En centenario rito, edil se casa con 'princesa lagarto'

Este enlace significa la unión entre el hombre y la naturaleza
La llamada niña princesa, ataviada con su traje de fiesta y después de ser bautizada, recorre el pueblo bailando con los habitantes para atraer la buena fortuna (ROSELIA CHACA / EL UNIVERSAL)
02/07/2015
04:48
Roselia Chaca / Corresponsal
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San Pedro Huamelula.— La oscura piel escamosa apenas y asoma por debajo de un pequeño traje azul con tonos verdes. Las pupilas platinadas saltan de su órbita en cada movimiento. El estridente ruido del trombón, las trompetas y el acordeón obligan al reptil a retorcerse en las manos de quienes la sostienen.

Unas flores rojas de plástico en la cabeza completan el ajuar de fiesta de la princesa lagarto, esa figura tótem que representa a San Mateo del Mar, hija del reino huave, que cada año es ofrecida en matrimonio al señor principal del pueblo chontal de San Pedro Huamelula, el alcalde.

La princesa lagarto, a pesar de tener sujetadas las fauces con una cinta blanca, luce festiva y colorida, borrando toda ferocidad, “es un ser sagrado”, comenta Jaime Zárate Escamilla, cronista de la ciudad de Huamelula.

Previo a la boda, la niña princesa, como también se le conoce, es bautizada en la iglesia de San Pedro Apóstol por los ancianos principales. “Se le despojó de toda bestialidad”, explica Flor de Liz Aquino Hernández, regidora de Desarrollo Social y Ecología del ayuntamiento, responsable de conseguir el reptil, de un año y medio, en la comunidad de La Ventosa, agencia de Juchitán.

A la niña lagarto la pasean por el pueblo; baila con todos los habitantes al compás de alegres piezas musicales y es la invitada de honor que cierra las fiestas patronales de San Pedro Apóstol en Huamelula, municipio ubicado en los límites entre la Costa y el Istmo de Tehuantepec.

José Trinidad Pomposo, capitán de la comparsa de mareños y vestido con ropa de manta, es el encargado de cargar, durante todo el recorrido, a la princesa y presentar a los ciudadanos a la novia antes de la boda.

“Vengo, como es tradición en nuestro pueblo, a presentar a la princesa lagarto para que la conozcan, para que las lluvias sean benévolas con ustedes, para que ninguna enfermedad los toque, para tener buena vida y buena cosecha, para que bailen con ella”, explica solemne Trinidad Pomposo a los dueños de las casas.

En cada vivienda visitada se otorga una cooperación al grupo, que va de los 10 a los 100 pesos, después, los dueños de la vivienda cargan a la novia y bailan con ella en el patio del hogar.

Así se cumple un ritual; fraternizan con la princesa huave.

Fiesta y colorido

En el pueblo, cinco grupos de comparsas realizan danzas relacionadas con la conquista española. Los bailes y representaciones teatrales comienzan el primer día de fiesta, 23 de junio, concluyendo el día 30.

Mientras la princesa visita los hogares, los cinco grupos dancísticos; Mulyatas (mulatas) representados actualmente por homosexuales que se visten con el traje de las chontales, Muljú (negros), Pichilinguis (turcos), Guapis (huaves o mareños) y Caballeros (guardianes ), también recorren el pueblo bailando.

Después de dos horas de recorrido, la princesa regresa a la casa de los padrinos donde le quitan el vestido azul y le colocan el traje blanco de novia.

Lista para contraer nupcias con el presidente municipal, Joel Vásquez Rojas, se presenta cargada por todos los integrantes de la comitiva Guapis (mareños).

Antes de ingresar al Palacio Municipal, dos ancianos lanzan sus atarrayas a los cuatro puntos cardinales, pidiendo la bendición y el permiso para ofrecer en matrimonio a la princesa. El ritual se lleva a cabo en el interior del inmueble público frente a los miembros del Cabildo municipal, una hora de negociaciones es suficiente para acordar el lazo matrimonial.

Un beso sella la unión del edil y la princesa. Luego, el presidente municipal baila un son en la explanada, frente al pueblo, cumpliendo un año más con esta centenaria celebración.

La boda entre el lagarto y el presidente municipal es una relación simbólica entre el hombre y la naturaleza, explicó Joel Vásquez Rojas. Es además una rememoranza de la hermandad que existía entre las etnias huave y chontal, que siempre han compartido litoral en el Pacífico.

“Es un pacto para la armonización entre la naturaleza y el ser humano. Huamelula es un pueblo mágico que recrea en estas fiestas la fertilidad; pide una buena producción pesquera y agrícola. Este día se cierra el pacto con el mar, el cielo y la tierra; se espera un equilibrio, que todo se dé en su justa dimensión, sin alterar, ni destruir”, explicó el alcalde chontal.

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