pesar de la presencia de fuerzas federales, los grupos criminales se disputan la plaza
En Sonoyta, la gente abandona el lugar con lo que lleva puesto (RAÚL ESTRELLA/ ARCHIVO EL UNIVERSAL)
En Sonoyta, la gente abandona el lugar con lo que lleva puesto (RAÚL ESTRELLA/ ARCHIVO EL UNIVERSAL)
04/07/2015
23:46
Amalia Escobar / Corresponsal
Plutarco Elías Calles, Sonora
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La violencia se recrudece y el éxodo provocado por el narco escala. En este municipio de nombre Plutarco Elías Calles, cuya cabecera municipal es Sonoyta, familias enteras del área rural y urbana huyen con los zapatos y la ropa que traen puesta. Cualquier lugar es mejor que vivir entre el fuego cruzado de bandas criminales.

“Los Memos” y “Los Salazar”, grupos contrarios en el trasiego de drogas se disputan ferozmente la plaza a pesar de la presencia de elementos policíacos de todos los órdenes: municipal, estatal, federal, incluso, de la Marina y del Ejército.

Las salidas comenzaron el 30 de abril, cuando estos grupos se enfrentaron en el ejido Desierto de Sonora, a diez kilómetros del casco urbano. Ese día, el lugar se quedó sin un alma, mil 200 personas huyeron, algunas para no volver más.

Los exiliados dicen que había más de 40 cuerpos tendidos en el kiosco de la plaza, sin embargo, la Procuraduría de Sonora emitió una cifra oficial de 3 muertes.

En un recorrido que realizó EL UNIVERSAL por esa zona, se observaron casas con múltiples impactos de bala, paredes que son un mudo testigo de historias de cruda violencia, de vida y muerte.

Un pueblo desolado y pocas personas mirando con zozobra y desconfianza a través de pequeñas rendijas de sus ventanas.

Aquí nada volvió a ser igual, le clamamos a Dios porque esto termine, dijo la pastora del templo Divino Redentor, Mónica Brenan.

Pocos han regresado, se ha tratado de hacer una vida normal, ya hay clases en las escuelas pero muchos niños ya no volvieron, relató con tristeza al recordar cómo su comunidad quedó desolada.

El pasado 7 de junio, el día de las elecciones, votaron en una casilla especial para salvaguardar la integridad de los ciudadanos.

Un día después, el 8 de junio, fueron ejecutados dos elementos de la policía municipal afuera de una tienda de autoservicio, en plena ciudad.

El 14 de junio se encontró el cuerpo sin vida del subdirector de Seguridad Pública Municipal, su cuerpo tenía una herida por proyectil de arma de fuego, según reportó la Procuraduría General de Justicia en el Estado.

Esta narcoguerra ha cobrado, en cifras oficiales, 38 vidas en lo que va del año.

El gobernador Guillermo Padrés, se limitó a comentar que las dependencias a su cargo están trabajando en coordinación con el municipio y la federación para seguir manteniendo la seguridad en esa zona, pero no puede compartir avances por la naturaleza del tema.

La violencia que brotó en las comunidades ejidales de La Nariz, Desierto de Sonora y Adolfo López Mateos llegó a la ciudad. Ahora es habitual ver las caravanas de vehículos de modelos recientes y sin placas.  

Sonoyta tiene alrededor de 14 mil habitantes, hace frontera con Lukeville, Arizona y es un sitio usual para el trasiego de drogas y tráfico de indocumentados debido a los 140 kilómetros que limitan con el estado de Arizona

Julio César Ramírez, alcalde del municipio Plutarco Elías Calles, reconoció que históricamente se han realizado este tipo de actividades, aunque antes no se había visto amenazada a la población.

Para el sociólogo catedrático e investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa y Director para México de la Red ALEC (América Latina, Europa y el Caribe), Sonoyta es un corredor entre el mar y la frontera con Estados Unidos, esto hace de esta región una zona de disputa.

Sin embargo, se adhiere a los vacíos de justicia que existen en la región: educación de calidad, empleo, proyectos productivos y presidentes municipales desarrolladores de alternativas económicas.

Hoy en día parece una ciudad "fantasma", pocas personas caminan por las calles. Tienen miedo. La tensión persiste segundo a segundo.

cd

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